ELECCIONES SIGLO XXI

  Carlos Arce Macías

 Demos por sentado que la ciudadanía, conceptualizada como el conjunto de ciudadanos conscientes de sus derechos y obligaciones, y en busca del desarrollo armónico de su comunidad, es letra muerta. Aceptemos que esa sociedad ha sido fulminada por un sistema de gobierno, al cual solo interesa la conservación del poder, sin importar nada más. Por eso, propongo que analicemos, desde este nuevo hecho, lo que ahora ocurre en nuestro país. Va.

 Algunos mexicanos, aún no entienden como el PRI pueda resultar ganador, cuando presenta un enorme lastre de tropelías, opacidad gubernamental y corrupción expansiva. Se trata de una decisión electoral francamente irracional, que no encuentra asidero lógico.

 Y esto nos parece muy raro. Pero planteo que reflexionemos y revisemos cuantas veces tomamos decisiones irracionales y equivocadas. Veamos: ¿cuántas ocasiones compramos productos que no necesitamos? ¿Por qué comemos cosas que nos dañan o continuamos fumando no obstante el conocimiento generalizado de que el cáncer acecha nuestra salud?¿Cómo seguimos creyendo ciegamente en mitos probadamente falsos? Examinemos con atención y veremos que nuestra vida está plagada de decisiones contrarias a la razón. Ante ello, no nos asombremos de que haya millones de personas votando por el PRI.


 Valorando estas curiosas contradicciones, el famoso lingüista del Instituto Tecnológico de Massachusetts, Noam Chomsky, el acérrimo critico del actual sistema capitalista, ha comentado respecto a nuestra sociedad: “el punto está en crear consumidores (votantes) desinformados que van a tomar decisiones irracionales. De eso es lo que se trata hoy en día la publicidad”. “Si puedes fabricar deseos, haz que obtener cosas que están a tu alcance sea la esencia de la vida”.

 Traducir estos conceptos a la política no es cosa sencilla, pero los avances científicos como el internet y el mapeo de conexiones cerebrales que permite el neuromarketing, pueden lograr progresos espectaculares. A través del internet operan las redes sociales, y con ellas un sinnúmero de datos individuales quedan al descubierto para los expertos en analizar grandes cantidades de datos (Big Data).

 Las campañas modernas, a partir del Brexit y luego Trump, utilizaron esta tecnología para lograr el triunfo. Primero se realiza el mapeo completo de los posibles electores, mediante paquetes de información disponible; no sin razón, se afirma que con un “like” dado en Facebook, quien obtenga nuestros datos puede conocernos; con dos, nos conocerá muy bien; y con tres, sabrá de nosotros, más que uno mismo. Luego viene la psicometría, la técnica de segmentar votantes de acuerdo a su personalidad: sincero, concienzudo, extrovertido, afable, neurótico (Modelo OCEAN). Y finalmente el targeting, la creación de mensajes especiales para cada objetivo, midiendo las reacciones neuronales para ubicar los reactivos más potentes, especialmente el miedo y la necesidad de seguridad familiar. Estas emociones anidan en el cerebro límbico, en dónde se produce la dopamina, la cual incrementa la frecuencia cardiaca y la presión arterial, impactando las conexiones motivacionales. De esta manera el votante se decide por la opción que le ofrezca la utilidad más inmediata: tarjeta rosa, tarjeta roja, compra de voto, programas asistenciales, desechando las propuestas abstractas y de largo plazo más valiosas. Lo irracional, sorprendentemente, se transforma en racionalidad pura. ¡Magia electoral!


 El PRI, para estas elecciones, contrató a una de las empresas internacionales más destacadas en el análisis de datos de potenciales electores. Aparte de sus viejos trucos, diseñó con precisión quirúrgica su campaña, y utilizó todas las maniobras necesarias para lograr el triunfo. No reparó en gastos para completar su modelo estratégico.

 Los demás partidos, especialmente el PAN, continuaron en la vieja estrategia de finales del siglo pasado, de enviar mensajes generalizados de cambio y hartazgo, que están desgastados, que ya no inspiran a los electores y solo funcionan para ciertos sectores. Acción Nacional se ha anquilosado reproduciendo, incluso, algunos formatos del PRI, como el acarreo, el regalo de chácharas y las designaciones de candidatos por dedazo; pero también padeciendo una escasez preocupante de ideas renovadoras que permitan la construcción de agendas innovadoras, que impacten y motiven a los ciudadanos. Por el momento ha perdido su llama inspiradora.

 Y por si esto no fuera suficientemente crítico, la actual dirigencia panista ha estado muy ocupada en la obtención de la candidatura presidencial de su presidente. Sospecho que esto les impidió concentrarse en el diseño de estrategias de alta sofisticación, que presentan requerimientos estadísticos y organizacionales muy complejos. Han preferido centrarse en el control político de las dirigencias locales, para intentar asegurar su éxito en la contienda interna que se aproxima. Así no se pueden ganar elecciones en el siglo XXI. Ni modo, quedarán rebasados por la competencia.


 Twitter: @carce55

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