FISCALÍA A MODO

Carlos Arce Macías
 Después del vergonzoso sainete implantado con malas artes en la Cámara de los Diputados, para impedir su funcionamiento, ha comenzado a despuntar el verdadero problema al que nos enfrentamos los mexicanos: una Procuraduría General, que se transformará en Fiscalía General de la República, adquiriendo autonomía constitucional, pero cuyo diseño es disfuncional. Ojalá y el problema se redujera, solamente, al nombramiento del primer fiscal. Cantaríamos aleluya.


 En efecto, la problemática que nos presenta la institución encargada de perseguir los delitos federales, es compleja, porque se enfrenta a una organización administrativa, ineficiente e ineficaz. Es más que sabido, que difícilmente la actual PGR, cumple medianamente su encomienda. La violencia generalizada en el país, motivada por la delincuencia organizada, por ejemplo, es en parte atribuible a su bajo desempeño para castigar los delitos que corresponden al orden federal, propiciando la impunidad.

Los trabajos para desentrañar parte de las debilidades del órgano persecutor, evidencian problemas tan profundos, como la incompatibilidad entre lo dispuesto en la ley y lo marcado por la normatividad interna de la procuraduría. Drástico inicio, para generar un adecuado y legal funcionamiento. Aparte de convertirse en un apetitoso bocado para un penalista medianamente sofisticado, en labores de defensoría de algún inculpado.

 Como si no fuese suficiente el demérito anterior, se han identificado otros problemas, como carencias en los controles internos, indefinición en la delimitación de funciones, así como ambigüedad en el desempeño operativo. Algunos roles se encuentran duplicados, y el contenido de su regulación administrativa es inconexo. Esto resulta del análisis de las funciones, relaciones internas, estructura y procesos de la Procuraduría (*).

 Y no para ahí el desgarriate, la institución también ostenta una mala fama, que pesa demasiado en su interior, y evita la conformación de un espíritu de cuerpo, generador del orgullo de pertenencia a una institución vital, para garantizar la vida, segura y pacífica, en sociedad. Pocos se enorgullecen de pertenecer a la PGR.

 El órgano encargado de hacer valer el Estado de Derecho, despide un tufo a corrupción que atemoriza a casi todos los hombres de bien, que pretendieran colaborar en ese espacio gubernamental. Pocos son los audaces que atienden a su llamado. Conozco a algunos.


 Pero el momento más crítico que se enfrentará, es el período de transición, en dónde el reto fundamental es controlar a la nueva institución. Hoy, bajo el influjo del Ejecutivo Federal, rodeado de instituciones castrenses, de inteligencia y otra dedicada a la seguridad, propician un entorno que conserva ciertos resortes de control sobre el enclave federal de procuración de justicia. Sin embargo, la nueva entidad, será arrojada a las procelosas aguas, para iniciar su navegación solitaria. El nuevo Fiscal General, tendrá que ponerse al timón, y gobernar una nave, acostumbrada a estar en poder de marineros, que controlan secciones completas del barco, y despliegan el velamen a contentillo. No hay control.

 Para acrecentar la dificultad de la mudanza, el cambio de procuraduría a fiscalía, empieza a concretarse precisamente en el momento en que transitamos del sistema penal inquisitivo al adversarial-acusatorio. Una verdadera revolución en el campo del derecho penal mexicano, dónde la autoridad debe de conducirse con singular cuidado para comprobar la culpabilidad del imputado, sujetándose a las reglas del debido proceso y respeto a los derechos humanos. Las capacidades de investigación de los detectives y científicas de los peritos y médicos forenses, deben acrecentarse, de la mano del nuevo fiscal general.


 De esta forma, encontramos la clave del asunto: se puede nombrar a un personaje de destacada trayectoria profesional, intachable objetividad, linaje ciudadano y carente de herencia partidista alguna, que sustituya a un procurador “a modo”; pero que quede al frente de una estructura contrahecha, incapaz de cumplir con la delicada función de garantizar el Estado de Derecho. Así las cosas, de nada servirá un fiscal impoluto, con una fiscalía a modo… de los delincuentes.

 (*) Reestructura Orgánica Funcional para la Procuraduría Federal de la República. PGR-CIDE. Diciembre de 2013

@carce55

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MAD MAX GTO

Carlos Arce Macías

La saga de Mad Max, comenzó en 1979, con la primera película australiana, dirigida por George Miller, realizada con un presupuesto ridículo. De ahí siguieron tres películas más, con inversiones millonarias, desarrolladas en un ambiente post apocalíptico, en un contexto hiperviolento, señoreado por la delincuencia.

La próxima película de la hilera, podría tener como entorno a Guanajuato. El argumento sería muy sencillo: el viaje de un viejo tren, cargado con chatarra recuperada de una destartalada zona industrial celayense, que tras el colapso gubernamental, y ya sin seguridad alguna en la región, se enfrenta a toda clase de calamidades mientras trata de cruzar lo que antes se llamó orgullosamente el “Corredor Industrial del El Bajío”.

El tren, debe sortear diversos bloqueos y ataques, incluyendo la incursión del héroe hollywoodense contratado para esta nueva versión, a una zona crítica, entre Irapuato y Salamanca, para proteger a un grupo de desesperados ejecutivos de una empresa asiática, que son acosados por las hordas de delincuentes.

A su paso por la violenta región, tendrá también que evadir un enorme incendio, que se ha desatado a las orillas de la vía férrea, al estallar una toma clandestina de un poliducto de hidrocarburos. Esto causará una enorme nube tóxica que ahogará a todo ser viviente que sea envuelto por ella.

Los efectos especiales están garantizados. Trenes descarrilados porque las vías han sido robadas para venderse como escoria, grandes tumultos de parias, tratando de saquear la chatarra (se dice que antes los ferrocarriles transportaban autopartes, electrodomésticos de última generación y autos de lujo, todo para la exportación); los cuales son contenidos por bombas, gases y ráfagas de metralla lanzadas desde los carros armados con que ha sido protegido el convoy. Las explosiones provocadas por el robo de combustibles, serán enormes, dejando al público boquiabierto, sobre todo cuando alcanzan los restos de una refinería abandonada en lo que era la ciudad de Salamanca.

La trama psicológica de la película se basa en inferir al espectador una angustia constante, producida por una violencia desbocada, en donde nadie se puede sentir seguro. Un flash back, producido a la mitad de la cinta, evocará como toda la región, años antes, fue un potente cluster automotriz e industrial, en donde todo florecía, hasta que un día sus autoridades no pudieron controlar a los delincuentes comunes, y menos a los grupos organizados, armados hasta los dientes. Las policías perdieron su operatividad; los sistemas de seguridad, en los que se invirtió mucho dinero, nunca funcionaron adecuadamente. Los policías no fueron bien pagados, suficientemente capacitados ni dotados de los medios necesarios para hacerle frente a delincuentes cada día mas rudos y desalmados. La inteligencia policial, siempre fue superada por la del hampa, hasta que las organizaciones policiacas, tuvieron que transigir con los capos ante la amenaza de “plata o plomo”. Las escenas que retratan este contraste en el tiempo, son realmente dramáticas. Se advierte el rápido desmantelamiento de la civilización, sumiendo a los sobrevivientes en un ambiente de corrupción, sobornos, caos y muerte indescriptible. Resulta aterrador.

Y es que cuando la seguridad personal se esfuma, el cerebro humano regresa a sus reacciones más básicas, que se producen en su parte más primaria, donde afloran los reflejos de defensa, conservación, miedo y ataque. Lo más primitivo del ser humano, prevalece en la mente, nulificando los procesos de consciencia e inteligencia, necesarios para la construcción de la civilización. Sin seguridad no hay sociedad organizada.

Pues bien, este thriller de superacción, tratará de infundir en los espectadores el pánico provocado por la ausencia de seguridad personal, que hace perder todo viso de humanidad, y que solo encuentra un hálito de esperanza en las posibilidades de un tren que pretende sobrepasar todos los obstáculos que le son impuestos. Todo para terminar, luego de cruzar las ciudades de Silao y León, en medio de un combate épico, a sangre y fuego, contra las bandas de los más temibles delincuentes. Al final, se verá una larga vía que se extenderá miles de kilómetros hacia delante en medio de un áspero desierto en donde abundan más peligros. Pero ese riesgoso viaje quedará para la siguiente película de la serie.

Más allá del guión de tan cautivante cinta, hay que aclarar con determinación, que una política de atracción de inversiones a nivel global, como la que realiza con gran éxito el actual gobierno, no es sostenible si la seguridad no se garantiza. En ninguna parte del mundo se consignan atracos a trenes como los sucedidos en Guanajuato. El imparable robo de hidrocarburos, solo se ve en las zonas más incivilizadas de África. El secuestro de ejecutivos extranjeros, simplemente pondrá la lápida sobre el proceso de expansión industrial de la región. Si esto continúa, todo se acabará. Los propios delincuentes estarán matando a la gallina de los huevos de oro.

Sin gobiernos eficaces para controlar a la delincuencia, las sociedades se empobrecen y destruyen. El gobierno federal no es confiable, es más, es un ente agónico, imposibilitado para ayudar. Espero que nuestras autoridades estatales y municipales entiendan que están solas para hacer frente al problema, y que la eficacia policiaca depende de dos factores: inteligencia y operatividad. En Guanajuato, es obvio que no están funcionando bien. Se puede contar con información valiosa, pero en cuestión de operatividad, las corporaciones policiacas no están rindiendo los frutos esperados. Repartir patrullas nunca será suficiente, se requieren verdaderos PO-LI-CI-AS. ¿Entienden?

Twitter: @carce55

Artículo publicado en AM LEÓN el domingo 16 de octubre de 2016

SEGURIDAD PÚBLICA, altos costos por cubrir.

 

 SEGURIDAD PÚBLICA, SOLO CON ESFUERZO FISCAL

Carlos Arce Macias

Los malos gobiernos no producen buenas policías. Es algo que los ciudadanos debemos aprender e internalizar. La naturaleza del crimen organizado es la colaboración que le brindan los gobiernos. Malos políticos están involucrados con el, brindándole cobertura y manteniendo las condiciones de seguridad en franca debilidad, para permitir la operación de los grupos delincuenciales sin estorbo alguno.

La corrupción política y gubernamental debe de ser combatida, no solo para que los políticos no se enriquezcan, sino en defensa propia, para lograr la formación de cuerpos policiacos verdaderamente eficaces. Nuestra seguridad, y la de nuestros hijos lo reclaman. La corrupción es el caldo de cultivo ideal para el crimen.

Una de las estrategias más recurrente y peligrosa, armada desde órganos estatales o municipales, incompetentes para asumir la dura función que tienen a su cargo, es la de vender plazas a algún grupo y permitir que este se encargue de “limpiar” la localidad de adversarios, y así dar la impresión de que la seguridad mejora. De ahí las ejecuciones en cascada. Otras veces se trata de conflictos entre los carteles por el control de una ruta o ciudad. Más de lo mismo: ejecuciones por docena.

Lo que queda claro, es que cuando esto sucede, las fuerzas locales encargadas de la seguridad, muestran una debilidad crónica para enfrentar a los delincuentes. Tienen un problema operacional, y eso es evidente a los ojos de los ciudadanos, que sufren balaceras y atentados hasta en los principales centros comerciales de su localidad. Este es un dato alarmante, que revela la ineficiencia de los cuerpos de seguridad, frente a la tranquilidad y parsimonia de los sicarios para ejecutar a cualquier adversario. No hay escudo que valga.

El Gobierno Federal, desconocedor de la realidad y heterogeneidad municipal, ha propulsado la creación de un “mando único”. Algunos alcaldes abrumados por la fuerza mostrada por los delincuentes, han visto en ello la salida a sus problemas, traspasando las responsabilidades del servicio de seguridad al estado. Por su parte, la entidad federativa cree que puede asumir con eficacia un rol constitucionalmente atribuido al municipio. Nada mas falso, será vencido sin duda. No entienden que hay un problema de corrupción en los gobiernos, y que el estado es el menos ajeno a ello. Ante el mando único, los malandros, en lugar de capturar la voluntad de varias corporaciones, solo tendrán que ponerse de acuerdo con una. Mala apuesta.

Por otro lado, los débiles agrupamientos policiacos municipales, dirigidos por malas administraciones, cuyos integrantes están más enfocados a hacer obra pública para recibir moches, o negociar usos de suelo y licencias de funcionamiento con desarrolladores voraces y comerciantes desesperados; no cuentan con las capacidades mínimas para recomponer la situación.

Hay que entender que los presupuestos de los municipios no están diseñados para mantener un cuerpo policiaco profesional, que lleve a cabo labores de inteligencia, y en base a ello, realice las acciones pertinentes para controlar todo brote de inseguridad en su circunscripción. Un policía en Canadá ó Inglaterra gana el equivalente a $50,000 pesos mensuales, más un sinnúmero de prestaciones como seguros, vivienda, guardería y educación para sus hijos. Los policías españoles y australianos cobran al rededor de 42,000 pesos. Como miembros de un servicio profesional, van incrementando beneficios conforme a la antigüedad, así como posibilidades de prejubilaciones desde los 20 años de servicio ininterrumpido.

El equipamiento de las policías debe de ser de última generación, comenzando por los chalecos antibalas, que deben de corresponder a los calibres más comunes a los que se ven expuestos. Los chalecos deben de estar certificados y cumplir con la NOM mexicana respectiva. ¿Ya los habrán revisado?

Algunos datos aislados revelan que el equipo de un policía puede rondar los $50,000 pesos, sin contar con patrullas, camionetas, sistemas de comunicación, capacitación, cursos de actualización, etc. La razón de policías por cada mil habitantes, según páginas oficiales de Estados Unidos, es mayor a 2 policías por cada 1000 habitantes. León por ejemplo, debería contar con 3160 agentes, Guanajuato Capital con 510, y Celaya 936. Se necesita mucho dinero para montar una policía de verdad.

Ningún municipio de nuestro estado ha hecho frente a todos estos requerimientos. Y esto solo se podrá llevar a cabo si se implementa una reforma fiscal, que genere una mayor carga tributaria en el impuesto predial. Es la única forma de comenzar a enfrentar el duro reto que el hampa y los malos gobiernos nos han impuesto. Se trata de reasumir las responsabilidades gubernamentales de mantener la paz pública en cada comuna.

Pero aparecen retos en el camino para lograrlo: el de mejorar el gobierno, evitando la corrupción, y como consecuencia la programación y el gasto eficaz y eficiente del presupuesto público. De otra forma, prevalecerá la resistencia ciudadana a entregar más aportaciones a gobiernos opacos, amateurs, inhábiles y ocurrentes.

Twitter: @carce55