REBELIÓN EN LA GRANJA

Destacado

Carlos Arce Macías

En recuerdo de Doña Guadalupe Rivera Marín, política, historiadora y diplomática.

Habría que recordar fugazmente la novela de George Orwell, el genial escritor inglés, publicada en 1945. Se trata de una sátira de la lucha contra la tiranía (Stalin), de la complejidad para hacer imperar la sensatez ante las bajas pasiones de la clase política: la ambición, la traición y el engaño. Una estampa de los políticos que habitan nuestro planeta, descrita con crudeza.

Alegoría de la política

El enunciado de rebelión en la granja aplica al momento que vive nuestro estado, en contraste con la forma en que se tomaron las decisiones trascendentes de candidaturas hace seis años. Los invito a recordar que en 2017 el gobernador Miguel Márquez despertó un día, se miró al espejo, consultó con su efigie reflejada en la luna y decidió por sí y ante sí que Diego Sinhué Rodríguez sería el próximo gobernador de los guanajuatenses.

Tal juicio transportó a la política de uno de los estados más modernizados de México a los siglos XVII y XVIII, edad de oro del absolutismo, donde los Borbón iban formando a sus delfines, al igual que lo hizo el gobernador Márquez. No hubo reclamos, dóciles, los antes poderosos e influyentes grupos empresariales aceptaron el dictatum del gobernante originario de los pueblos del Rincón.

Y sucedió lo que acontece cuando las decisiones son resueltas bajo el criterio de la lealtad a toda prueba; las carencias difícilmente se detectan al principio, pero brotan, tiempo después, ante los diversos retos que van surgiendo día a día. La crisis de la conducción unipersonal estalla y las debilidades se evidencian hoy, al momento de intentar conducir el proceso de nominación de candidatos para una elección de alta complejidad, como será la de 2024.

A diferencia de 2018, en la granja hay alboroto. La primera reflexión: imposible volver a imponer un candidato a un colectivo de seis millones de habitantes, muchos políticamente activos, con diversas perspectivas, con altas potencialidades empresariales, con mano de obra calificada, con profesionistas de alto rango y centros universitarios reflexivos. ¿De verdad intentarán imponer un candidato único? Ni lo piensen. La clase política actual, posee menos talento que la ciudadanía comprometida con la construcción de una mejor comunidad.

Esto explica que al partido oficialista, que ha concentrado por varias décadas los hilos del poder, ya se le hayan rebelado diversos personajes que buscan abanderar la siguiente elección. El actual senador Erandi Bermúdez, tiene ya tiempo encampañado, buscando ser la opción. Sus expectativas giran en rededor de su voluntad personal, sin contar con la bendición del gobernador. Tiene derecho a buscar la candidatura. Lo acredita su confianza en sí mismo y no requerir ningún tipo de ayuda oficialista.

La secretaria de Gobierno estaba destinada a solo ser parte del equipo de Jesús Oviedo, el amigo, supuestamente designado por el gobernador para ser su sucesor. Sin embargo el lanzamiento de este personaje resultó anticlimático y la biografía del postulado tan insulsa, que el señor Oviedo se convirtió en una pifia monumental. Mal comienzo que ahora obliga a buscar nuevos caminos más plausibles. Y estos han conducido a Libia Denise García Muñoz Ledo, un cuadro formado en las lides parlamentarias, que ha superado a sus colegas y que muestra madurez y espíritu de cambio. La acción para liberar a nivel administrativo el matrimonio de personas del mismo sexo, ha sido una buena carta de presentación en un ambiente viciado por un ultraderechismo despistado. Ahora tendrá que modernizar y poner en orden el Registro Público de la Propiedad y a los notarios, como cereza del pastel.

El líder del Congreso del Estado, Luis Ernesto Ayala, también se apunta en la lista de candidateables. Con una larga trayectoria en puestos públicos, siente que es su momento de lanzarse al ruedo, luego de convertir el parlamento local en agencia de viajes para solaz y esparcimiento de los diputados turistas. Sin procesar los temas álgidos como la despenalizacióndel aborto ordenada por la Suprema Corte de Justicia, la aprobación ilegal de un endeudamiento autorizado por el diputado Zanella, y perdiendo cuanto amparo le presenta la agrupación “Amicus”, añora tomar la estafeta de la gubernatura.

La alcaldesa de León es una figura que ha ido construyendo su candidatura a través de un desempeño recto y adecuado de cargos administrativos y de la brega parlamentaria. Diputada federal y local, ha construido alianzas sólidas a nivel nacional y estatal. Pero en su horizonte hay borrasca. Entregar resultados positivos en año y medio que le queda de gestión, no es cosa sencilla, requiere de un equipo de trabajo bien aceitado y mucho sentido común, lo que generaría la construcción de una administración eficaz y de alta frecuencia. No debe perderse en el laberinto de una mercadotecnia política fútil. Su apuesta debe de ser por entregar buenos resultados. Está a tiempo.

En tanto los precandidatos del oficialismo avanzan en sus sueños, la realidad limitará sus aspiraciones. Esta consiste en la confianza que sean capaces de generar hacia los ciudadanos, que son quienes deben tener la última palabra, y no una militancia domesticada dentro de la burocracia. A los guanajuatenses no se nos impondrá una vez más un candidato. Ya entendimos la dolorosa lección. Hoy la ciudadanía deberá estar dispuesta a imponerle la mejor opción al oficialismo. La partidocracia debe autocontenerse, porque la ciudadanía no está jugando, finalmente sabe que hay otros caminos. Así funciona la democracia.

Empoderamiento ciudadano

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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LA HORA CIUDADANA

Destacado

Carlos Arce Macías

Resultó una casualidad que dos hechos se conjugaran, dos marchas multitudinarias una en defensa del Instituto Nacional Electoral (INE) y otra en apoyo del presidente López Obrador. Fue una curiosa conjunción en la que quedó claro el valor que hoy representan las personas que se asumen ciudadanas, es decir, los individuos que asumen a plenitud sus derechos políticos.

Marcha en defensa del INE

Aún cuando no queramos, la condición ciudadana otorga una categoría superior a los sujetos que deciden portarla. De tal manera, que debe de ser tarea prioritaria de nuestra sociedad, incorporar a esta condición a todo el pueblo. Deberíamos de empezar por proteger a los ciudadanos de aquellos políticos que, desde su miseria, intentan arrebatarles a los grupos sociales más vulnerables, su jerarquía de ser miembros de pleno derecho de su comunidad. A estos grupos se les violenta acarreándolos a marchas, informes o actos, a través de coacción, de amenazas o de entrega de dádivas. De esa forma son despojados de su libertad para asistir o no a actos inventados por políticos amorales.

El acarreo, lo definió Jesús Silva Herzog Márquez en un reciente editorial: “no es un servicio de transporte: es un desplazamiento bajo presión…Quienes se rehúsan se atendrán a las consecuencias”. Es también el preludio de la compra de votos, ya que primero se necesita simular un gran apoyo popular, para así justificar los miles de votos que algún impresentable candidato obtiene mediante la clientelización y la entrega directa de cash a las personas. Estas dos figuras son los perversos siameses de los delitos electorales, que nunca son investigados por los abúlicos fiscales federales y estatales. Si todo siguiera igual, Brenda Canchola, presidenta consejera del Instituto Electoral del Estado de Guanajuato (IEGG), se conformará con integrar las mesas de votación, recibir a ciudadanos y acarreado a emitir su voto, libre unos y comprado los otros; y contarlos finalmente para aclamar a los ganadores. Tantán, así dormiría tranquila y satisfecha la presidenta, aunque la calidad de nuestra democracia sea pésima.

Pero hay atisbos de que las cosas cambiarán. Por el momento, las dos marchas arrojan un contraste determinante: una fue de ciudadanos que voluntariamente y por sus medios, decidieron salir a manifestarse en defensa de una institución. La otra, organizada desde el poder, se nutrió de una enorme masa de acarreados, que fueron transportados en 1787 camiones (el periódico Reforma los contó uno por uno) desde diversos puntos de origen. De un lado, lo queramos o no, había ciudadanos, del otro un conglomerado de individuos dotados de trescientos pesos, un refresco, una torta y pasaje de ida y vuelta gratuito.

La sola verbalización del comparativo entre ambos grupos es durísima, incompasiva, pero es la expresión exacta de lo que pasó. Su crudeza debería de convertirse en el acicate para que los políticos dejaran de acarrear gente y mercadear sufragios, so pena de ser señalados, despreciados y expulsados de las boletas electorales.

Habrá que señalar que el acarreo es una práctica común entre la clase política de todos los signos, que debería de ser denunciada, combatida y penada. ¿Saben por qué lo necesitan? Porque nuestros partidos políticos son estructuras vacías de ciudadanos. Requieren simular la presencia de multitudes, obligando a la gente a asistir a sus eventos. Si no hubiese acarreo, solo estarían presentes sus incondicionales y aduladores. Su carencia de ideales y sus prácticas poco éticas no seducen a nadie. Son camarillas solitarias.

Sin el acarreo, será muy difícil justificar los votos traficados con dinero. El teatrito se cae. Y solo entonces, los verdaderos políticos tendrían posibilidades de reaparecer utilizando el talento y las ideas para convencer a los ciudadanos de sus propuestas. Sería un historial limpio el que acredite su postulación a un puesto público. Solo así las administraciones ya no serían utilizadas para expoliarlas. La corrupción política, tan extendida en nuestra obscura realidad, perdería brío y sustento.

Las marchas del 13 y 27 de noviembre, nos dejan una moraleja: la política solo se construye con ciudadanos reales. Los partidos, todos, están rebasados y desacreditados. Hoy, solo los ciudadanos a través de sus redes organizadas podrán hacer viables las próximas candidaturas. Los acarreadores y operadores electoreros no están invitados a la próxima contienda. Su sola contratación por algún partido o candidato significará descrédito y exclusión, no votos. Entiendan: es la hora ciudadana.

Marcha en apoyo al presidente

 

 

 

 

 

 

 

ECHAR AL MAL GOBIERNO

Carlos Arce Macías

Entre un gobierno que lo hace mal y un pueblo que lo consiente, hay una complicidad vergonzosa.

Víctor Hugo

Desde el cambio de gobierno federal en 2018, han menudeado los reclamos y críticas, a las trompicadas y desinformadas decisiones que han venido dándose a través de ya cuatro años de administración “transformadora”. La verdad es que muy pocos plantean como salir de esta realidad dañina y tóxica. Pensamos que es tiempo de empezar a proponer soluciones.

Sin rumbo

Lo primero es pensar que la crisis que padecemos no solo es producto de la última elección federal, sino que viene gestándose desde hace años. Especialmente con el gobierno de Enrique Peña Nieto, el cual dio muchos pasos rumbo al precipicio. Y fue la mala maña de negociar todo entre políticos sin pizca de ética, lo que nos condujo a una elección sin alternativas. La que resultaba menos peor, según treinta millones de mexicanos, resultó una pesadilla.

Pero el origen de todo está en nuestra clase política, torpe y depravada. Si no planteamos su substitución, México continuará hundiéndose. Por ello, hacia el 2024, hay que borrar de cualquier postulación a los impresentables de siempre. Por esos no hay que votar. Porque el riesgo de retornar al pasado, como solución del presente, siempre está ahí. Y aunque no lo crean puede salir peor el remedio que la enfermedad. Imaginen las malas condiciones en que quedará el país, para volver a dejarlo en manos de deshonestos y abusivos.

Los corruptos son oligarcas, no demócratas. Ha quedado claro en el caso de Rusia. Y la única solución pasa por promover la democracia como ruta de escape. No ha descubierto la humanidad otra alternativa. A las desviaciones autoritarias, se les encara replanteando el fortalecimiento de las libertades, comenzando por la de prensa, y todas aquellas que cimientan y fomentan la participación de la ciudadanía organizada, aceptando propuestas y escuchando con atención las críticas que se expresen.

La combinación de soberbia, llevada hasta el extremo de un narcisismo patológico desde el poder, desfigura los gobiernos locales, estatales y federal. No hay diferencias, porque detrás de ellos no hay compromisos democráticos. Jugamos al gobierno dictatorial en todos los ámbitos, aunque con diferentes matices y colores.

Pongamos atención, la apuesta democrática pasa por la densidad de las organizaciones ciudadanas, que en estos momentos son las substitutas de los casi inexistentes partidos políticos, poblados por incondicionales de su partidocracia, corruptos y torpes que no le sirven a la sociedad. Para mejorar se requiere una cohesión de organizaciones profusa, en contraste con las comunidades sujetas a redes de corrupción que las gobiernan. El empuje ciudadano es lo que mantendrá a flote la posibilidad de construir mejores gobiernos, en manos de buenas personas.

Para el 2024 es necesario arribar con un conglomerado importante de fuerzas cívicas, que pueda darle contenido a aquellos partidos que estén dispuestos a abrir sus candidaturas a nuevos personajes, distintos a la escoria que ahora campea en la política. Sin esta necesaria renovación de cuadros, el estado fallido será el futuro. Seguiremos produciendo políticos locos, entercados en hacer su santa voluntad.

Las redes sociales deben de ser un paso intermedio para la nueva organización política promotora de la democracia. Convertir simples chats en organizaciones activas, solo está a un paso: pactar un lugar al que puedan acudir los participantes, comenzando a verse a la cara y conformar agendas y programas específicos. Hay que desdigitalizar la acción para convertirla en diálogo directo entre ciudadanos libres. Ahí va a estar la fuerza.

Un ejemplo, en la ciudad de Guanajuato no existen desde hace tiempo los partidos políticos. Las organizaciones poco a poco han ido cobrando relevancia, especialmente ante la amenaza de un torpe desgobierno plagado de corrupción. La densidad de organizaciones, de observación, medio ambientalistas y de activismo cívico ha aumentado y consolidado su militancia. Esto frente a las oxidadas formaciones empresariales y de profesionistas, aliadas a intereses facinerosos, cómplices de las peores causas políticas.

Las oligarquías criminales tendrán que confrontarse contra una ciudadanía en insurgencia en 2024, más allá de denominaciones electorales. Esto habría que multiplicarlo a niveles estatales y federal. A cada abuso hay que interponerle la resistencia de personas comprometidas a mejorar su sociedad. Solo así saldremos del hoyo.

Quien ose pensar que la salida hacia una estructura social comprometida con el bien común se logrará sin tú participación, se equivoca. Debemos asumir no solo nuestros derechos, sin también nuestras responsabilidades cívicas. Hay que acrisolarnos en organizaciones ciudadanas, como poco a poco vamos haciéndolo en Guanajuato Capital. Sépanlo, por acá se han incendiado Alhóndigas, cuando es necesario. En 2024 vamos a echar fuera al mal gobierno.

Incendiando Alhóndigas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EGO Y GOBIERNO

Carlos Arce Macías

Inmersos en las redes sociales, poco a poco hemos perdido conciencia de la intimidad, de hacer cosas que se guarden celosamente en el ámbito personal y que no tienen que ser conocidas por extraños. Pero a muchos ha alcanzado el reflejo inconsciente de compartir todo cuanto hacen. Ahora, de pronto las familias se ven expuestas en plataformas sociales; cuanto evento hay se fotografía y comunica… y más allá, se comentan públicamente hasta íntimos sentimientos, la mayor de las veces infestados de empalagosa cursilería. Pero esa es la nueva realidad que nos ha tocado vivir, y en ella estamos sumergidos. Se evaporó el recato que imponía la vieja sociedad.

Interesa por lo pronto explorar este fenómeno en relación con la vida personal de nuestros gobernantes y representantes, analizando algunos de sus efectos. Mientras una persona común desee desnudar su vida ante un público electrónico, allá ellos. ¿Pero que sucede con los políticos?

El éxito de algunas candidaturas ha llevado a una parte importante de la clase política ha intentar transformarse de personalidad pública a “influencer” mediático. Muchos hacen el más deplorable ridículo, unos pocos logran llamar la atención, y prácticamente nadie consigue comunicar cuestiones trascendentales por las redes sociales, aunque quisieran parecerse a los expertos en un campo de conocimiento específico, como los médicos frente a la presente pandemia, que en redes, han hecho maravillas.

Confundir la República con monarquía

Pero volvamos a los políticos, especialmente a aquellos que ocupan cargos ejecutivos o de representación. Los vemos montando a caballo, tomando una bebida a la orilla del mar, acompañados de sus parejas sentimentales, rodeados de sus hijos en ágapes familiares, de visita con sus progenitores, o de viaje en Las Vegas, etc. Tratan de compartirnos su vida que antes era privada para procurar despertar confianza, el alimento de la política, y simpatía, para lograr votos futuros.

Desde las campañas electorales, el conocimiento de una pequeña dosis de la vida familiar de un político ha sido recomendado por los expertos. Pero consideramos que se han cruzado límites que rayan en la exageración, al tratar de comunicarnos cada suceso que les acontece. Fotos y videos, que son crónicas de cada paso que dan día a día; que lo único que logran es el hartazgo ciudadano. ¿Para que necesita la gente común enterarse como comió o bebió café un funcionario? ¿Qué necesidad de avisar que ya ha llegado a la oficina o va saliendo luego de trabajar su jornada laboral, o qué marca de ropa y accesorios portan en cada jornada? El cúmulo de imágenes del rostro del funcionario, poco a poco sepulta el mensaje político y gubernamental que debería privilegiarse.

Porque todo este tropel de información y efigies que se vierten hacia la sociedad, requieren de un trabajo exhaustivo de los equipos de comunicación, que significa un alto costo al erario. ¿Acaso han visto una mala foto originada desde un departamento de comunicación social? Todos guapos, gracias al photoshop que altera la realidad (y de qué manera), siempre impecables, trabajadores enjundiosos, amables, abrazando infantes y desbordando simpatía.

Pero los efectos de este tipo de comunicados no son muy halagüeños, porque requieren mucha energía diaria y tiempo desperdiciado en la hoguera de vanidades, en donde arden recursos públicos. El Estado de Guanajuato gasta a diario un millón de pesos en medios y parte de estos costos son en imagen del gobernante. Absurdo.

¿Han visto a Ángela Merkel abrazada amorosa de su marido o rodeada de amigos en festejos familiares? ¿A Macrón? ¿A Biden? Deberíamos tomar buenos ejemplos y hacer razonar y cambiar a nuestros dirigentes. La comunicación descriptiva de cada paso que dan por la vida es tóxica; mejor hay que transformarla en una herramienta de gobierno para informar de manera clara y transparente las decisiones que se toman y los riesgos que se encaran en el desempeño de la función pública.

Debemos reflexionar más a cerca de la sobre exposición de los políticos. ¿Qué no tienen trabajo? Los ciudadanos no quieren ver a sus gobernantes a toda hora, solo se les exige que tomen las decisiones correctas y honestas, que se requieren para construir un buen gobierno.

Gobernadores en cuaco, mostrándonos sus dones en equitación, los diputados en fiestas de disfraz con sus parejas, algún alcalde transformado en Rey Mago o Robocop, resultan patéticos. Mejor hagan bien su chamba. Entiendan, solo nos importa la calidad del gobierno que encabezan. Su ego agravia.

Sobre exposición en redes

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿POR QUÉ NO SE VAN?

Carlos Arce Macías

Semana aciaga para los guanajuatenses. Nos atiborramos de malas noticias. La violencia continúa imparable, ahora se expresa también con el descubrimiento de tétricas fosas en Salvatierra y Cortázar, con cerca de 100 cadáveres. Las irregularidades en compras públicas menudean. Adquisiciones amañadas de computadoras y de placas para automóviles. Violaciones flagrantes, a la vera del Congreso estatal de una zona de preservación ecológica para beneficio del suegro del alcalde capitalino… en fin, no paramos.

Muchos muertos…

Pero en contraste, Guanajuato se significa por ser un estado con nula corrupción. La aspiración ilusoria del jefe del ejecutivo federal, aquí se ha hecho realidad. Si no, solo consulte con el fiscal anticorrupción del estado. ¿Sabe cuántos corruptos hay en las cárceles guanajuatenses? ¡Cero! ¡Albricias! En esta noble entidad, hemos erradicado de tajo cualquier deshonestidad de políticos y funcionarios. Puras blancas palomas. Hemos construido el paraíso de la incorruptibilidad.

¿Qué sucede entonces? Algo pasa ante la obviedad de la incongruencia. Una avalancha de hechos terroríficos y trágicos, frente a un panorama jurídico y de persecución del delito, hueco e ineficaz. La gravedad de esta circunstancia nos debe de llamar la atención. Expliquémosla. 

Todo tiene un mismo origen: detentar el poder. La clase política, más allá de cualquier color, debe de continuar prevaleciendo en los cargos públicos a cualquier precio, repito: a cualquier precio. 

A partir del año 2000, el sistema electoral cambió. De la simulación de votos (falsificación de actas e introducción de votos falsos en las urnas), transitamos a la obtención de votos directamente de los ciudadanos. En un ambiente democrático, sería por medio del convencimiento, evaluando la pertinencia de las candidaturas, los programas y propuestas. Pero todo se desvirtuó. La compra de voto a los grupos más vulnerables de la sociedad, nos condujo de la virtud cívica del sufragio, a la perversidad de la compra venta inmoral de votos y la degradación de los ciudadanos, los cuales pierden dignidad. La pobreza no justifica este hecho, hay que decirlo con todas sus letras.Quienes lo hacen y lo propician deberían de estar tras las rejas.

Compra de voto impune

Al poder comprar el voto en las narices de los reguladores de las elecciones: INE, IEG, Fiscalía Especializada en Delitos Electorales, etc., todo el panorama político se trastoca. Las campaña se vuelven carísimas, a tal grado que solo unos cuantos tienen acceso a la participación política, lesionando derechos fundamentales de los que quedan fuera por no contar con sumas millonarias de efectivo. Esto hace que para poder participar, solo lo hagan quienes posean cantidades inmensas de dinero, ya que, o son ciudadanos multimillonarios que pueden darse ese lujo, o bien funcionarios que ocupan posiciones destacadas en la administración pública, y que extraen dinero de los presupuestos públicos mediante contratos simulados, sobreprecios pactados para obtener moches y empresas fantasmas para desviar recursos presupuestales. Es más, las candidaturas, en los partidos se deciden por los fondos que garanticen los precandidatos para captar sufragios vendidos, no por sus capacidades y talentos. Mucho dinero habrá de distribuirse el día de las elecciones. ¡A comprar votos por montón!

Una vez verificado este vergonzoso hecho, es necesario contar con la cobertura de la institución encargada de perseguir estos delitos, que son los mismos que combaten los crímenes violentos . Quienes tienen pactos inconfesables para brindar ese escudo de impunidad, deben de ser ratificados y asegurados en el puesto. De ello depende que exfuncionarios de alto nivel, no acaben con sus huesos en la cárcel.

¿Cuántos corruptos hay en la cárcel en Guanajuato?

Por eso no es de extrañar que todo siga igual en Guanajuato. Los asesinos no son sometidos, las fosas clandestinas aparecen, los funcionarios desleales permanecen impunes y los políticos que se sostienen bajo este sistema, siguen mandando. Por eso no se van… mientras toleremos la compra de votos y no reduzcamos el costo de las campañas electorales. Sencillo.

NO HAY

Carlos Arce Macías

En tanto vamos descubriendo la verdad en cuanto a las condiciones de nuestro país, especialmente durante estas pandémicas fechas, constatamos que en varios lugares ya no hay servicios de salud para urgencias y que los servicios de emergencia están limitados. La Cruz Roja Mexicana, que vive de la caridad pública (increíble que no sea un servicio público obligatorio), no ha podido hacer su colecta anual y pronto empezarán a faltarle recursos. México adolece de servicios de urgencia y emergencia. Los avances paulatinos de la Secretaría de Salud, los demolió el actual presidente en unos cuantos meses. No hay.

Sin $$$$$

Un día nos despertamos y descubrimos también que nuestro país no cuenta con maestros de vocación y cuya profesión sea atesorada por la sociedad y el mercado laboral. Salvo algunos cuantos miles de estoicos mentores, perdidos entre una masa de grupos de choque y militantes de un sindicalismo destructivo yvoraz, tampoco tenemos docentes. No hay.

Pedagogos profesionales

Otro día nos hemos encontrado con que la seguridad y paz pública, son una aspiración perdida en un mar de acuerdos obscuros y renuncias a la acción policiaca. A nivel local, nuestros ediles han sido incapaces de construir, salvo unas cuantas excepciones, cuerpos profesionales, bien armados y capacitados para garantizar la paz comunitaria y evitar la acción de los cárteles a nivel municipal, que aprovechando la emergencia han decidido maquillarse de finísimas y bondadosas organizaciones, repartidoras de despensas. Sospechosamente, las fuerzas del orden siguen pasmadas. Si nos preguntamos por las policías, la respuesta es categórica: no hay.

A partir de la llegada del nuevo gobierno a operar la administración federal, han desaparecido los denominados tecnócratas. Se trataba de los funcionarios encargados de que el gobierno accionara y cumpliera sus funciones ordenadas y reguladas por la ley y reglamentos. Cuando vemos la torpeza y dificultad de la actual administración pública, sus imprecisiones y dislates, buscamos a los encargados de áreas totalmente técnicas como las de Hacienda, Comunicaciones y Energía y no los encontramos por ningún lado. Han sido sustituidos por personal sin pericia ni experiencia alguna. Por lo pronto, tecnócratas, que hagan funcionar bien el gobierno, no hay.

Los nuevos expertos de la 4T (CRE)

En muchas redes sociales no es extraño encontrar quejas por el pésimo desempeño de los políticos de oposición, incapaces de estructurar una respuesta eficaz en contra del actual gobierno, que evidencia un pésimo desempeño, carente de contrapesos a sus decisiones. Su verdadera obsesión es consolidar una base electoral construida desde sus clientelas sociales, receptoras de dinero público, y condicionadas a votar por Morena, para no perder su exiguo ingreso. Poco a poco se intenta cancelar toda posibilidad de oposición. Y es que para enfrentar a la transformación de cuarta, hay que poseer un atributo que muchos de los actuales políticos, calificados por el propio López Obrador como el PRIAN, no poseen: la honestidad. Más allá de su significado virtuoso, la honestidad soporta la posibilidad de confrontar sin temor a ser apabullado, a un adversario maniqueo. Y por ahora, sobran los dedos de una mano, para contar a los políticos que resulten funcionales, en esta situación, como Juan Carlos Romero Hicks, por ejemplo. Un Manlio Fabio Beltrones, Emilio Gamboa, Miguel Osorio Chong, Miguel Márquez, Luis Alberto Villarreal, Ricardo Anaya, Jesús Ortega, etc., constituyen una calaña impresentable, incapaz de liderar un proyecto para dotar de esperanza a los mexicanos. Están manchados, irían solo por negocios y a vender caros sus votos. Oposición por ahora, no hay.

¿Tan poquito?…

Nos queda solo la ciudadanía. Muy poca, articulada y afiliada a grupos organizados. Son estos, sobre quienes recae la única posibilidad de construir una salida a la desgracia en que nos encontramos sumidos. Posiblemente, solo allí encontremos algo. ¿Si hay?

Liderazgos

SEGURIDAD IMPROBABLE

Carlos Arce Macías

 

Frente a los hechos de sangre y violencia que hemos vivido en esta última semana, como el ataque directo al personal de la Fiscalía estatal por un grupo de la delincuencia organizada, y los constantes homicidios producidos por la guerra imparable entre los cárteles que pretenden controlar el crimen en esta región, surgen cuestionamientos y reflexiones. Vamos a ellos.

 

Aunque parezca excesivo, hay que seguir repitiéndolo: no habrá seguridad pública eficiente, en tanto no se cuente, a nivel local, con una policía profesional. Y estamos muy lejos de ese objetivo. No contamos con verdaderos cuerpos policiacos, salvo quizás, los esfuerzos de León, con todas la críticas que se le puedan dirigir. El resto de los municipios del estado está en la inopia policiaca.

 

Seguidilla de preguntas.

 

¿Por qué no podemos construir buenas corporaciones de seguridad? Respuesta contundente: porque no tenemos buenos gobiernos municipales. Los malos gobiernos, están imposibilitados para crear buenas policías. Obvio.

 

¿Y por qué no tenemos buenos gobiernos locales? Pues porque los municipios, en su mayoría son gobernados bajo el sistema de gobierno-botín. Este engendro ha sido alimentado por una clase política en constante degradación, y por lo tanto, focalizada en la extracción de rentas producidas desde el ejercicio de las facultades gubernamentales y administrativas que tienen los municipios.

 

¿Podríamos abandonar el sistema de gobierno-botín? ¡Claro! Pero no será fácil. Requiere de decisión política al más alto nivel, y de una organización  ciudadana, que promueva un ambiente de intolerancia, insurgencia y rebeldía frente a todo intento de corrupción, pretendido desde el gobierno comunitario.

 

¿Pero por qué se forma el gobierno-botín? Se da por causa del rompimiento de la representación ciudadana en el seno del ayuntamiento. Regidores y síndicos, forman una camarilla hermética, dedicada a la gestión de intereses privados. Las cuestiones de interés público les son ajenas, secundarias e insubstanciales. No hay contrapesos que permitan el debate natural en un Cabildo. Nuestra clase política lleva lustros actuando en contra de los intereses de los habitantes de su vecindario. Y continúan viviendo entre nosotros sin mortificación alguna. Es una familia feliz.

 

¿Ante el negro panorama se puede reconformar la representación política de los ciudadanos en los ayuntamientos? Sí se puede, pero solo bajo una condición: llevar a cabo una reforma política que promueva una real participación de los electores en la postulación de las candidaturas, en el ámbito intrínseco de los partidos. Habría que abrir la postulación de candidatos internos, a un proceso de elecciones primarias.

 

¿Se ha advertido interés de establecer elecciones primarias obligatorias, abiertas a la ciudadanía, por el presente gobierno? No. No existe ninguna señal esperanzadora a ese respecto. Más bien se identifica una postura tendiente a conservar la partidocracia existente, que finalmente es la causante del desastre de las administraciones públicas, tanto las locales como la estatal. Seamos claros: la partidocracia liquidó a la democracia. Y Guanajuato es el reino del gobierno de camarilla y de la partidocracia más exquisita, dirigida por una sola voluntad… y no es la del actual gobernador. 

 

Así la seguridad pública, que permita una vida en paz para el pueblo de Guanajuato, está más lejana que cualquier galaxia del universo. La conclusión es lacerante y dramática: no quiere (lo pongo en singular). La apuesta es que todo siga igual. Nada importa la violencia brutal que padecemos. ¡Terrible!

CONTRA LAS DICTADURAS PARTIDARIAS

CONTRA LAS DICTADURAS PARTIDARIAS

Carlos Arce Macías

A tan solo una semana de la jornada electoral más grande de la historia mexicana, en dónde serán electos un sinnúmero de cargos entre miles de candidatos participantes, una cosa queda clara y nítida: el sistema de partidos, en México, no funciona, se encuentra atrofiado, y no produce políticos potables para la ciudadanía.

Independientemente de los resultados, habrá que iniciar una profunda recomposición de los partidos políticos. El cinismo con que la partidocracia reinante actuó, no es tolerable, porque significa la renuncia a los métodos democráticos, frente al establecimiento de un régimen autoritario deplorable. Instalar desde las jerarquías partidistas procedimientos de designación a dedo, rompe toda posibilidad de un gobierno representativo y esfuma a la democracia.

Recapacitemos, nos sobran dedos para contar a los empoderados personajes, directivos de partidos, que se han transformado en factótum para decidir todo tipo de candidaturas en juego. Eso no puede ser un designio del pueblo. Se trata de dictaduras partidistas, que al eliminar las contiendas internas dentro de sus partidos, abandonan todo atisbo de participación ciudadana para elegir a los mejores candidatos de cada formación política. Los que ganarán la contienda interna son los incondicionales del líder, los que con actitud perruna, mueven la cola y lamen la bota, los siervos de la indignidad.

El sistema de partidos es el equivalente en la vida política a la función biliar en la fisiología humana. El hígado es el filtro del cuerpo, el laboratorio interno que elimina las toxinas y almacena nutrientes previamente purificados. Expulsa las substancias malignas y permite el paso del alimento convenientemente sintetizado. Lo bueno pasa, lo malo se criba y se elimina desde el interior de esta glándula.

Pues bien, los partidos son el hígado de un sistema político, pero en nuestro país no están realizando esa función: retiene lo bueno y franquean el paso a lo malo. Los prospectos políticos positivos son frenados en las entrañas partidistas, para postular a los precandidatos mentirosos, tramposos, traicioneros y corruptos. Pocas son las excepciones.

Y es que así no se puede sostener un sistema democrático. Los partidos que deseen sobrevivir, deben realizar ajustes radicales en varios flancos, el primero consiste en abandonar el modelo de partido catch-all (atrapa todo), que lanza por la borda toda su carga ideológica para vender candidatos simpaticones, que “enganchen” con el público, proclamando irresponsablemente promesas inviables, pero que a la gente le guste oír. Lo importante es ganar la elección a cualquier costo, incluyendo la sublimación de la mentira sobre la verdad.

Otro reto es el de confrontar, en el seno partidista, la desbordada corrupción que ahoga a las formaciones políticas.  No es casualidad que los partidos estén en el peor lugar de la confianza ciudadana, junto con la policía. La corrupción partidaria se bifurca en dos caminos: el inicial es la mentira. A los políticos no les importa mentir con tal de ganar un proceso electoral, un debate o la estridencia en las redes sociales. Han abandonado el sentido de responsabilidad y la obligación con la verdad. Dejan de lado la parresía, aquella obligación en la Grecia antigua, que obligaba a sus políticos a hablar apegados a la verdad. El filósofo francés Michael Foucault, la describe con su punzante pluma:

“En parresía, el hablante usa su libertad y elige la franqueza en vez de la persuasión, la verdad en vez de la falsedad o el silencio, el riesgo de la muerte en vez de la vida y la seguridad, la crítica en vez de la adulación y el deber moral en vez del auto-interés y la apatía moral”.

Quedamos, recapacitando en estas frases de Foucault, ante el big bang de la política, el origen de la actuación de un político serio, digno y responsable, sustentado en fundamentos morales. Sin estos atributos, no se puede hacer buen gobierno. Las contiendas internas quedan reducidas a compromisos de votos y respaldos mutuos entre manipuladores. Pura bazofia despreciable. Por eso es urgente implantar el método de competencia interna en los partidos, de forma obligatoria. Se trata del único camino que permitirá establecer entre los militantes virtudes cívicas importantísimas para lograr la postulación de los mejores candidatos de cada agrupación política. Los partidos políticos deben ser escuelas de ciudadanía y compromiso democrático.

El  segundo camino de la corrupción es la distorsión de la función legislativa. Su deber es contrapesar al ejecutivo. Para lograrlo se debe modificar la actual actitud sumisa de los legisladores hacia el Presidente de la República. Gran parte de los diputados y senadores son cohechados a través de fondos de gestión millonarios lo que les permite obtener pingües ganancias y “moches”. Se trata de la instalación de la corrupción rampante en el Congreso, para neutralizar a la oposición y controlar al grupo parlamentario oficialista. Se necesita prohibir la gestoría a los representantes, para que se concentren en las actividades legislativas, más, cuando ya podrán optar por la reelección. Es urgente esta medida porque las directivas de los partidos, también utilizan estos perversos mecanismos para manipular a sus legisladores, contribuyendo a la instauración del liderazgo personal partidista.

Es por todo esto, que las reformas legales que constriña a los partidos a realizar elecciones primarias y la veda de la gestoría, resultan urgentes para empezar a cambiar las condiciones de zahúrda que presenta nuestro ambiente político. Que se abra el debate entre precandidatos, que se digan sus verdades, que los falsarios acaben anzueleados por sus mentiras –el pez por su boca muere-, y la parresía reine entre todos, en tanto los congresistas se dedican a legislar y exigir la rendición de cuentas de los otros Poderes. Ese sería el albor de una mejor clase política mexicana.

@carce55

PITUFEO

Carlos Arce Macías

Vivir para fregar al prójimo, y sobre todo a los que menos tienen, a la parte más vulnerable de la sociedad, no es una buena cosa. Y eso es algo que ha venido sucediendo, desde tiempos inmemoriales, con nuestra “clase política”, constituida por un amplio grupo de personajes, que viven de las actividades que deberían de ser las más honorables y dignas:  el manejo de los asuntos públicos y de la organización y dirección de nuestra sociedad.

Sin embargo, es esta misma “clase política”, la que se ha sofisticado, cada día más, en desfalcar las arcas públicas, para, con diversos procedimientos más o menos complejos, robarse el dinero y la esperanza de la gente. Son unos patanes.

En la extensa “industria” de utilizar la posición política para enriquecerse por diversos caminos, todos ilegales, la clase política mexicana ha encontrado el acceso a enormes “ganancias”. Esta lucrativa actividad, es realizada desde todas las organizaciones políticas. El funcionariato, tienen un gran pretexto para comportarse de esa manera: todos lo hacen y se requiere meter la mano al cajón, para mantenerse en la cima; esto es, para ganar y detentar el poder, dentro de un sistema democrático, que requiere ganar elecciones a cualquier precio. Así es usual que la gran mayoría, sin escrúpulos, haga negocios desde el poder, obteniendo recursos de procedencia ilícita para utilizarlo en campañas políticas y enriquecerse.

Una vez que han expoliado los recursos del Estado, comienzan un largo y sinuoso camino en donde coinciden con otras organizaciones criminales: terroristas y narcotraficantes. Se trata del lavado del dinero sucio, para introducirlo a mercados formales, y que desde allí pueda ser utilizado sin ningún riesgo.

Ese fue el problema que enfrentó la mafia americana en los años treinta del pasado siglo, para formalizar sus utilidades, originadas por el trasiego de alcohol y extorsiones. El camino que encontraron fue el de comprar un gran número de restaurantes que simulaban obtener enormes ganancias. Pero una investigación del FBI, ideó que la manera de calcular el número de comensales que acudían a estos negocios, era mediante el análisis de la cantidad de manteles que eran enviados a la lavandería. Así se evidenció que los ingresos eran falsos, y en ese caso, Al Capone fue encarcelado por fraude fiscal. De ahí derivó la expresión “lavado de dinero”.

Sin embargo, la practica de lavado, no fue penalizada sino hasta 1986 en Estados Unidos. Los fiscales de Miami, iniciaron entre 1982 y 86 la “Operación Greenback”, en donde intervinieron diversas agencias del gobierno federal americano, para atacar y desfondar el trasiego de los narcotraficantes colombianos, logrando incautar decenas de millones de dólares. Durante esa operación, un asistente del fiscal, Gregory Baldwin, ahora reconocido especialista, a nivel mundial, en lavado de activos ilegales, se refirió al procedimiento utilizado por los cárteles colombianos, como “pitufeo”. El término se relacionaba con los conocidos enanitos azules, pertenecientes a una comunidad secreta muy trabajadora, ilustrados por el artista belga Pierre Culliford, conocido como “Peyo”.

Pitufear, significa fraccionar substanciosos depósitos de dinero, en pequeñas cuentas que no llamen la atención del sistema bancario. Si a ello agregamos la transferencia de esas cuentas a bancos de diversos países y paraísos fiscales para diluir el origen de los recursos, y finalmente triangularlo entre empresas “fantasma”, que solo se utilizan para reintegrar los fondos al mercado, operadas por prestanombres, conseguiremos tener el mapeo completo de un sofisticado método de lavado de dinero.

A partir del caso Chihuahua, el gobernador Corral ha expuesto el fenómeno de triangulación de recursos ilegales para aterrizarlos en partidos políticos. La llamada “Estafa Maestra”, ha desnudado  múltiples acciones para limpiar cerca de 8,000 millones de pesos de dinero sucio desde el gobierno Federal. Recientemente el caso Robles, ha identificado los métodos que en SEDESOL y SEDATU se utilizaron para transferir, fraccionar e integrar al mercado 2,130 millones de pesos utilizando 126 empresas fachada. Puro blanqueo.

Y la larga mano del lavado de capitales ha tocado una fibra sensible en esta campaña electoral: al candidato del Frente por México. Hasta ahora solo existen señalamientos políticos sobre su involucramiento para lavar más de 50 millones de pesos a través de una red bien organizada y que opera especialmente en España. Por cierto, el país ibérico se ha caracterizado por los múltiples casos de corrupción política, y especialmente de lavado de activos, que han llevado acabo políticos deshonestos, utilizando Andorra y Gibraltar para perder el rastro de la procedencia de dineros. Mala referencia.

El señalamiento es gravísimo, amplificado por la utilización indebida de la maltrecha Procuraduría General de la República (PGR), para atacar a un adversario político del actual gobierno. A ello se aúna el uso de la Unidad de Investigaciones Financieras (UIF), con fines electorales. Pronto será la hora de repensar la ubicación de esta estratégica entidad, de como reasignar sus funciones y establecerle obligaciones de aportar información al Sistema Nacional Anticorrupción, para combatir seriamente las redes que operan en el país.

Pero más allá de esto, y de que los antecedentes del candidato frentista no son los mejores, por su participación en el escandaloso caso de “los moches” en la trágica LXII Legislatura Federal; para poder limpiar su honra, debería acudir con algún bufete externo, especializado en lavado de dinero, para que proporcione una opinión experta e independiente sobre el caso. Gregory Baldwin, podría ser una buena opción, sabe de pitufeos, está en Miami y es un experto mundialmente conocido.

@carce55

Columna dominical de AM LEÓN, publicada el 4/03/2018.