EGO Y GOBIERNO

Carlos Arce Macías

Inmersos en las redes sociales, poco a poco hemos perdido conciencia de la intimidad, de hacer cosas que se guarden celosamente en el ámbito personal y que no tienen que ser conocidas por extraños. Pero a muchos ha alcanzado el reflejo inconsciente de compartir todo cuanto hacen. Ahora, de pronto las familias se ven expuestas en plataformas sociales; cuanto evento hay se fotografía y comunica… y más allá, se comentan públicamente hasta íntimos sentimientos, la mayor de las veces infestados de empalagosa cursilería. Pero esa es la nueva realidad que nos ha tocado vivir, y en ella estamos sumergidos. Se evaporó el recato que imponía la vieja sociedad.

Interesa por lo pronto explorar este fenómeno en relación con la vida personal de nuestros gobernantes y representantes, analizando algunos de sus efectos. Mientras una persona común desee desnudar su vida ante un público electrónico, allá ellos. ¿Pero que sucede con los políticos?

El éxito de algunas candidaturas ha llevado a una parte importante de la clase política ha intentar transformarse de personalidad pública a “influencer” mediático. Muchos hacen el más deplorable ridículo, unos pocos logran llamar la atención, y prácticamente nadie consigue comunicar cuestiones trascendentales por las redes sociales, aunque quisieran parecerse a los expertos en un campo de conocimiento específico, como los médicos frente a la presente pandemia, que en redes, han hecho maravillas.

Confundir la República con monarquía

Pero volvamos a los políticos, especialmente a aquellos que ocupan cargos ejecutivos o de representación. Los vemos montando a caballo, tomando una bebida a la orilla del mar, acompañados de sus parejas sentimentales, rodeados de sus hijos en ágapes familiares, de visita con sus progenitores, o de viaje en Las Vegas, etc. Tratan de compartirnos su vida que antes era privada para procurar despertar confianza, el alimento de la política, y simpatía, para lograr votos futuros.

Desde las campañas electorales, el conocimiento de una pequeña dosis de la vida familiar de un político ha sido recomendado por los expertos. Pero consideramos que se han cruzado límites que rayan en la exageración, al tratar de comunicarnos cada suceso que les acontece. Fotos y videos, que son crónicas de cada paso que dan día a día; que lo único que logran es el hartazgo ciudadano. ¿Para que necesita la gente común enterarse como comió o bebió café un funcionario? ¿Qué necesidad de avisar que ya ha llegado a la oficina o va saliendo luego de trabajar su jornada laboral, o qué marca de ropa y accesorios portan en cada jornada? El cúmulo de imágenes del rostro del funcionario, poco a poco sepulta el mensaje político y gubernamental que debería privilegiarse.

Porque todo este tropel de información y efigies que se vierten hacia la sociedad, requieren de un trabajo exhaustivo de los equipos de comunicación, que significa un alto costo al erario. ¿Acaso han visto una mala foto originada desde un departamento de comunicación social? Todos guapos, gracias al photoshop que altera la realidad (y de qué manera), siempre impecables, trabajadores enjundiosos, amables, abrazando infantes y desbordando simpatía.

Pero los efectos de este tipo de comunicados no son muy halagüeños, porque requieren mucha energía diaria y tiempo desperdiciado en la hoguera de vanidades, en donde arden recursos públicos. El Estado de Guanajuato gasta a diario un millón de pesos en medios y parte de estos costos son en imagen del gobernante. Absurdo.

¿Han visto a Ángela Merkel abrazada amorosa de su marido o rodeada de amigos en festejos familiares? ¿A Macrón? ¿A Biden? Deberíamos tomar buenos ejemplos y hacer razonar y cambiar a nuestros dirigentes. La comunicación descriptiva de cada paso que dan por la vida es tóxica; mejor hay que transformarla en una herramienta de gobierno para informar de manera clara y transparente las decisiones que se toman y los riesgos que se encaran en el desempeño de la función pública.

Debemos reflexionar más a cerca de la sobre exposición de los políticos. ¿Qué no tienen trabajo? Los ciudadanos no quieren ver a sus gobernantes a toda hora, solo se les exige que tomen las decisiones correctas y honestas, que se requieren para construir un buen gobierno.

Gobernadores en cuaco, mostrándonos sus dones en equitación, los diputados en fiestas de disfraz con sus parejas, algún alcalde transformado en Rey Mago o Robocop, resultan patéticos. Mejor hagan bien su chamba. Entiendan, solo nos importa la calidad del gobierno que encabezan. Su ego agravia.

Sobre exposición en redes

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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