FRENESÍ

Carlos Arce Macías

Frenesí:

1.- Delirio furioso

2.- Violenta exaltación y perturbación del ánimo

3.- Canción. Chachachá de Alberto Domínguez Borrás

 

La llegada al gobierno federal, es un evento intrigante y difícil de describir. Hay  que tratar de entender y olfatear lo que sienten los nuevos funcionarios que gozan de la confianza del presidente electo y de su ímpetu transformador. Vemos con claridad el frenesí, que luego de años de lucha, tesón y obsesión, se ha apoderado de nuestro nuevo presidente. 

 

Sin duda, luego del triunfo, se desatan las ambiciones por los puestos, la unidad del equipo empieza a fracturarse, las presiones partidistas comienzan a exigir posiciones, el festín por la victoria poco a poco se disipa. La realidad aparece, paulatinamente, inmisericorde.

 

Entre tanto, el electo sufre las consecuencias de la avalancha de lisonjas y elogios exagerados, que se le profesan por doquier. Pierde el piso de inmediato. Solo sus más cercanos e íntimos colaboradores o familiares, pueden atemperar la ceguera que provoca la soberbia. El talante del sujeto, sus debilidades, inseguridades y complejos, afloran de inmediato. Y resulta que es en ese preciso momento, cuando el candidato tiene que transformarse en Presidente de la República,  en el mandatario que más poder concentra en el país. No hay personaje que aguante tanta zalamería, no hay cerebro que soporte el tsunami de elogios lanzados a toda hora y a la menor provocación, ocasionando la perdida inmediata del equilibrio y la sensatez.

 

Mientras todo esto acontece, y la psique del nuevo presidente se ajusta, el gobierno debe de iniciar su camino. La visión desde la cumbre, es cegada por el voluntarismo, la promesa fácil, la palabra que fantásticamente, transforma la pesada realidad en el sueño imaginado.

 

Al mismo tiempo el equipo debe de ser armado y ubicado en sus puestos de responsabilidad. La mecánica de actuación se define, y la maquinaria debe comenzar a caminar, normalmente a paso lento, tanteando el piso, evitando inicialmente un equívoco que pueda ser letal. Inmediatamente hay que entenderse con la tripulación de la nave, que cuenta con la experiencia de surcar aguas procelosas y que sabe sortear tempestades. Hay que generar confianza entre los que llegan y  los antiguos  funcionarios que continúan el viaje. 

 

Se sabe que el naufragio puede acontecer, cuando la mente del presidente no abandona la obsesión, y cae en la negación de la realidad, en el sueño del poder transformador de sus dichos. Cuando no logra aterrizar y continúa aferrado al conjunto de promesas lanzadas al pueblo durante la campaña electoral.

 

El peligro es inminente, se siente. El nuevo Ejecutivo Federal ha asignado los puestos más importantes entre sus seguidores más incondicionales, sus amigos íntimos, sus aduladores más conspicuos. Un grupo variopinto, basado en la lealtad pero no en la capacidad.

 

Hacia la toma de posesión, el nuevo grupo gobernante tiene la sensación de que a su llegada, todo se transformará. Solo bastan ellos. En otros cambios de gobierno, los intentos de trastocar el funcionamiento gubernamental fueron frustrados, al hacer imperar el realismo sobre un impulso desmesurado de cambio. Los equipos llegaban atemperados a ocupar sus lugares, informados de que la operación de un gobierno esta predeterminada por un marco jurídico, profuso y complejo, por normas técnicas, por manuales de operación, por protocolos que hay que cumplir, si no se quiere acabar en la cárcel o inhabilitado.

 

El Gobierno Federal es una maquinaria de alta complejidad. Nadie tiene idea del reto al que se enfrenta, hasta que se encuentra dentro de él. Requiere de altas capacidades técnicas y administrativas. No se parece en nada a los gobiernos estatales y menos a una mega alcaldía. Tampoco responde al voluntarismo, hay relojes que marcan tiempos jurídicos, procesos farragosos, términos inexcusables, reportes e informes que necesitan motivación y fundamentación puntual, presiones de poderes fácticos, tensiones federalistas etc. Hay una lógica en cada área, muy bien aprendida, de formas de operar, de prevención de problemas y solución de los mismos. Si se sustituye la técnica por un voluntarismo ingenuo y naif, los subsistemas puede reventar, causando grandes males a los ciudadanos.

 

Para desgracia nacional, nuestro presidente continúa sumergido en una violenta exaltación y perturbación de su ánimo. Vive un continuo frenesí que lo desborda todo. No ha tenido empacho de ubicar a su amigo “El Cono”, un truncado ingeniero agrónomo, como director de la petrolera nacional; una empresa plagada de corrupción, ineficiencias y endeudada hasta el cuello. Su misión es reflotarla. Apenas llegando, “El Cono” y los amigos que lo acompañan, han provocado el peor desabasto de combustibles en la historia del país. La logística no es lo suyo.

 

Orillado por la incompetencia de sus personeros en PEMEX, el presidente fraguó un plan de control de crisis, basado en una mentira: el combate al robo de gasolina (huachicoleo). Así ha tratado de justificar el desabasto producido por la incompetencia de los nuevos funcionarios de la petrolera y de la Secretaría de Energía, en manos de una exfuncionaria de nivel 34 en PEMEX, convertida en lideresa estatal de Morena y ahora en secretaria de estado. Sin embargo, el festinado triunfo se cae a pedazos, cuando conocemos que en el área de Puebla, con los ductos funcionando, el huachicoleo florece sin contención alguna.

 

Las pérdidas causadas por el frenesí que mantiene bajo captura al presidente, son multimillonarias para la economía del país. La desconfianza en México, es irreparable. Saben que el capitán del barco es inexperto y necio, pero también sus oficiales. La realidad comienza a imponerse. La mentira queda expuesta, y un presidente que miente, pierde la confianza de la gente. No necesitamos frenesí, sino inteligencia. Y esa no aparece por ningún lado.

 

P.D. Guanajuato debe de apostar por depender lo menos posible de PEMEX. Tenemos una alianza con las grandes petroleras para asegurar abasto y óptima calidad de combustibles. Quitémonos a PEMEX de en medio.

@carce55

 

 

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HUACHICOL, SEGURIDAD INTERNA Y FISCALÍA

Carlos Arce Macías

Como catarata se han venido los temas de interés, en este cierre de año. Durante la presente semana se agolparon importantes cuestiones que reclaman atención. Intentaremos un rápido acercamiento a cada una de ellas.

HUACHICOL.- Es sabido que el crimen organizado ha encontrado en el robo de gasolina, desde los ductos de PEMEX, el producto más rentable, incluso, que el tráfico y distribución de droga. De esa forma, la gasolina robada impacta de manera directa en el baño de sangre que sufre el país, especialmente Guanajuato, en dónde converge un nodo de distribución importante desde la refinería de Salamanca.

PEMEX y autoridades participan en el crimen organizado, de ahí que su calificativo de “organizado”, presupone el contubernio con autoridades. Se trata de la operación de un gran negocio negro, en el que participan personal de la empresa, huachicoleros y gasolineros. Estos últimos, logran enormes ganancias indebidas, al comercializar gasolina robada, que adquieren al 50% del costo y venden al precio general. Resultado: negocio redondo.

El involucramiento de los empresarios ha quedado a la vista, a manera de ejemplo, para enviar un mensaje al gremio, de que ha sido detectada su complicidad con los huachicoleros, y que deben detener su participación o atenerse a las consecuencias.

La estrategia más efectiva para acabar de forma contundente con el desgarriate, es la conformación de un mercado de hidrocaburos funcional, en el que la competencia, inhiba las malas prácticas generadas en el sector. Sin embargo se empiezan a detectar maniobras para evitar dicha competencia, desde el propio PEMEX, discriminando el suministro de gasolinas a las nuevas empresas entrantes al mercado, que han decidido a actuar de manera leal con los consumidores. Por lo pronto, desde la terminal de abastecimiento de Irapuato, se privilegia a las estaciones de servicio que aún detentan la franquicia PEMEX, en detrimento de las gasolineras de grupos empresariales distintos a la corporación estatal, obligándolos a suspender el servicio temporalmente, por causa de desabasto de gasolina, premeditado y doloso.

El combate a la huachicoleada fracasará, si las autoridades no obligan a PEMEX, a cumplir los términos de la reforma energética, con el fin de construir un mercado eficiente de gasolinas, en beneficio de los ciudadanos. ¡Cuidado!

SEGURIDAD INTERNA.- La presión gobernamental para aprobar las incursiones del ejército en las calles en labores que no le corresponden, estalló en los últimos días, forzando la aprobación, en la Cámara de Diputados, de la nueva Ley de Seguridad Interior.

La iniciativa, que pasará al Senado, presenta gravísimas deficiencias y contraviene derechos humanos. En el centro del debate, está la habilitación de las fuerzas armadas, para realizar una función para la cual no están preparadas: la seguridad. El encargo del ejercito es la defensa del país, frente a potenciales agresiones externas. Los soldados están entrenados para guerrear y matar enemigos, no para cuidar a los ciudadanos del crimen. Esa acción corresponde a las policías.

Por eso vuelvo a recordar la sentencia del jurisconsulto Ponciano Arriaga, constituyente en 1857: “Cuidar de la paz y seguridad pública, administrar la justicia y la hacienda, reprimir los crímenes y delitos, en fin, gobernar la sociedad, son atribuciones  de la autoridad que obra en nombre de la ley; la ley es expresión de la voluntad popular y los funcionarios militares nada tienen que hacer, por sí y ante sí, si  no son requeridos, mandados o autorizados por las potestades civiles en todos los negocios que no tengan  íntima y directa conexión con la disciplina de obediencia que es su primitiva ley”.

Mala idea, dotar de condiciones de discrecionalidad al Ejército y a la Marina, para realizar actividades propias de los civiles, la historia documenta el peligro de ubicar a los militares, tan cerca del poder político. Eso no es bueno ni correcto.

Quizás por ello, la mayoría de los diputados federales de Guanajuato, se abstuvieron de votar a favor la perniciosa iniciativa; pero también revelaron la influencia sobre ellos del gobernador del estado, que seguramente envió línea para no votar en contra del proyecto, y así parar la intentona militarizante. Insisto: queda a la vista la sumisión de los representantes populares, que deberían velar, antes que nada,  por los intereses de los ciudadanos, que por respaldar incondicionalmente la línea dictada desde el Ejecutivo estatal. Desnudemos la cuestión: diputados medrosos, sin fuerza propia, que dependen de la designación interna de los partidos, que rompe la dependencia con las bases militantes. A los electores se les prefiere repartir cachuchas, gallinas, tinacos y láminas, a garantizarles buenas leyes. Así estamos.

FISCALÍA ANTICORRUPCIÓN.- Y hablando de diputados, pasemos a los agobios de nuestros representantes estatales, metidos en un callejón sin salida, por haber fallado en el diseño de una ley fundamental para combatir de manera eficiente y eficaz la corrupción galopante, que coloniza nuestra sociedad.

La reelección hay que ponerla por delante. Se equivocaron, y permitieron el tránsito por el Legislativo, de una mala ley que acota el espacio de elegibilidad para los candidatos a ser fiscales anticorrupción. Solo los funcionarios que se han desempeñado como subprocuradores o ministerios públicos, fraguados dentro de la Procuraduría de Justicia del Estado y bajo la influencia del “Señor Procurador”, son elegibles para el cargo. Así lo determina la ley.

Bajo la nueva legislación aprobada, se torna imposible, el buen funcionamiento del Sistema Estatal Anticorrupción. Los diputados armaron su propia jaula, se metieron en ella, pusieron el candado y están a punto de arrojar la llave fuera de su alcance. Necesitan patear el tablero, ser disruptivos, reconocer a plenitud su equivocación y convertir con ello, en improcesable políticamente el nombramiento del próximo fiscal.

Iniciar una reforma exprés, que modifique las condiciones actuales de elegibilidad, se hace urgente, para evitar pagar, a través de la negativa a su reelección, los costos de sus errores legislativos. Es el precio de la falta de concentración en los temas que son de su ámbito, y en lugar de ello, estar enfocados a la gestoría de obras, construcción de canchas deportivas, giras con el gobernador para inauguraciones y descuentos de casetas de peaje. A quedar bien con el Ejecutivo, pues, en lugar de convertirse en el filtro, que garantice la calidad de la legislación, como lo mandata el sistema republicano.  Ese es el problema, conste que se los advertimos a tiempo.

@carce55