SISMO REGULATORIO

Carlos Arce Macías

Luego de los efectos de los recientes movimientos telúricos que sufrió una gran parte de nuestro territorio, una enorme convulsión, paralela a la sismológica se deberá producir en nuestro país, aunque aún no se identifique plenamente: la regulatoria.
Poco a poco, luego de que los aterrados partidos políticos dejen de competir en la ruleta del populismo más ramplón; nos daremos cuenta, lentamente, que lo primero que debemos enfrentar es a nuestra geografía, con la única arma que una sociedad medianamente organizada, tiene a la mano: la normatividad para regular un crecimiento urbano seguro.


“La geografía es el destino” advertía Napoleón Bonaparte, al marcar las rutas de sus conquistas europeas, y no le faltaba razón. La ubicación de los Estados, los cruces de caminos, los cauces de los ríos, los pantanos y lagos circundantes, condiciones meteorológicas y geológicas, conforman un destino, para los asentamientos humanos que forman villorrios, pueblos y ciudades. Todos deberíamos ser conscientes de esto, porque de su ignorancia parte la temeraria creencia, de que el lugar en donde habitamos, es el mejor del mundo. No es así, siempre presenta circunstancias positivas y negativas.

 Ante tales escenarios, toda fundación humana, debe de tener como objetivo, potenciar el contexto positivo de nuestro centro poblacional, y aminorar los peligros que el entorno geográfico nos impone. De esa manera, una sociedad desarrollada, que ha aglutinado cientos de miles de habitantes, debe labrar la consciencia de su población, para que sepa a que estamos expuestos, y que peligros enfrentamos.


 Por eso es importante saber geografía, no solo como un tonto ejercicio nemotécnico, que se realiza en los últimos años de primaria. Combinado con la física, los pobladores de una zona, deberíamos tomar conocimiento del “mapa de riesgo” de nuestro pueblo o ciudad.

Como lo venimos advirtiendo, los peligros que nos acechan deben de ser aminorados, basados en un mapa confeccionado para ello, que ubique los terrenos inundables, las zonas de deslaves, los pantanos, las franjas cercanas a terrenos con residuos contaminantes, los suelos altamente inestables, a causa de terremotos o huracanes, etc. Del mapa de riesgo, debe de desprenderse una serie de disposiciones que impidan arriesgar a los ciudadanos, evitando su ubicación en lugares que presentan alto riesgo. Permitir desarrollos urbanos en zonas de grandes declives o cercanas a los lechos de los ríos, o a suelos amplificadores de las ondas telúricas, se convierte en un acto de irresponsabilidad, lesivo a los derechos humanos.


De aquí, pues, se desprende una variada normatividad, que desgraciadamente ha acabado convirtiéndose en una simple tramitología, carente de sentido, y sujeta a criterios torcidos y aberrantes, que mediante la corrupción, permiten que las personas habiten lugares peligrosos para su economía, sus bienes y en muchos casos para su vida.

Las tragedias en la Ciudad de México, Puebla, Morelos, Oaxaca y Chiapas, deben de producir una honda mejora regulatoria en materia de urbanismo y edificación. Los conocidos “permisos de uso de suelo, de fraccionamientos y lotificación y el permiso de construcción”, son parte clave de una interrelación positiva entre un mapa de riesgo y el desarrollo urbano.

Para garantizar la seguridad de una construcción, la acreditación de los “directores responsables de obra (DRO)”, debe transformarse, de un insubstancial requisito, a un trabajo serio, que finque responsabilidades de orden civil y penal. Las mafias, acrisoladas en los colegios de arquitectos e ingenieros, deben de ser pulverizadas, para sustituirse por verdaderos instrumentos de control de calidad de las edificaciones que se vayan levantando, en los lugares que sean seguros.


Toda un nuevo capitulado de delitos en contra del desarrollo urbano seguro, debe de proponerse, dentro de los trabajos del nuevo sistema anticorrupción, para castigar a los responsables, particulares y funcionarios públicos, de permitir la construcción en zonas de riesgo, o la construcción de edificios que no tengan las características técnicas para ser seguros. La obligación de aseguramiento de los inmuebles, puede ser la piedra de toque, que obligue a construir responsablemente. A las aseguradoras no les gusta perder dinero.

No cabe duda, las escuelas dañadas y desplomadas, los edificios habitacionales erigidos después de 1985 que se derrumbaron, los centenares de edificaciones públicas, puentes, hospitales y oficinas, que se construyeron con “moche” de por medio, y acabaron colapsadas, producirán la necesidad de implementar una mejora regulatoria a fondo, que dé seguridad a las familias, sin convertirse en una tramitología excesiva, que impida construir las ciudades y pueblos seguros que necesitamos.


@carce55

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GUANAJUATO, AYUNTAMIENTO EN CRISIS

GUANAJUATO, AYUNTAMIENTO EN CRISIS

Carlos Arce Macías

La capital del estado esta pasando momentos políticos difíciles. Su gobierno local, particularmente su Ayuntamiento, se encuentra pasmado, ante la imposibilidad de imponer el orden elemental, que una ciudad requiere, para poder desarrollarse armónicamente.

Los políticos improvisados, piensan que ejercer el cargo es una continuación de la campaña electoral. Por eso son tan felices cuando son convocados a alguna inauguración o entrega de cacharros a los menesterosos, posibles electores en una futura elección. Confunden frecuentemente su función, y consideran que la sonrisa, el apretón de manos y los golpecitos en la espalda en señal de aprobación, es la normalidad en el gobierno.

Ha sido una mala costumbre de los guanajuatense capitalinos, no enfrentar ninguna situación conflictiva. Es preferible dejar los problemas en el abandono, esperando que solos se vayan arreglando, como por arte de magia. Los habitantes de la capital del estado, desconocen lo que es un gobierno de alta intensidad, dedicado a ordenar la ciudad y poner las cosas en su lugar. A cambio de ello, el objetivo ha sido la obra pública, que da dividendos personales a funcionarios corruptos. Esa ha sido la marca de la casa, en tanto todos los demás servicios se descuidan.

El caso más emblemático de la mala conducción gubernamental es la colección de conflictos que acumula el actual Ayuntamiento: la recolección de basura, el transporte público, la escasez de agua, el ordenamiento territorial, las invasiones, la saturación vehicular, el deterioro de la imagen urbana… ¡bueno, hasta el más baladí, el ordenamiento de las mesas y sillas instaladas en vías públicas! Como al perro viejo, al Ayuntamiento capitalino se le han juntado todas las pulgas.

Una cuestión tan sencilla, como debería ser imponer el orden a los permisionarios que colocan una extensión de sus locales comerciales en calles y plazas, ha sumido al Cabildo local en el peor de los pantanos. Mientras más se mueven más se hunden. Y es que el liderazgo está fallando, y no hay luces que marquen el rumbo correcto, porque la gran mayoría de sus miembros, arribaron al puesto, pensando en la patrocinio de intereses particulares y propios, y los beneficios para su peculio.

Pero eso se está acabando aquí en Guanajuato Capital y en todo México. La ciudadanía está harta y de mal humor. No se quiere tolerar una acción impropia más. Exigimos cumplimiento normativo y orden en la ciudad. Y eso tiene su precio. Ya no se puede quedar bien con todos, y por eso una corporación, acostumbrada a la lenidad en el actuar gubernamental, se encuentra perpleja ante la exigencia de una autoridad federal seria y responsable, para que terminen los injustificados privilegios a un sector económico, que siempre ha recibido condiciones amables, tolerantes e incluso ilegales, por parte del Ayuntamiento.

Hoy los cantineros y algunos restauranteros se presentan indignados, a reclamar la cabeza de quién osa retar al Ayuntamiento para que ponga en ordenen la casa. No entienden lo que está pasando. Solo se trata de acabar con la impunidad ¡Cumplan con las reglas vigentes, es todo!

El actual Ayuntamiento, en su ánimo beneficiador del gremio restaurantero, ha llegado al punto de dejarlos operar sin permiso y sin pago alguno. Jauja para cualquier comerciante, siempre y cuando sean cuates. ¡La economía de compadres imponiéndose a plenitud!

Pensamos que Guanajuato, como ciudad turística, requiere del espacio público para la instalación de restaurantes al aire libre, a fin de que los visitantes disfruten el entorno de encanto, que envuelve a la ciudad. Pero a su vez, su condición de Patrimonio de la Humanidad, necesita de un cuidado y orden estricto para que lo anterior pueda ocurrir equilibradamente. También, el ocupar áreas públicas escasas y por lo tanto valiosas, conlleva a que los negocios compartan una parte substancial de sus ganancias con el municipio.

Todo esto se puede conseguir con una regulación adecuada, bajo una condición: que los integrantes del ayuntamiento operen como defensores de los intereses generales de la ciudadanía, y no como abogados de un sector empresarial mal acostumbrado a la prebenda y el amiguismo. Los buenos empresarios, y comienza a haberlos en Guanajuato, no temen a la competencia ni a acatar la ley. Compiten en buena lid. Esa nueva casta, debe de separarse de quienes invocan privilegios y trato diferenciado, a cambio de apoyos electorales otorgados.

La peor torpeza que pudieron cometer los desvergonzados dirigentes de la CANIRAC capitalina fue pedir la cabeza del delegado del INAH, por atreverse a reclamar el respeto a leyes y reglamentos que se han incumplido. Ese paso debe de tener un alto costo, ante el agotamiento de la paciencia ciudadana. Sus permisos de instalación de mesas y sillas en las calles vencieron desde hace años, y por lo tanto no están vigentes, no tienen fichas para negociar.

Si el Ayuntamiento quiere enviar una señal alentadora a sus gobernados, deberá ser rígido y contundente para regular bien este caso, eliminando los evidentes abusos que se han tolerado, imponiendo el orden. Esto sería la base para iniciar el acomodo de temas mucho más retadores, graves y complicados. Pero si el Ayuntamiento no puede con el desafío presente, mala cosa nos espera. Seguiremos en crisis.

Artículo publicado en AM León el 10/07/2016

Twitter: @carce55