Acerca de Carlos Arce Macías

Político, funcionario, académico y guanajuatense de corazón. He asumido retos que cambiaron cosas importantes en México. Por eso, ahora estoy contento.

MARXISMO TROPICAL

Carlos Arce Macías

 

¿No encuentra la clave de cómo funciona el cerebro del nuevo presidente de los mexicanos? Hay que buscar, siguiendo a Ortega y Gasset, en su circunstancia, en sus vivencias. Consideramos, que como lo ha explicado Jorge Castañeda en su más reciente editorial, la formación marxista que se enseñó en la Universidad Autónoma de México en los años setentas del siglo pasado, fue determinante para la construcción de los patrones imaginarios, con que López Obrador intenta interpretar la realidad. Se trata de una combinación de priísmo setentero, con el marxismo que se enseñaba en las universidades en aquellas épocas. De ahí abrevó nuestro maestro mañanero.

 

Él es un líder social. Ha desarrollado talentos comunicacionales con las masas, con el pueblo, al cual alude, siempre que requiere apoyo. Conoce bien la ecuación del populismo: carisma, promesas fáciles de entender y la generación de apoyos incondicionales. Nada nuevo bajo el sol.

 

Como buen marxista, uno de sus métodos es la división fundamentada en la lucha de clases y la Teoría de la Explotación. Por eso todas las mañanas nos despertamos con una nueva malquerencia; se trata de dividir y separar a la sociedad entre buenos y malos. No hay medias tintas. Lacerar e insertar epítetos a sus antagonistas se ha convertido en el deporte favorito del presidente.

 

Sus convicciones respecto a PEMEX y la CFE, como empresas paraestatales (ya no lo son jurídicamente), solo encuentran acomodo en la tesis de los seguidores del prócer del comunismo. Se trata del principio de Apropiación de los Medios de Producción. La necesidad de controlar, por lo pronto, las mayores empresas de México, a fin de obtener el manejo de áreas substanciales de la economía del país.

 

Su pugna por manipular salarios con base en la llamada Teoría de Salarios, responde a un postulado ideológico fundamental, planteado por Marx. Se trata de la explicación sobre la explotación del proletariado y su de pauperización , por parte de la burguesía abominable (neo profiristas, neoliberales, mafia del poder y conservadores). Los grupos empresariales apoyaron la proposición inicial. Ahora están cercados por demandas laborales, especialmente en la frontera norte, y los sindicatos filo-morenistas están al acecho. Les abrieron la puerta.

 

Como bien lo comprobaron Lenin y Stalin, Andrés Manuel conoce la Ley de Hierro de la Oligarquía. Sabe que si su plan fructifica, acabará conformándose una clase burocrática privilegiada, conformada por funcionarios y comisarios incondicionales, que resistirán, por todos los medios, cualquier posibilidad de cambio de rumbo del gobierno. Si es necesario, a fin de hacer prevalecer las ideas que lo llevaron al poder, se combatirá al propio pueblo, si es necesario. La revolución exige sacrificios y purgas. Ahora lo vemos en Venezuela.

También habrá que tolerar a los ingenuos que se adhieren al Movimiento. Los partidos políticos son resabios burgueses. Habrá que utilizar aquellos liderazgos que de buena fe se han incorporado al programa de Morena. Existe una definición para ellos, propuesta por Lenin: tontos útiles. ¿Alguién ha ubicado últimamente a Poncho Romo? ¿Qué destino le espera a Tatiana Clouthier? ¿Cuánto trajín aguantará Doña Olga Sánchez Cordero?

 

La ruta está trazada. No entienden, los que se niegan a verlo. Las piezas embonan perfectamente. Su interpretación de la realidad transita por el modelo cubano. A la manera de Fidel, el pregonero del alba, urde largas peroratas para explicarle al pueblo que será de la nación, como la conducirá, y por qué el panorama económico se complica cada día frente al estoico heroísmo revolucionario. Desde diciembre del 2018, México opera bajo una ficción decimonónica, que ha comprobado su fracaso en cuanto experimento social se haya llevado a cabo: Rusia, China, Vietnam, Camboya, Corea del Norte, Venezuela y Cuba. No han dado una.

 

En México ya ha habido pruebas para imponer experiencias similares que han acabado en desastres monumentales. Comenzó con Lázaro Cárdenas, al cual el intento le costó una sucesión derechista y el abandono total del socialismo. El tesón izquierdista de Echeverría concluyó con una brutal crisis económica, mientras afirmaba: “La economía se maneja desde Los Pinos. En tanto, el voluntarismo de López Portillo significó el hundimiento de la nave nacional. La administración de la abundancia se esfumó, solo quedaron ruinas.

 

Hoy, este nuevo populismo amenazante debe de ser combatido con la razón. El marxismo no es capaz de explicar y solucionar los problemas del siglo XXI. Sus supuestos teóricos han sido rebatidos y descalificados por datos que comprueban sus errores conceptuales.

 

El Siglo de las Luces, como lo aconseja el psicólogo experimental y científico cognitivo de Harvard, Steven Pinker , es la respuesta de la humanidad a sus problemas, es la base del florecimiento de nuestra civilización. Es la apuesta por la razón y la ciencia. Es lo que ha deshecho a la izquierda fatalista y falaz, generadora de estupideces. Bajo el reinado de la razón y la ciencia, como lo afirma Pinker: combinamos ideas, nos hacemos más solidarios, se multiplican nuestras facultades racionales, obtenemos libertad para desatar nuestra curiosidad intelectual, establecemos métodos de debate abierto,  somos capaces de actuar con escepticismo frente a la autoridad y el dogma, asumiendo la necesidad de que se pruebe fehacientemente, que las ideas sustentadas realmente coincidan con la realidad, que no sean un timo, como en el caso del marxismo.

 

Es por eso, que frente a la irracionalidad de las ocurrencias de una mente conformada por ideas caducas, el ataque directo se hace en contra de los centros neurálgicos del pensamiento crítico: centros de investigación y universidades. En Camboya, por ejemplo, los violentos marxistas ordenaron romper los lentes de los ciudadanos para que no pudiesen leer. La razón, finalmente, mata las quimeras de los profetas, al exigirles probanza. Por eso el virulento ataque que se ha montado en contra del sistema de ciencia, tecnología e innovación del país. Es esta estrategia violenta, lo que explica la expulsión del gobierno de cuanto técnico se identifique en un puesto. Odian la estadística, los datos, los planes, las pruebas y el análisis. Apuestan solo por su anacrónica ideología.

 

Se pretende imponer así, la ficción y la charlatanería. Los marxistas supersticiosos creen que las condiciones de 1848, año de publicación del famoso Manifiesto Comunista de Marx y Engels, pueden ser replicadas en el México de 2018.

 

Vienen las primeras batallas de la razón frente a las fábulas mañaneras. Pero hay que guerrear inteligentemente, porque como lo afirmaba el agudo filósofo de la Ilustración, Francois Marie Arouet, mejor conocido como Voltaire: “Es peligroso tener la razón, cuando el gobierno está equivocado”.

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IMAGINEMOS

Carlos Arce Macías

 

 Si el gobernador de Guanajuato, Diego Sinhué Rodríguez Vallejo persiste en su afán de entronizar a Carlos Zamarripa como Fiscal General del estado, habrá acabado anticipadamente con su gobierno y con el PAN como primera fuerza estatal. Llamo a sus consejeros áulicos a intervenir para evitar esa torpeza monumental, y aconsejarle que desista de la suicida empresa.

 

El nombramiento de Zamarripa es hoy, la pieza clave de la política estatal. Innecesariamente, el joven gobernador, transitó despreocupadamente hacia un callejón sin salida. Ensoberbecido, quizás, por la victoria, sabiéndose al igual que López Obrador, dueño de una mayoría parlamentaria, decidió cumplir las promesas de designación. Me refiero claro, no a la promesas de campaña, sino a las que se comprometió con su solitario elector. Recordemos que no hubo proceso de selección interno y todo quedó decidido a dedo.

 

Ahora el Ejecutivo está sitiado, y con él su partido, sus alcaldes y sus diputados. Nada más angustiante en estos momentos, salvo quien tenga piel muy gruesa y sea presa del descaro total, que ser diputado estatal del PAN, y tener que votar por consigna una designación aberrante. Los compadezco, especialmente a algunas parlamentarias que me parecen juiciosas e inteligentes, y que serían merecedoras de mejor destino.

 

Acción Nacional se ha quedado solo. Los partidos políticos que pudieran ser sus aliados, saben del enorme costo que acarreará el próximo nombramiento en términos electorales. Los grupos empresariales, tanto CCE como COPARMEX, han descalificado, de plano, al candidato a  fiscal. Hay alcaldes de importantes ciudades, claramente molestos con la designación. Los medios estatales más influyentes entienden lo que se juega en esta mano, y no respaldan la voluntad gubernamental. Diego está solo.

 

Supongamos que ya se hubiese realizado la nominación. La lectura del hecho sería avasalladora: Sinhué no gobierna Guanajuato, el estado se ha convertido en una suerte de maximato al estilo de Plutarco Elías Calles. Recordemos el sonoro verso de aquella época: “Aquí vive el presidente, pero el que manda vive enfrente”. Esto, en las condiciones políticas actuales, significa la entrega del estado a Morena en la próxima elección. Así de claro. Porque ya no habrá un verdadero gobernador.

 

Profundicemos más. Si Zamarripa es el hombre del ex gobernador, si va a ser autónomo, si su periodo rebasará la gestión de Rodríguez Vallejo, si este gastó todo su magro capital político en posicionarlo como Fiscal, luego: ¿quién será el hombre fuerte de Guanajuato? La respuesta es obvia: el de enfrente, y su personero el Fiscal. El gobernador quedará en el tercer nivel jerárquico.

 

Ataquemos ahora el historial que deja tras de sí Zamarripa. Aceptando el apoderamiento por las bandas huachicoleras, de las zonas y ciudades  estratégicas del robo de combustible, en las narices del actual procurador, debemos también enlistar los sucesos de violación de derechos humanos e intento de encubrimientos de policías, que ha enumerado minuciosamente el periodista Arnoldo Cuéllar, en un video que ha causado estupor entre muchos guanajuatenses, para rematar en la improcedencia absoluta del nombramiento. 

 

Pero también enfrentamos un problema de tipo político muy grave. Al carecer de un verdadero fiscal autónomo decidido a combatir la corrupción, el gobierno de Guanajuato no se modernizará, continuará con sus viejas corruptelas, permitiendo el desvío de recursos públicos para intentar ganar elecciones. Exactamente lo que los mexicanos han reprobado en la última elección, en lo que se ha denominado peyorativamente como el PRIAN. Para funcionar dentro de ese esquema fueron muy eficaces los últimos dos ex gobernadores, resaltando el obsecuente trato que durante el último sexenio se le otorgó al corrupto de Enrique Peña Nieto. En ese gobierno federal, el último ex gobernador encontró su zona de confort, mientras un gallo irapuatense cantaba su potente quiquiriquí.

 

Una fiscalía que sirva, es una pieza fundamental para lograr la evolución de la administración pública estatal, porque la condiciona a cambiar, innovarse y a actuar con honestidad. Solo así se rompe el pacto de impunidad, que es el mecanismo perverso que nos ha conducido al populismo ramplón. Si los corruptos acaban encarcelados, el gobierno mejorará sin necesidad de transitar por las brechas populistas que hoy amargan nuestras mañanas.

 

Piensen, si este procurador guanajuatense, hoy futuro fiscal, hubiese actuado con probidad y celo profesional en enero de 2012, hubiera cambiado el rumbo de la historia para el PAN y quizás para México. Como un perro de caza en busca de delincuentes, al escuchar el audio presentado por el periódico AM, en el que el ingenuo alcalde celayense consultaba con parte de su cabildo sobre el “moche” que deberían de entregar a los conspicuos diputados federales que les habían “bajado recursos” (ya sabemos de quién se trataba), debería haber abierto, de inmediato,  una investigación sobre esos hechos, que habría descubierto los trafiques que desde la LXII Legislatura Federal se llevaban a cabo en todo el territorio nacional, pero especialmente con los municipios de Guanajuato. Los dirigentes panistas y priístas hubieran quedado al desnudo, y el PRIAN no se habría consolidado. Anaya estaría liquidado y San Miguel de Allende tendría otro alcalde que no intentara hacer negocio con los parquímetros. ¿Ven por qué es importante un buen fiscal y el cambio que significaría para la salud del gobierno?

 

Pero demos un vuelco al editorial. Imaginemos lo bonito que sería, que de pronto, el gobernador dejara atrás las acechanzas y temores que lo acosan, y decidiera gobernar el estado y retirar la postulación de Zamarripa, para entregar el puesto de fiscal a un hombre justo y competente. Todo a solicitud de sus propios diputados, que se resistieran, como dilectos representantes de los guanajuatenses, a procesar el requerimiento del Ejecutivo. Imaginemos entonces como, de un plumazo, tendríamos un Congreso digno y un gobernador acotado, dispuesto a ceñirse a las disposiciones constitucionales. Los principios republicanos, comenzarían a funcionar.

 

También soñemos con que el nuevo fiscal recibiera regularmente denuncias basadas en los resultados de auditorías técnicamente sustentadas, que evitarían los gobiernos-botín que sangran, impunemente,  a los municipios. Los primeros miembros del ayuntamiento sujetos a proceso, servirán de ejemplo para evitar la rapiña de los malos servidores públicos. 

 

Imaginemos un Poder Judicial que procesa, sin importar el rango político, a los acusados de peculado, tráfico de influencias y abuso de autoridad, pulverizando el “pacto de impunidad”. Veríamos gobiernos que retomen sus más nobles ideales y principios, convirtiendo en una realidad el bien común. Atrevámonos a imaginar un gobierno que hace las cosas bien.

 

Ojalá Diego sea valiente y lo intente. Tic, tac…

@carce55

 

 

CREER O PENSAR

 Carlos Arce Macías

 

Tomemos conciencia de cómo, cuando nos expresamos, normalmente utilizamos el verbo creer, en lugar de la palabra pensar. Creer es, según el Diccionario de la Lengua Española: tener algo por cierto sin conocerlo de manera directa o sin que esté comprobado o demostrado. Por su parte, pensar significa: formar o combinar ideas o juicios en la mente.

 

Nuestras sociedades latinoamericanas, surgieron desde la época colonial, bajo la influencia de la contra reforma. Expliquémoslo, se trata del momento histórico en el que España y sus colonias reaccionan en contra de la Reforma, iniciada por Martín Lutero, que finalmente tendría consecuencias extraordinarias para el avance de la civilización. Se trata de un “up grade” al catolicismo tradicional, diluido por la corrupción clerical, los intereses imperiales y la monetización de la religión con base en la pasmosa venta de indulgencias. Una parte muy importante de los países sajones, se adhirieron a esta nueva forma de vivir el cristianismo, afiliándose al movimiento reformista, durante los siglos XVI y XVII. A partir de la aceptación de la relación directa con Dios a través de la lectura de las Escrituras, se logra introducir la libertad de pensamiento, que luego condujo al pensamiento científico y a la utilización de su metodología. 

 

A esos cambios radicales de forma de vivir y creer entre los europeos, España respondió afianzando las creencias dogmáticas del catolicismo tradicional, repensadas desde el Concilio de Trento. Surge así un brazo religioso muy potente, con la creación de La Compañía de Jesús, los famosos jesuitas, con la misión de defender a toda costa su religión. El dogma poseyó, desde entonces, a los católicos, mientras que, en contraste, la libertad de pensamiento se fincó entre los protestantes.

 

La Reforma fue el fermento de la resistencia y los ataques al absolutismo con que se conducían muchas monarquías de esa época. Comenzó con la “Revolución Gloriosa” en Inglaterra en 1688, derrocando a Jacobo II, en tanto en Francia y España el absolutismo equiparaba al rey con el sol, aliados siempre con el papado, que terminó decretándose, modestamente, infalible.

 

La Nueva España se consolidó como un virreinato hermético a cualquier idea extravagante que no sintonizara con el catolicismo contra reformista. La inquisición llevó a cabo su función con esmero y eficiencia. La Iglesia se convirtió así en el cimiento de la sociedad novohispana, y posteriormente, luego de la independencia, de México. Su base religiosa y social ha sido el guadalupanismo, que nos ha guiado a sustentar la nacionalidad de todo un pueblo en una leyenda que se cree cierta. Este es el mejor ejemplo de la interiorización de la contra reforma, en la vida mexicana.

 

Por eso el latinoamericano común y más el mexicano,  cree, repito, cree en milagros inverosímiles, desde una mente troquelada para creer. No ha aprendido a desarrollar el método cartesiano de la duda, ni el pensamiento científico de Galileo Galilei , Johannes Kepler y Baruch Spinoza. La contra reforma resultó profundísima y la práctica de la doctrina y sujeción al dogma, cumplieron a plenitud su función de instaurar la creencia como principio básico de nuestra sociedad.

 

Así fue como los mexicanos acabamos creyendo a pie juntillas lo que se nos instruía disciplinadamente en el catecismo obligatorio; entre tanto las sociedades sajonas, construidas en los moldes de la Reforma, aprendían obligatoriamente a leer, para poder revisar directamente La Biblia. Mientras la sociedad hispanoamericana escuchaba la vida de los santos, los protestantes buscaban la lectura de los científicos y filósofos del Siglo de las Luces, como David Hume, Emmanuel Kant, Isaac Newton, Jean Jaques Rousseau y los sarcásticos escritos de Voltaire.

 

Dentro de la cultura occidental, los sajones pensaban, mientras que los latinos continuaban inmersos en la creencia. De allí viene la diferencia cultural entre las sociedades del pensar, en oposición con las del creer. Estos factores también contribuyen a explicar la diferencia entre el desarrollo de una y otra sociedad, unos se internaron apasionadamente en la Edad de la Razón (Thomas Paine 1794), en tanto que los otros continuaron uncidos a las creencias institucionalizadas durante el Siglo III por Constantino. Una pequeña diferencia de 1700 años terminó separándolas.

 

Luego de este rápido repaso histórico, que espero se excuse su generalización, y por lo tanto la abreviación de detalles y matices; cedamos el paso a los argumentos que nos den la pauta para comprender a plenitud el trayecto histórico y el arribo al espacio político que deseamos analizar: la preeminencia de la creencia sobre el pensamiento. 

 

Entendiendo que los mexicanos creemos más que pensamos, no nos disturbe pues, que el populismo haya penetrado a nuestra sociedad como cuchillo en mantequilla. No estamos acostumbrados a dudar. Nos han habituado a creer, incluso, en las más disparatadas aberraciones. Nuestro pueblo está domesticado para aceptar promesas seductoras como ciertas, sin estar demostradas. Basta el carisma personal de un político tozudo y audaz para vender esperanzas al mayoreo, que conduzcan mansamente al pueblo, a las garras populistas.

 

Solo así se explica que un político pueda prometer la transformación de toda una sociedad a la honestidad plena, al día siguiente de tomar posesión, y que el pueblo lo crea, votando ciegamente por él. Entendámoslo, no se trata solo de una promesa, es la certidumbre en los milagros, que ha sido cultivada por cientos de años entre nuestra sociedad. Es la aparición mesiánica y milagrosa de un personaje que transformará todo el entorno nacional. Es la certidumbre en una milagrería milenaria, que obnubila la mente, destierra la duda y elimina el hambre por la verdad.

 

Propongo un sencillo ejercicio para erradicar la carencia de certeza en las largas peroratas de nuestros políticos. Tomen nota, hay una trampa semántica muy perniciosa en todo esto. Identifíquenla. Traten, cuando digan “yo creo” en sustituir por “yo pienso” la idea que se intenta argumentar. Verán que el cerebro comenzará a responder, combinando ideas y juicios. El cerebro se verá obligado a activar la zona del neo córtex y sus conexiones neuronales más avanzadas, para confeccionar juicios y razones que conduzcan a la verdad. 

Un país que piensa, no puede ser engañado fácilmente. Un pueblo que impone a su cerebro la práctica de pensar, antes que creer, encontrará nuevos caminos de desarrollo y la construcción de mejores gobiernos. La verdad es el antídoto del populismo. Solo así dejaremos de creerles a los mentirosos.

 

 

MENTIRA

Carlos Arce Macías

 

“Es más fácil engañar a la gente, que

convencerlos de que han sido engañados”

                                                           Mark Twain

 

 

Mentira, es decir o manifestar lo contrario de lo que se sabe, se piensa o se siente. Pero también es una cosa que no es verdad,  según el Diccionario de la Lengua Española. Por eso, los políticos que hablan mucho deben de ser cuidadosos y sustraerse a los engaños e imprecisiones. Sus colaboradores deben estar atentos y concentrados en no dar oportunidad a la mentira en los discursos de su jefe.

 

Sin embargo no es el caso del recién estrenado presidente de México, López Obrador, ya que a sabiendas de su propensión a lanzar calificativos amenazantes y argumentos hirientes todas las mañanas contra sus molinos de viento predilectos, como la mafia del poder, los neoliberales y la minoría rapaz, está siendo engañado por algunos de sus más cercanos colaboradores, colocándolo, por negligencia, en una posición de vulnerabilidad peligrosa, sin importar de que sus palabras no se correspondan con la verdad.

Así, en pocos días de gobierno, el presidente se ha visto expuesto a la mentira de forma grosera. Seguro es culpa de funcionarios irresponsables y poco éticos que lo han conducido a situaciones comprometedoras. Expongo solo el caso del desabasto de combustibles y sus fatídicas consecuencias.

 

Se ha dicho que en política solo existe un error, el primero, y lo demás son consecuencias. Revisemos entonces el primer error y su estela de equívocos que le han escriturado sus funcionarios al presidente. Ya sabemos que el origen del desabasto de combustibles fue la suspensión de compra de energéticos a Estados Unidos. Causado por la impericia y la ideología nacionalista de los nuevos funcionarios, se tomaron decisiones absurdas, cancelando la compra de petróleo crudo ligero, que no produce México, necesario para poder procesar los aceites pesados mexicanos. A ello hay que sumar la intentona de renegociar los precios de las gasolinas en Houston, que dejó vacíos los tanques de almacenamiento y secos los ductos, en la temporada de más alto consumo, durante el regreso de vacaciones. Pura ignorancia y torpeza.

 

Conjuntamente a este primer error, los nóveles funcionarios decidieron iniciar, en el momento más crítico, el mantenimiento de la refinería de Salamanca. Ordenaron el paro de una de una planta catalítica, aparte de frenar la adquisición del éter MTBE necesario para elevar el octanaje de las gasolinas. Así Salamanca acabó inactiva cuando más se requería su producción. Agudizaron, de golpe, la escasez. 

 

Siguiente consecuencia. El grave desabasto activó la alarma en el gobierno federal, lo que motivó a los nuevos funcionarios a buscar un justificación convincente para subsanar su costoso error. Así convencieron al presidente de que la causa del problema era el huachicol, Los inconscientes burócratas, condujeron entonces al Ejecutivo, a declararle la guerra al huachicol, en festiva y decida lucha en contra de la corrupción. Curiosamente, el único paraje mexicano libre de esa intervención militar y policiaca ha sido la zona poblana, la más próspera en el robo de gasolinas en el ducto entre Minatitlán y Puebla. Los colaboradores de Andrés Manuel, insensatos, lo han mantenido en la mentira, sin mayor recato.

 

Luego vino otra consecuencia del error inicial, el desabasto brutal, especialmente, y para mala fortuna, en los estados contrarios a López Obrador y su partido, Jalisco, Guanajuato, Aguascalientes y Querétaro. Así llevan 26 días con solo algunos litros de gasolina por vehículo. Las pérdidas para la economía regional ya son incalculables.

 

No contentos con involucrar a su jefe en un pretexto insuficiente para encubrir sus yerros, llega otra consecuencia. Con absoluto descaro, mal informan a López Oberador para atacar de frente y agresivamente al periódico Wall Street Journal, acusándolo de publicar “voladas”. Esto en referencia a un artículo en que consignaba, con las estadísticas comerciales americanas, la disminución de compras de combustibles del gobierno mexicano durante los últimos meses. Al final provocaron el ridículo de su jefe ante la prensa internacional. La verdad quedó al desnudo: no compraron suficiente combustible.

 

Pero son perseverantes y han seguido jalando la hebra de la mentira, y esta acabó tronándose en la parte más delgada y dramática. La pasada semana se produjo una enorme explosión en el estado de Hidalgo, matando a más de 100 personas e innumerables heridos y desaparecidos, que se encontraban sustrayendo alegremente gasolina robada, de un ducto. El ejército, responsable de la operación de resguardo, ahora está metido en serios problemas. Una consecuencia deplorable.

 

Pero la historia no  para aquí, y continúan las terribles secuelas del hecho inicial. Se trata de un locuaz plan de sustitución de transporte de combustibles, que remplazará el uso de ductos por el de pipas. Ya media docena de conspicuos secretarios de estado, se trasladaron a los Estados Unidos en busca de transportes de líquidos, no obstante de que los remolques se producen en nuestro país. La adquisición se ha realizado sin licitación de por medio, en clara violación a la Constitución. Se advierten problemas legales a la vista.

 

Y por si todo esto fuera poco, acicateado por sus ayudantes, López Obrador decide abrir fuego en contra del ex presidente Vicente Fox, acusándolo de encubrir el hurto y trasiego de gasolinas. El huachicoleo en tiempos del ex presidente, ni siquiera correspondía a lo que hoy se califica como tal. El huachicol, originalmente, era la compra de gasolina de tráileres, para mezclarla con aceites vegetales y aceite automotriz quemado. Así el chofer desleal reponía la gasolina con un combustible de pésima calidad, ganando 500 o 600 pesos extra por viaje. 

 

El presidente López se ha dado un tiro en el pié. Nadie le advirtió al enjundioso Ejecutivo que dos de sus más encumbrados funcionarios, estarían involucrados directamente en la acusación contra el ex presidente: la secretaria Olga Sánchez Cordero, entonces ministra de la Suprema Corte de Justicia y Alejandro Gertz Manero, actual Fiscal General, y en aquél entonces secretario de Seguridad del presidente Fox.

 

Las tomas clandestinas durante 2006 tan solo llegaron a 220 en todo el país, en tanto que en el sexenio del corrupto Peña Nieto, cerró su gestión con 12,589 tomas. Es el verdadero responsable del actual desastre, pero ya ha sido perdonado por López.

 

Durante el gobierno de Fox se implementaron varias acciones contra la sustracción ilegal de hidrocarburos: el sistema scada para medir presión de ductos, vigilancia aérea, patines de medición en línea, corrida de “diablo” para medir espesores de ductos, sistemas de monitoreo y control de terminales de almacenamiento, rastreo satelital de auto tanques, laboratorios móviles y control de dispensarios en estaciones de servicios. 

 

Gran parte de los mecanismos con que hoy se combate el robo dentro y fuera de PEMEX, tienen su origen en la administración foxista. López Obrador, basado en falsedades, injustamente acusa a Vicente Fox. Ahora al ex presidente le tocará evidenciar la mentira descarada que ha producido consecuencias nefastas sobre muchos mexicanos. Como afirma nuestro presidente, hay que portarse bien y no mentir.

 

ALAS ROTAS

Carlos Arce Macías

 

En estas horas de crisis, en las que la narrativa publicitada todas las mañanas por el presidente López Obrador se ha impuesto en la sociedad, sus detractores no encuentran explicación a la reacción de un gran segmento de la población, decidida a respaldar las acciones del actual gobierno, a cualquier costo y tiempo necesarios.

 

El aumento súbito de los precios del combustible denominado gasolinazo, fue la estaca en el corazón, que liquidó al PRI en las pasadas elecciones. El partido del gobierno no levantó cabeza desde entonces. La herida fue mortal. No se entiende, entonces, como un fenómeno de desabasto de gasolinas, no signifique la caída abrupta de la popularidad de AMLO. La anomalía debería significar el temprano fin de la luna de miel del actual gobierno. Con la furia desatada, el enojo y reclamo, deberían estar a flor de piel. Pero eso no ha pasado. El presidente ha podido llevar su narrativa a donde le conviene, precisamente al espacio social, en el que su discurso y simbología penetra, convence y genera respaldo: la lucha contra corrupción política que ha consumido a la nación.

 

Se debe de comprender, que el acicate del cambio producido en las elecciones federales de 2018, fue el hartazgo ciudadano por la corrupción descarada y galopante, acumulada por los gobiernos de la transición, bautizados por Obrador como el PRIAN. No obstante que se presentan diferencias significativas entre cada sexenio, destacando el reciente pillaje llevado a cabo por los grupos priístas encabezados por el propio ex presidente Peña Nieto; todos acabaron revueltos en la misma categoría, por una audaz maniobra de comunicación política, implementada minuciosamente por López Obrador.

 

Especialmente el panismo, no quiso entender la necesidad de desmarcarse del infausto calificativo de PRIAN. El regazo que durante gran parte del sexenio le concedió Peña, fue tibio y mullido. El PAN, conducido por un grupo de nuevos liderazgos, formados al abrigo del poder, tomó una posición acomodaticia y proclive a negociaciones que significaran dividendos personales para sus dirigencias. La política se convirtió en un simple juego de equilibrios internos y distribución de beneficios entre los grupos adueñados de la franquicia.

 

El colmo, se dio con el escándalo de los “moches”. La criminal distorsión en el Poder Legislativo, originada al adjudicar, bajo la complacencia priísta, una millonada de pesos entre los legisladores para “bajar recursos para sus distritos”, lo que convirtió al Congreso en un chiquero. El escándalo de la corrupción institucionalizada, nunca fue combatido en el ámbito interno del partido, contraviniendo el principio de honestidad marcado por su fundador, Manuel Gómez Morín. La podredumbre se prohijó y tolero sin el mayor rubor. Por ello, y por la fractura interna provocada por la ambición personal y la carencia de generosidad ante la candidatura presidencial, Acción Nacional decidió blandir el puñal ritual japonés, para realizarse el hara-kiri. Suicidio político.

 

El tigre acechante olfateó a su víctima y tomó la mejor posición para el ataque: la honestidad valiente contra la perversa corrupción, ejemplarizada todos los días por múltiples casos de deshonestidad, denunciados y presentados en los medios masivos de comunicación. Fue una orgía de corruptelas.

 

La reacción normal ante el caudal de irregularidades y rapacerías tuvo la consecuencia prevista, el triunfo aplastante de AMLO. Pero sorprende que la oposición continúe sin entender que el nombre del juego político hoy, es no ser corrupto. Algunos, ingenuamente, creen en poder reeditar los acuerdos de impunidad bajo los cuales operó a placer la red delincuencial en la que se convirtieron los gobiernos y los partidos. No hay vuelta atrás, muy pocos se salvan.

 

Es por ello que se requieren nuevos lideres políticos, cuya rectitud esté acreditada, para construir  una oposición vigorosa. No cualquier político del pasado está habilitado para triunfar en la nueva arena política, construida a partir del 1 de julio del año pasado. No lo intenten, muchos están desahuciados.

 

Por eso, desespera constatar como el joven gobernador de Guanajuato, desperdicia valiosas oportunidades de trascender. Tendría un gran horizonte para lograrlo. Pero en lugar de construir cauces democráticos con la ciudadanía, se dedicó a colonizar los Poderes con incondicionales suyos, haciendo exactamente, lo que se le critica a López Obrador. Maneja a su contentillo el Congreso, le impone funcionarios, sacrifica las carreras políticas de sus diputados, por seguir sus insensatas consignas. Autoritarismo vil, nada diferente a lo que sucede en el nivel federal en donde los diputados de Morena corean alegremente: “es un honor estar con Obrador”.

 

El nombramiento local de un fiscal carnal, imposibilitado para investigar el sexenio del gobierno anterior, al que él mismo perteneció, acentúa  el parecido con el dedazo producido el viernes en el Senado de la República, con una diferencia: no es comparable el perfil profesional y temple de Zamarripa con el de Alejandro Gertz Manero. Ya lo quisiéramos los guanajuatenses.

 

Y para rematar, vemos como la dirigencia de Guanajuato es superada en liderazgo y enjundia por Jalisco y Chihuahua. La diferencia se advierte por la libertad con que actúan los gobernadores Alfaro y Corral. No tienen lastres en sus gobiernos que copten sus reclamos y neutralicen la defensa de la soberanía de sus estados. No heredaron compromisos políticos, a diferencia de Diego Sinhué, maniatado por la tutela política de su predecesor. Diego tiene las alas rotas. Sabe que cualquier movimiento brusco contra la Federación, puede terminar con la apertura de procesos en contra de su tutor político. Eso lo lleva a una prudencia inusitada en momentos que reclaman valentía y firmeza en la queja.

 

Mientras tanto, no obstante a que el desabasto de combustibles se debe a la inexperiencia y estulticia de su gobierno, Andrés Manuel, con su sonrisa socarrona, la oposición debilitada y su gabinete enredado en un sinnúmero de contradicciones, encubre el batidero que él mismo construyó, con una sola frase: el combate al huachicol. El combate a la corrupción en general. Por lo pronto el pueblo sabio cree en él, aunque termine achicharrado en una fuga de combustible. Patético.

FRENESÍ

Carlos Arce Macías

Frenesí:

1.- Delirio furioso

2.- Violenta exaltación y perturbación del ánimo

3.- Canción. Chachachá de Alberto Domínguez Borrás

 

La llegada al gobierno federal, es un evento intrigante y difícil de describir. Hay  que tratar de entender y olfatear lo que sienten los nuevos funcionarios que gozan de la confianza del presidente electo y de su ímpetu transformador. Vemos con claridad el frenesí, que luego de años de lucha, tesón y obsesión, se ha apoderado de nuestro nuevo presidente. 

 

Sin duda, luego del triunfo, se desatan las ambiciones por los puestos, la unidad del equipo empieza a fracturarse, las presiones partidistas comienzan a exigir posiciones, el festín por la victoria poco a poco se disipa. La realidad aparece, paulatinamente, inmisericorde.

 

Entre tanto, el electo sufre las consecuencias de la avalancha de lisonjas y elogios exagerados, que se le profesan por doquier. Pierde el piso de inmediato. Solo sus más cercanos e íntimos colaboradores o familiares, pueden atemperar la ceguera que provoca la soberbia. El talante del sujeto, sus debilidades, inseguridades y complejos, afloran de inmediato. Y resulta que es en ese preciso momento, cuando el candidato tiene que transformarse en Presidente de la República,  en el mandatario que más poder concentra en el país. No hay personaje que aguante tanta zalamería, no hay cerebro que soporte el tsunami de elogios lanzados a toda hora y a la menor provocación, ocasionando la perdida inmediata del equilibrio y la sensatez.

 

Mientras todo esto acontece, y la psique del nuevo presidente se ajusta, el gobierno debe de iniciar su camino. La visión desde la cumbre, es cegada por el voluntarismo, la promesa fácil, la palabra que fantásticamente, transforma la pesada realidad en el sueño imaginado.

 

Al mismo tiempo el equipo debe de ser armado y ubicado en sus puestos de responsabilidad. La mecánica de actuación se define, y la maquinaria debe comenzar a caminar, normalmente a paso lento, tanteando el piso, evitando inicialmente un equívoco que pueda ser letal. Inmediatamente hay que entenderse con la tripulación de la nave, que cuenta con la experiencia de surcar aguas procelosas y que sabe sortear tempestades. Hay que generar confianza entre los que llegan y  los antiguos  funcionarios que continúan el viaje. 

 

Se sabe que el naufragio puede acontecer, cuando la mente del presidente no abandona la obsesión, y cae en la negación de la realidad, en el sueño del poder transformador de sus dichos. Cuando no logra aterrizar y continúa aferrado al conjunto de promesas lanzadas al pueblo durante la campaña electoral.

 

El peligro es inminente, se siente. El nuevo Ejecutivo Federal ha asignado los puestos más importantes entre sus seguidores más incondicionales, sus amigos íntimos, sus aduladores más conspicuos. Un grupo variopinto, basado en la lealtad pero no en la capacidad.

 

Hacia la toma de posesión, el nuevo grupo gobernante tiene la sensación de que a su llegada, todo se transformará. Solo bastan ellos. En otros cambios de gobierno, los intentos de trastocar el funcionamiento gubernamental fueron frustrados, al hacer imperar el realismo sobre un impulso desmesurado de cambio. Los equipos llegaban atemperados a ocupar sus lugares, informados de que la operación de un gobierno esta predeterminada por un marco jurídico, profuso y complejo, por normas técnicas, por manuales de operación, por protocolos que hay que cumplir, si no se quiere acabar en la cárcel o inhabilitado.

 

El Gobierno Federal es una maquinaria de alta complejidad. Nadie tiene idea del reto al que se enfrenta, hasta que se encuentra dentro de él. Requiere de altas capacidades técnicas y administrativas. No se parece en nada a los gobiernos estatales y menos a una mega alcaldía. Tampoco responde al voluntarismo, hay relojes que marcan tiempos jurídicos, procesos farragosos, términos inexcusables, reportes e informes que necesitan motivación y fundamentación puntual, presiones de poderes fácticos, tensiones federalistas etc. Hay una lógica en cada área, muy bien aprendida, de formas de operar, de prevención de problemas y solución de los mismos. Si se sustituye la técnica por un voluntarismo ingenuo y naif, los subsistemas puede reventar, causando grandes males a los ciudadanos.

 

Para desgracia nacional, nuestro presidente continúa sumergido en una violenta exaltación y perturbación de su ánimo. Vive un continuo frenesí que lo desborda todo. No ha tenido empacho de ubicar a su amigo “El Cono”, un truncado ingeniero agrónomo, como director de la petrolera nacional; una empresa plagada de corrupción, ineficiencias y endeudada hasta el cuello. Su misión es reflotarla. Apenas llegando, “El Cono” y los amigos que lo acompañan, han provocado el peor desabasto de combustibles en la historia del país. La logística no es lo suyo.

 

Orillado por la incompetencia de sus personeros en PEMEX, el presidente fraguó un plan de control de crisis, basado en una mentira: el combate al robo de gasolina (huachicoleo). Así ha tratado de justificar el desabasto producido por la incompetencia de los nuevos funcionarios de la petrolera y de la Secretaría de Energía, en manos de una exfuncionaria de nivel 34 en PEMEX, convertida en lideresa estatal de Morena y ahora en secretaria de estado. Sin embargo, el festinado triunfo se cae a pedazos, cuando conocemos que en el área de Puebla, con los ductos funcionando, el huachicoleo florece sin contención alguna.

 

Las pérdidas causadas por el frenesí que mantiene bajo captura al presidente, son multimillonarias para la economía del país. La desconfianza en México, es irreparable. Saben que el capitán del barco es inexperto y necio, pero también sus oficiales. La realidad comienza a imponerse. La mentira queda expuesta, y un presidente que miente, pierde la confianza de la gente. No necesitamos frenesí, sino inteligencia. Y esa no aparece por ningún lado.

 

P.D. Guanajuato debe de apostar por depender lo menos posible de PEMEX. Tenemos una alianza con las grandes petroleras para asegurar abasto y óptima calidad de combustibles. Quitémonos a PEMEX de en medio.

@carce55

 

 

ROMA, CUESTIÓN DE VIDA

Carlos Arce Macías

 

El cineasta Alfonso Cuarón, ha puesto frente a nosotros, una película que nos deja pasmados, sin palabras y con los ojos rasados por las lágrimas. Después de varias décadas de ver películas de todo tipo, para alguien que creció yendo de cine en cine de la mano de su madre, puedo decir que la experiencia íntima que deja el último film de Cuarón, es difícilmente asimilable.

 

La posibilidad de viajar en el tiempo, y con seis años más que el laureado director, poder revivir muchos de los ambientes vividos hace más de cincuenta años, tiene un significado personal indescriptible. Cada escena de la vida familiar, pero sobre todo de los  ambientes de barrio citadino de aquellos años setenteros del siglo pasado, fraguados con una alucinante minuciosidad y amplificados por una banda sonora, que reproduce cabalmente anuncios de radio y televisión de la época, el silbido del afilador o el pitido del vendedor de camotes, terminan en una superlativa recreación de ese periodo. Podemos decir a nuestros nietos e hijos: vean Roma, así se veía, se oía y sentía nuestra infancia.

 

Para mi, el momento en que se estampa el entorno, en el que la protagonista sale desconsolada del cine, solo le falta la mano materna.  Allí van apareciendo el globero, el merenguero, el vendedor de muéganos y el de calaveritas danzarinas, conformando una alharaca estrepitosa. El momento resulta conmovedor y extraordinario, terminando en cuanto se diluyen las bombas flotantes de jabón que también son ofertadas en el quicio del cine.

 

El sonido, no de la lluvia habitual de la ciudad de México, sino del granizo que rebota en las baldosas del patio, acarrea el olor fresco, puro y frio de muchas tormentas veraniegas. La toma en la que la protagonista cruza la esquina de la avenida Baja California con Insurgentes, para llegar al cine Las Américas, es una admirable recreación de la ciudad setentera.

 

No se puede obviar la destacada actuación de todo el elenco, especialmente de Yalitza Aparicio. Su mirada, los gestos, la intrigante inexpresividad de su rostro, resultan cautivantes. Las historias que se entrelazan, biografía infantil del propio Cuarón, son desgarradoras, aunque resultan normales dentro de nuestra sociedad. Un trabajo actoral de altísima calidad.

 

La fotografía en blanco y negro, es espléndida. Las tomas en la azotea, donde se encuentran los lavaderos, el paisaje mexicanísimo del altiplano y la soberbia secuencia de la playa y el mar, no tienen parangón. A Cuarón se le agrega un gran talento: resulta ser un fotógrafo excepcional, que se permite, en este caso, darse el lujo de no contar con Emmanuel Lubezki.

 

Esta nueva película, atiborrada de premios más que merecidos, nos pasea por los suburbios citadinos, en el que la vida transcurre entre el lodazal. Antes, en aquellos años, la pobreza extrema, no la relativa que hoy miden los indicadores del CONEVAL, era la normalidad. En los llanos, aparte de jugar futbol, se entrenaba, con asesoría de la CIA, a paramilitares en el arte del kendo (combate asiático con garrotes) por órdenes del gobierno de Luis Echeverría, uno de los peores presidentes, que en la época moderna, haya tenido México. Lo padecimos.

 

Un jueves de Corpus Christi en junio de 1971, los llamados “halcones” fueron utilizados para masacrar impunemente a estudiantes de la UNAM y el Poli, que se manifestaban en contra del gobierno. Atrapados entre las avenidas Melchor Ocampo y San Cosme, los jóvenes fueron apaleados y en un rápido contra ataque apoyado con armas de fuego,  asesinados a mansalva, cayendo cerca de 120 manifestantes. La policía y los granaderos permanecieron expectantes mientras se reprimía, golpeaba y asesinaba a los jóvenes que osaban protestar en contra del gobierno. Eso es, al final el autoritarismo.

 

Cuarón logra revivir de una forma inusitada y dolorosa aquel hecho bochornoso del gobierno priísta, que manejaba en un puño nuestro país. Eran las potestades originadas por un poder ejecutivo unilateral y tirano, de un presidente que afirmaba: “la economía se maneja desde Los Pinos”, provocando serios desajustes macroeconómicos, que nos condujeron a varios decenios de inestabilidad y pobreza. Casi todos tuvimos menos.

 

Espero que para muchos jóvenes, Roma explique, de forma visual, el motivo de nuestras luchas por construir un México democrático, con un Poder Ejecutivo acotado por la división de poderes republicana, inventada, durante el Siglo de las Luces, por Montesquieau. Esta forma de gobierno esta hoy acosada por un protodictador, entronizado por el voto de millones de ciudadanos, que ya olvidaron o no experimentaron las consecuencias de padecer a un presidente de la República todopoderoso y locuaz. Quienes nos resistimos a volver a  sufrir esa ignominia, hoy nos inquieta que cada vez, exista menos sensibilidad a la perdida de democracia. Los resultados serán devastadores, no tengan duda. Vean Roma, quizás se sensibilicen y cambien, porque como lo explica el propio Alfonso Cuarón, su película no es una cuestión de cine, sino una cuestión de vida.

@carce55