PROFECO EN EL DILEMA

Carlos Arce Macías

La Procuraduría Federal del Consumidor (PROFECO) se encuentra en un dilema. Su actual procurador prefiere defender a la CFE y no a los consumidores. Su obligación no es controlar precios, está proscrito con excepción del gas, sino evitar abusos.

Antes, con colores “no oficiales”

Ahora paso a un relato biográfico que les puede interesar. Mi primer contacto con la Comisión Federal de Electricidad (CFE) fue durante mi participación en el LVII Legislatura Federal, cuando casi al final del trienio, el presidente Zedillo mando un mensaje al grupo parlamentario del PAN: había posibilidades de sacar la Reforma Eléctrica y nos conminaba a hacerlo. Pero el grupo se encontraba exhausto, las duras batallas por cambios legales, aprobaciones de presupuesto y el FOBAPROA, habían consumido al batallón panista que le había tocado inaugurar los gobiernos sin mayorías absolutas a nivel federal. ¡Cuántos problemas nos hubiéramos ahorrado, y cuantos cambios hubiéramos propiciado, de haber logrado procesar esa reforma doce años antes! Le hubiéramos ahorrado al PAN los moches.

Mi segundo asunto con la CFE se dio desde la Comisión Federal de Mejora Regulatoria (COFEMER), la cual dirigía. La corporación eléctrica intentaba, a sangre y fuego, la aprobación de un decreto para aumentar las tarifas. El problema es que se negaba a compartir la fórmula para establecer dichos cobros. La receta era secreta, claro, en perjuicio de los usuarios. Nos negamos a permitir su publicación, estableciéndose una relación muy hostil con su director, que en perjuicio de los consumidores acabó logrando su aprobación por “orden superior”. La explicación era sencilla: CFE se resistía a evidenciar los costos de su ineficiencia y de las enormes cargas de pensiones que se veían reflejadas en la fórmula. Así las cosas.

Desde marzo de 2004 a noviembre de 2006, me hice cargo de la Procuraduría Federal del Consumidor. Allí asumimos la defensa de los compradores. De inmediato enfrentamos una dura realidad. Los peores agravios y abusos contra los particulares se cometían desde el gobierno. Los dos monopolios, la Comisión Federal de Electricidad y Petróleos Mexicanos(PEMEX), eran el origen de la mayoría de las conductas abusivas generadas por los proveedores. Contra los discursos oficialistas, hay que ser muy claridosos y no permitir el engaño. Las empresas estatales, concentran tanto poder de mercado, cuando no son acotadas por una competencia eficaz, que destrozan a los consumidores sin piedad. Son soberbios y delirantes. Capaces de doblar al mismo Ejecutivo Federal.

Así, por ejemplo, nos vimos las caras con PEMEX que era el primero en no surtir litros de a litro a su red única de gasolineras. Luego estas recuperaban con creces la merma, robándoles a los automovilistas mediante la alteración electrónica de las bombas, para que surtieran de menos. Los transportistas se vengaban de estas acciones prefiriendo consumir en el mercado informal un nuevo tipo de combustible adulterado, que luego fue bautizado como guachicol. Permitir desde la propia empresa todo esto nos condujo al desastre.

En el caso de la CFE, siempre se enfrentó la resistencia para negociar los miles de casos de reclamos por año. Hay que denunciarlo: ellos no se deben a sus clientes. Sus verdaderos dueños son sus directores, altos funcionarios y el sindicato. Anoto: en aquella época la cuestión se agravaba más porque la zona centro del país, era atendida por la infausta Compañía Luz y Fuerza del Centro y su terrible sindicato, el SME.

La empresa con más quejas

Por lo menos, durante el periodo 2000-2006, el director de CFE hizo esfuerzos para mejorar el servicio de pago y marear a sus colegas con el lema: “Una empresa de clase mundial”. En verdad, CFE se encontraba muy lejos de las grandes empresas, incluso de su tipo como “Electricité de France”, cuyos datos de regularidad en el suministro y calidad de voltaje, cotizaba muy por encima de los números de “nuestra” afamada CFE de clase mundial. Engañaron a todos.

La PROFECO, nunca será una instancia que pueda enfrentar a una corporación con poder de mercado dominante como PEMEX o CFE. Sus tres mil empleados dispersos por el territorio nacional son insuficientes para atender las quejas de los millones de usuarios. Pero lo más importante, frente al presidente de la República, el Procurador del Consumidor perderá la partida contra los directores de CFE y PEMEX, la concentración de poder que poseen es enorme y el animal que embiste, es bravo y salvaje.

Por todo esto considero que la PROFECO debería ser la más interesada en preservar y profundizar los mercados abiertos de energía, en beneficio de los consumidores. Un ejemplo está a la vista, el de las grandes corporaciones que pudieron dejar de comprarle a CFE y que pagan menos por su electricidad, ¡suertudos! Mientras el resto, sujetos a la Comisión de Electricidad cargamos con sus ineficiencias, excesivas cargas laborales y las oxidadas ideas de Barttlet. A él se le puede caer el sistema eléctrico… sabe de eso.

Verdugo de sistemas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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