ELECCIONES SUCIAS

Carlos Arce Macías

Se va el señor Mauricio Guzmán Yáñez. Cumple su período final al frente del Instituto Electoral del Estado de Guanajuato (IEEG), pero antes, nos sorprende con una reflexión brutal: es más fácil dirigir a los internos y custodios de un CERESO, que al IEEG. Habiendo sido director de reclusorios, posiblemente por la semejanza en los temas, arribó al Consejo General del Instituto. Funcionario de larga trayectoria en diversos puestos, relata como su trabajo lo llevaba a dormir muy poco, hasta llegar a pasar cuatro días seguidos en vela, resolviendo los agobiantes problemas que las elecciones le plantearon. Debemos de agradecer su atingencia y esfuerzo.

CERESO

Hace treinta años, luego del batidillo de la elección de 1991, el problema más crítico que tenía enfrente el gobernador Medina Plascencia era el de dotar a Guanajuato de una institución que garantizara elecciones limpias y organizadas profesionalmente. El Congreso de Guanajuato y el gobierno, se dieron a la tarea de tomar referencias internacionales para replicar buenas prácticas en la futura legislación electoral. Fue así como el politólogo americano, que estuvo siguiendo la campaña de Vicente Fox, Andrew Reding, del World Policy Institute, recomendó no tomar como referencia a los Estados Unidos (“somos muy malos para hacer elecciones” sentenció.) en cambio propuso que se volteara a ver a centro y sudamérica. Y eso se hizo.

En 1997 se estableció contacto con el Instituto Interamericano de Derechos Humanos, que dirigía Doña Sonia Picado, destacada política costarricense. Desde ahí, con la colaboración del Tribunal Electoral de Costa Rica, dirigido por Don Rafael Villegas Antillón, se preparó una visita a los órganos electorales de Costa Rica, Chile y Uruguay. Estos tres cuerpos administrativos operan de forma ejemplar la organización y fiscalización de elecciones en sus respectivos países. De esa gira se obtuvieron bibliografía, asesorías y conocimiento de buenas prácticas en materia electoral, que luego se refrendaron en un importante congreso sobre el tema, para recalar, finalmente, en una legislación electoral de avanzada. El objetivo era entregar a los ciudadanos de Guanajuato procesos electorales incontrovertibles y limpios. Y así sucedió en 1995. Las elecciones, organizadas por un Consejo Ciudadano, a cargo del nuevo Instituto, resultaron exitosas. Medina, el PAN y muchos ciudadanos involucrados en ese esfuerzo como el ingeniero Hugo Villalobos, quién presidía el órgano electoral, organizaron unas elecciones impolutas, sin mácula. Había valido la pena el esfuerzo.

Mientras el órgano electoral estuvo a cargo de ciudadanos, que interponían la honra personal como garantía de un desempeño impecable, el modelo funcionó. Pero la reforma electoral de 2014, que “profesionalizó” los órganos electorales, alejó a los ciudadanos y cinchó a los institutos electorales a estar a cargo de “especialistas” formados dentro de las propias burocracias internas. Así llegó el señor Guzmán al IEEG.

Ya desde antes todo comenzaba a cambiar. Las elecciones se salieron de cauce, los comicios de 2012 fueron un festín de compra y condicionamiento de voto, las televisoras adoptaron al copetudo candidato priísta y lo posicionaron como héroe de telenovela, en el ánimo de los electores. En Guanajuato, el gobierno decidió inyectar recursos para comprar votos y competir con las mismas armas, convirtiendo los comicios en un herradero. Ganó quien más recursos, extraídos de las arcas públicas, aplicaba a su organización, campaña y adquisición de voluntades.

Ahora, la fiesta continúa. Las dádivas se distribuyen sin freno. Las administraciones solo son la fuente de recursos ilegales para ganar elecciones a como sea. En tal desorden, en donde los contratos llevan sobreprecios y los gastos se dirigen a empresas fantasmas que luego suministran el combustible para operar campañas a punta de dinero, la democracia languidece y los partidos se corrompen a niveles inéditos. En ese trafique nos encontramos.

Las nimiedades con que tropezó Guzmán, y que le hicieron perder horas de sueño, fue tan solo el registro de candidatos; no la compra de votos, la distribución de calentadores solares, estufas ecológicas, sacos de cemento, láminas, varillas y despensas, en las colonias suburbanas de Puentecillas, allí en las cercanías del propio IEEG. De eso no se percató nunca, durante varios lustros y con la experiencia de haber organizando seis elecciones consecutivas. Y mientras él se preocupaba por registrar candidatos, los partidos políticos, continuaban, eufóricos, constituidos en una enorme red de corrupción, negociando resultados electorales, ofreciendo puestos, capturando opositores y nulificando la verdadera voluntad ciudadana. La democracia se nos fue al diablo.

 

Sin verdadera democracia

 

 

 

 

 

 

 

 

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