¿ENCUESTAS?

Destacado

Carlos Arce Macías

Como un instrumento de la sociología, aparecieron hace muchos años los estudios demoscópicos. Primero recabando datos de forma desordenada y dispersa y posteriormente con metodologías muy sofisticadas. De hecho el uso de encuestas transformó a los partidos políticos. Veamos.

Contamos con el dato de que el primer sondeo de opinión se formuló por un periódico norteamericano en 1824 durante la campaña presidencial entre Andrew Jackson y John Quincy Adams, dando como ganador a Jackson, lo cual se corroboró en los comicios. Todo mundo se sorprendió.

Con la urbanización de la población, se hizo más fácil medir el “sentir” de la ciudadanía. Así en 1916 la influyente revista semanal Literary Digest, de Nueva York, se avocó a la realización de sondeos, muy importantes para indagar sobre la profundidad de la depresión económica y de las candidaturas presidenciales de esos tiempos. Poco a poco se mejoró la metodología de medición.

Durante los años treinta del pasado siglo, surge la figura de George Gallup, un periodista y estadístico que comenzó a medir audiencias de radio y televisión, así como prospectivas de intención del voto en diversas elecciones. Ya para los años sesenta el uso de las encuestas se aplicó a las campañas políticas. La primera en utilizar estos métodos fue la de John F. Kennedy. Pulsando opiniones, optimizó su campaña, dejando de presentarse en aquellos lugares que se preveía votarían contra él, para focalizar sus esfuerzos en los condados donde había votos por capturar. Así ganó la elección.

Con el tiempo, las encuestas se generalizaron hasta que en 1971, Pierre Bourdieu un destacadísimo sociólogo francés, lanzó su histórica declaración afirmando que “la opinión pública no existe”, ya que las apreciaciones de las personas sobre cualquier tópico son individuales, vastísimas y están sujetas a un sinnúmero de condiciones, resultando errático generalizarlas y atribuir los mismos significados a las diversas respuestas que pudieran existir en una pregunta cerrada. Aparte, durante el tiempo, se han amontonado muchas predicciones, basadas en escrutinios demoscópicos, totalmente errados.

Pierre Bourdieu, sociólogo

En México no era necesario el uso de estos instrumentos estadísticos, ante el poderío de un partido único, que controlaba totalmente las elecciones. Por ello, fue hasta 1988 cuando Miguel Basáñez realizó la primera encuesta independiente sobre la intención de voto en la Ciudad de México, dándole ventaja, en aquellos tiempos al candidato Cuauhtémoc Cárdenas frente a Carlos Salinas de Gortari. La respuesta a la incertidumbre de esa elección fue la caída del sistema, que operó Manuel Bartlett.

En 1994 diversos periódicos, revistas y empresas, hicieron ejercicios demoscópicos para obtener los resultados electorales de esa contienda presidencial. En aquel momento la elección se convirtió en un gran laboratorio de experimentación estadística. Ya para 2000, las encuestas estaban tan avanzadas, que Vicente Fox conoció su victoria a la una y media de la tarde del 2 de julio, de boca de su encuestador, Rafael Jiménez de la empresa ARCOP.

Los estudios de opinión llevaron a los partidos políticos a abandonar sus ideales y programas, al tener una vía para conocer con precisión los deseos de los votantes. Así, todos, se convirtieron en partidos “catch all”. La doctrina se fue de vacaciones, a cambio del pragmatismo electoral: al cliente lo que pida.

Desde los albores del siglo XXI, comenzó la moda de utilizar las encuestas para repartir, desde las partidocracias de las organizaciones políticas, sus candidaturas. Estupendo pretexto para fundamentar los dedazos. Esta práctica no ha podido ser técnicamente corroborada para los ejercicios demoscópicos, entre otras cosas por las críticas que inicialmente dirigió Pierre Bourdieu: la voluntad humana es muy frágil. Es pues dificilísimo entregar a un partido un estudio prístino, certero e indubitable que muestre que la voluntad del elector es favorable a tal o cual candidato.

El mejor ejemplo de la poca confiabilidad de las encuestas para definir candidatos es la propia elección. Una encuesta no puede substituir la voluntad de un ciudadano expresada formalmente ante la autoridad electoral en un voto. Si no fuera así, nos deberíamos de olvidar de hacer comicios para sustituirlos por un sistema de encuestas que definieran la competencia entre los partidos para designar al presidente del país, a los gobernadores, senadores, diputados o miembros de ayuntamientos.

Utilizar encuestas para definir candidaturas es una vacilada propia de un presidente locuaz, al cual, sorprendentemente, hasta sus adversarios políticos tratan de imitar. Seamos serios y elijamos en elecciones primarias, en todos los partidos a los candidatos por los cuales debamos votar. Tomemos la voluntad de los ciudadanos con seriedad y respeto, porque de otra forma, las encuestas también pueden ser utilizadas para remover gobernantes de forma práctica, rápida y sencilla, ¿o no?

Variación en el tiempo de la voluntad popular

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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VOTO HONESTO

Carlos Arce Macías

El voto debe de ser un asunto de consciencia. Solo así funciona una verdadera democracia. El 2 de julio de 2000, Rafael Giménez, el encuestólogo de la campaña, al rededor de la una y media de la tarde esparció sobre la mesa los resultados de las principales empresas encuestadoras, que arrojaban como ganador a Vicente Fox. Sorprendido por la contundencia de los porcentajes, una de las primeras frases que pudo expresar, el candidato victorioso, fue: “a partir de ahora, ningún candidato que no tenga votos tras de sí, podrá ganar una elección”. Se refería a la perversa práctica del priísmo de rellenar urnas y alterar documentación electoral, para darle el triunfo a sus candidatos. Ahora todo cambiaría, se necesitaría poseer votos contantes y sonantes.

Lo que Fox no alcanzó a ver en esos momentos, fue que el mercado de votos se inauguraba a plenitud, para la joven democracia mexicana. A partir de ese momento, la competencia por capturar los votos de los electores, se desataría, con singular entusiasmo partidista, sin tener consideración ética alguna sobre las formas de allegarse a los votantes.

Antes las campañas se hacían de forma diferente. Por ejemplo Jesús Hinojosa Tijerina, que fue alcalde de Monterrey en 1994, había desarrollado un sofisticadísimo modelo de propaganda: regalaba saleros con el logotipo del PAN. Así, -lo explicaba Chuy,- la familia entera, en el momento más íntimo de convivencia familiar, tendría delante de sí la imagen del partido político, recordando, quizás, los mensajes del populachero y simpático candidato. Mercadotecnia pura, a ínfimo precio. De risa desde la perspectiva actual.

Pero la clase política, especialmente los jóvenes incorporados a los partidos, comenzaron a idear métodos cada vez más audaces e intrusivos para condicionar el voto a favor de sus candidatos. Las campañas comenzaron con mucha anticipación, procurando capturar al elector con los programas sociales, apoyos para viviendas, entrega de tinacos, láminas, sacos de cemento, bolsas para el mandado, relojes, cachuchas, camisetas y delantales. También se han repartido mochilas, uniformes escolares, televisiones y, aunque esté comprobado mundialmente que no sirven para elevar el nivel educativo, se regalan tabletas electrónicas a los estudiantes por millares. Todo se vale, con tal de apoderarse de un mayor porcentaje del mercado de voto, superior al de sus adversarios, para ganar la elección. La voluntad se compra.

En un lugar secundario queda el campo de las ideas y las propuestas. Salvo a algunos sectores muy específicos, a pocos ciudadanos les interesan cuestiones relativas a la ideología de una organización política. Convencer, no es la actividad más importante de la operación electoral. Comprometer el voto de los ciudadanos y si es necesario comprarlo, es lo de hoy.

La degradación de la debilitada democracia mexicana, a llegado a tal punto, que la obtención de voto ha multiplicado y profundizado la corrupción  en todas direcciones. Casi nadie se salva. Y lo peor, es que la costumbre de mercantilizar el sufragio, supuestamente, convalida el peculado a las arcas públicas. Es la justificación de todos los corruptos que pululan en las administraciones gubernamentales. “Si no robo, no gano las elecciones” afirman con total descaro.

¿Cuánto se requiere para ganar una elección para Presidente de la República, comprando votos? No mucho en términos del presupuesto federal. Solo si consideramos que el famoso ramo 23 durante 2017, estaba presupuestado en 23,000 millones de pesos, y por el incremento en la recaudación acabó operando con 300,000 millones, en áreas totalmente discrecionales; es muy factible, por lo tanto, que se le haya extraído con cierta facilidad 30,000 millones. Con esto se paga la operación electoral de una red, para comprar la friolera de 10 millones de votos (a 2000 c/u) para el partido oficial. Con estos sufragios, aunados a los de su base electoral, simpatizantes y votos útiles, sumarían cerca de 20 millones, suficientes para obtener el triunfo. El PRI va por ellos.

Pero lo más lesivo para la frágil democracia mexicana, es la pérdida de la consciencia, para definir que es bueno o malo para México, mi estado o nuestro municipio, y de acuerdo a ese juicio, definir nuestra papeleta. La vida pública se ha corrompido a tal nivel mediante la compra de votos, que lo único que importa es la puja entre las diversas organizaciones partidarias, por el sufragio de los individuos más vulnerables y desvalidos de nuestra sociedad, que son los susceptibles de entregar el voto a más bajo precio. Apesta el modelo.

Ante tal situación, aquellos que somos realmente libres, tenemos la obligación de formular nuestro voto a consciencia. Entregarlo a corruptos, sería el peor de los negocios para una ciudadanía madura. Aconsejo por ello, descartar a todo candidato sobre el cual pesen signos de deshonestidad, independientemente del porcentaje de intención de voto que las encuestas les otorguen. No nos dejemos llevar por el perverso juego del voto útil. Establezcamos como prioridad el voto honesto.

@carce55

ELECCIONES SIGLO XXI

  Carlos Arce Macías

 Demos por sentado que la ciudadanía, conceptualizada como el conjunto de ciudadanos conscientes de sus derechos y obligaciones, y en busca del desarrollo armónico de su comunidad, es letra muerta. Aceptemos que esa sociedad ha sido fulminada por un sistema de gobierno, al cual solo interesa la conservación del poder, sin importar nada más. Por eso, propongo que analicemos, desde este nuevo hecho, lo que ahora ocurre en nuestro país. Va.

 Algunos mexicanos, aún no entienden como el PRI pueda resultar ganador, cuando presenta un enorme lastre de tropelías, opacidad gubernamental y corrupción expansiva. Se trata de una decisión electoral francamente irracional, que no encuentra asidero lógico.

 Y esto nos parece muy raro. Pero planteo que reflexionemos y revisemos cuantas veces tomamos decisiones irracionales y equivocadas. Veamos: ¿cuántas ocasiones compramos productos que no necesitamos? ¿Por qué comemos cosas que nos dañan o continuamos fumando no obstante el conocimiento generalizado de que el cáncer acecha nuestra salud?¿Cómo seguimos creyendo ciegamente en mitos probadamente falsos? Examinemos con atención y veremos que nuestra vida está plagada de decisiones contrarias a la razón. Ante ello, no nos asombremos de que haya millones de personas votando por el PRI.


 Valorando estas curiosas contradicciones, el famoso lingüista del Instituto Tecnológico de Massachusetts, Noam Chomsky, el acérrimo critico del actual sistema capitalista, ha comentado respecto a nuestra sociedad: “el punto está en crear consumidores (votantes) desinformados que van a tomar decisiones irracionales. De eso es lo que se trata hoy en día la publicidad”. “Si puedes fabricar deseos, haz que obtener cosas que están a tu alcance sea la esencia de la vida”.

 Traducir estos conceptos a la política no es cosa sencilla, pero los avances científicos como el internet y el mapeo de conexiones cerebrales que permite el neuromarketing, pueden lograr progresos espectaculares. A través del internet operan las redes sociales, y con ellas un sinnúmero de datos individuales quedan al descubierto para los expertos en analizar grandes cantidades de datos (Big Data).

 Las campañas modernas, a partir del Brexit y luego Trump, utilizaron esta tecnología para lograr el triunfo. Primero se realiza el mapeo completo de los posibles electores, mediante paquetes de información disponible; no sin razón, se afirma que con un “like” dado en Facebook, quien obtenga nuestros datos puede conocernos; con dos, nos conocerá muy bien; y con tres, sabrá de nosotros, más que uno mismo. Luego viene la psicometría, la técnica de segmentar votantes de acuerdo a su personalidad: sincero, concienzudo, extrovertido, afable, neurótico (Modelo OCEAN). Y finalmente el targeting, la creación de mensajes especiales para cada objetivo, midiendo las reacciones neuronales para ubicar los reactivos más potentes, especialmente el miedo y la necesidad de seguridad familiar. Estas emociones anidan en el cerebro límbico, en dónde se produce la dopamina, la cual incrementa la frecuencia cardiaca y la presión arterial, impactando las conexiones motivacionales. De esta manera el votante se decide por la opción que le ofrezca la utilidad más inmediata: tarjeta rosa, tarjeta roja, compra de voto, programas asistenciales, desechando las propuestas abstractas y de largo plazo más valiosas. Lo irracional, sorprendentemente, se transforma en racionalidad pura. ¡Magia electoral!


 El PRI, para estas elecciones, contrató a una de las empresas internacionales más destacadas en el análisis de datos de potenciales electores. Aparte de sus viejos trucos, diseñó con precisión quirúrgica su campaña, y utilizó todas las maniobras necesarias para lograr el triunfo. No reparó en gastos para completar su modelo estratégico.

 Los demás partidos, especialmente el PAN, continuaron en la vieja estrategia de finales del siglo pasado, de enviar mensajes generalizados de cambio y hartazgo, que están desgastados, que ya no inspiran a los electores y solo funcionan para ciertos sectores. Acción Nacional se ha anquilosado reproduciendo, incluso, algunos formatos del PRI, como el acarreo, el regalo de chácharas y las designaciones de candidatos por dedazo; pero también padeciendo una escasez preocupante de ideas renovadoras que permitan la construcción de agendas innovadoras, que impacten y motiven a los ciudadanos. Por el momento ha perdido su llama inspiradora.

 Y por si esto no fuera suficientemente crítico, la actual dirigencia panista ha estado muy ocupada en la obtención de la candidatura presidencial de su presidente. Sospecho que esto les impidió concentrarse en el diseño de estrategias de alta sofisticación, que presentan requerimientos estadísticos y organizacionales muy complejos. Han preferido centrarse en el control político de las dirigencias locales, para intentar asegurar su éxito en la contienda interna que se aproxima. Así no se pueden ganar elecciones en el siglo XXI. Ni modo, quedarán rebasados por la competencia.


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CORRAL, EL VERDADERO PAN

CORRAL, EL VERDADERO PAN

Carlos Arce Macías

El pasado 5 de junio, se produjo un parteaguas en el sistema político mexicano. En doce estados de la república, los mexicanos salieron a votar, y decidieron despojar al PRI de importantes bastiones. Perdió siete gubernaturas y decenas de diputaciones y municipios importantes. El ganador indiscutible fue el PAN, que se posiciona como serio retador para el arrebatarle al tricolor la Presidencia de la República en 2018.

Pero los datos triunfales son traicioneros. En tres estados ganó en coalición con el PRD. Varios de sus candidatos son advenedizos que han manifestado con hechos, conductas ajenas a la práctica y doctrina panista. No son consistentes doctrinariamente y su lealtad es frágil, por decir lo menos. Uno es adquisición de última hora y no se le pueden exigir demasiados compromisos.

Entre todas esas candidaturas, destaca una, la de Javier Corral Jurado, que disputó la elección a gobernador de Chihuahua. La ganó contra todos los pronósticos de las casas encuestadoras, compradas desde el gobierno estatal, que cucharearon a contentillo los porcentajes para tratar de producir un ambiente de desgano y desesperanza en los electores. Televisa y Azteca, las dos poderosas televisoras, lo desaparecieron del mapa, pues desde el legislativo se convirtió en su más asiduo crítico y frenó con rudeza muchas intentonas del duopolio para obtener más privilegios y evitar cualquier competencia en “su mercado”. Con un uso intensivo y eficiente de las redes digitales, y con cierta apertura de medios locales, pudo esparcir sus postulados y propuestas entre los electores. Es el heredero del verdadero PAN, de ese que se rebela a que los mexicanos vivamos en la mediocridad de un mal gobierno.

Corral no es un político común, se cocina aparte. Parlamentario de cepa, tendrá ante sí un reto inigualable: convertirse en ejecutivo. La disciplina, el orden, el trabajo en equipo, es algo que no se requiere como atributo fundamental en las actividades legislativas. Enfrentarse a la razón de Estado, a la lógica implacable del poder y a los laberintos normativos, no será cosa sencilla, menos en un ambiente de ruina administrativa, en la que el priísta Duarte deja sumido a su estado.

Pero el triunfante candidato, posee una condición que florece en la vida parlamentaria y no en la aridez de los escritorios burocráticos: la palabra. Será muy importante ver como la usa, desde una nueva trinchera, para comunicarse con los ciudadanos. La tribuna se le da, ahora deberá llenar su discurso de ideas fértiles, no solo para los retos políticos, sino también para los administrativos. Espero salga avante, porque inteligencia no le falta.

Por lo pronto, en sendos discursos ante los chihuahuenses, y delante de los líderes de su partido y los demás candidatos electos; sus frases esbozaron el reto de los panistas frente a los resultados de la elección: la construcción de una alianza con los ciudadanos y la edificación de un gobierno solidario, avocado a ayudar a los que menos, tienen, pueden y saben.

El panismo antes del 2000 construyó ciertas capacidades administrativas a través de gobernar grandes ciudades mexicanas. Su experiencia en gobiernos estatales, ha sido escasa y no siempre se han podido sostener, salvo los casos de Baja California y Guanajuato. Jalisco, se convirtió en el peor desastre en la elección de 2012, y en la Ciudad de México la influencia confesional de algunos grupos de extrema derecha, lo han enviado a una posición marginal. Hoy Acción Nacional, gobernará más estados, que nunca antes. Es la base para reconquistar la presidencia.

Con rumbo al 2018, sobre todo para la próxima batalla que se dará en el estado de México, el PAN deberá idear un nuevo modelo de gobierno. No puede seguir ofreciendo más de lo mismo. La propuesta que inspiró la campaña de Javier Corral apunta a ello. Sin abandonar la construcción de un capitalismo funcional, deberá escorar hacia la construcción de políticas públicas eficaces para ayudar a los ciudadanos más vulnerables. Tratar de asegurar comida, vestido y techo a cuantos más se pueda. Hoy se sabe del trato discriminatorio en la ejecución de programas sociales, su opacidad, la rapiña, el clientelismo y su ineficacia. Ya se estuvo en posiciones donde se pudo hacer mucho, y el PAN poco logró. Hay que intentarlo de nuevo con seriedad y desterrando el populismo corrupto y electorero.

La congruencia política, pero a la vez la apertura a diversos actores sociales, como lo hizo Corral en Chihuahua, es otra ruta que deberá utilizar un partido que de verdad quiera obtener el voto de los ciudadanos. La alianza moral con la sociedad que desde Chihuahua se plantea, es el compromiso para construir gobiernos transparentes, que rindan cuentas y castiguen a los corruptos, pase lo que pase… aún a costa de perder la siguiente elección.

También se trata de formar verdaderos gobierno republicanos, en donde la separación de poderes funcione, evitando la docilidad de los diputados, incluso los del mismo partido, y la manipulación en el nombramiento de magistrados para intentar controlar al poder judicial. Hay que echar a andar la maquinaria de buenos gobiernos, que comienza con estas fórmulas. Es un desafío a mediano plazo, que hay que enfrentar con prontitud.

Seguir al gobernador Corral en su aventura ejecutiva, será una apasionante observación. Sus detractores dentro del propio PAN y del sistema, estarán atentos para festinar y amplificar cualquier derrapón. Las televisoras, sin dineros provenientes de las arcas chihuahuenses, no perderán oportunidad de crítica. Pero el político norteño y el grupo de inquietos rebeldes que lo acompañan, estarán listos para la batalla. Por lo pronto, ya fijó el rumbo.

*Artículo publicado en el periódico AM de León el 19/06/16

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