INGENIERÍA Y CIENCIAS ¿EL FEDERALISMO AL RESCATE?

Carlos Arce Macías

 

Luis Herrera Estrella es uno de los científicos más prominentes del país, especializado en las áreas de genética y biología molecular. Formado en el Centro de Investigaciones y Estudios Avanzados del Politécnico (CINVESTAV) y doctorado en la Universidad de Gante, fundó en 1986 en la unidad de Irapuato, el Laboratorio Nacional de Genómica (LANGEBIO). Es Premio Nacional de Ciencias y Artes 2002, Medalla de Oro al mejor inventor de la OMPI y es miembro de la Academia de Ciencias de Estados Unidos, entre muchas otras distinciones. Él y su equipo han generado 14 patentes. Entre los que conocen a profundidad el mundo de la investigación, saben que se trata de uno de los científicos mexicanos más cercanos al premio en ciencias más ambicionado a nivel mundial: el Nobel.

 

Pues bien, el doctor Herrera Estrella nos abandona. Deja Guanajuato, no sin el compromiso de seguir cercano, al ya famoso LANGEBIO de Irapuato. Parte a la Universidad de Texas Tech (TTU), en donde han conformado un gran laboratorio para el destacado científico mexicano: el Centro de Genómica Funcional del Estrés Abiótico. La construcción del Centro requirió de la disposición de un fondo de diez millones de dólares, compuesto por aportaciones de la TTU y de una bolsa del gobierno estatal llamada: Iniciativa de Investigación Universitaria del Gobernador de Texas (GURI). Esta agresiva política científica, implementada por el ejecutivo texano, pretende trasladar a ese estado, a los mejores investigadores del mundo en las áreas de ciencias, tecnologías, matemáticas, medicina e ingenierías. No se andan por las ramas, y están dispuestos a gastar lo necesario para mantenerse en las mejores posiciones mundiales en el ámbito de la ciencia, tecnología e innovación.

Herrera es una estrella en el campo de la biología, y dentro de ella, de los transgénicos. Su más reciente aportación ha sido el descifrado del genoma del aguacate tipo Hass. ¿Para que sirve esto? Sencillamente se trata de la generación de una “plataforma tecnológica”, que con base en el conocimiento del genoma del aguacate, podrá mejorare el cultivo de este producto de manera exponencial. Por ejemplo, se puede diseñar un árbol más resistente a las plagas, así como el mejoramiento de la calidad del fruto, haciéndolo más competitivo a nivel mundial. Las ventajas para nuestro país, con el desarrollo de esta tecnología, pintan un futuro promisorio.

 

El doctor Herrera es el modelo de científico que mas hace falta, no solo en México, sino en el mundo. Con sus patentes ha producido conocimiento, pero también valor agregado. En pocas palabras, ha generado riqueza.

Y hace bien el destacado académico en buscar la paz y libertad de un laboratorio avanzadísimo en Texas, en tanto pasa el feroz ataque del presidente de México en contra de los científicos y tecnólogos mexicanos. Mientras que en otras latitudes se apuesta por cuantiosas y constantes inversiones en ciencia y tecnología, nuestro presidente se extasía ante una vetusta prensa de madera (trapiche), accionada por la fuerza de una mula, para extraer el jugo de la caña, anunciando que ese es el tipo de esfuerzos que su gobierno apoyará, en tanto recorta presupuesto a las universidades y centros públicos de investigación.

Y mientras el tabasqueño acompaña a la mulita a dar vueltas al rechinante molino de madera, la directora del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) arremete contra los científicos, recorta programas y persigue a sus colegas expertos en transgénicos. Así lo hizo al defenestrar a la doctora Beatríz Xoconostle como directora del Centro de Investigaciones de Yucatán (CICY), por dedicarse a la biotecnología de transgénicos. También trae guerra declarada contra los miembros del Foro Consultivo Científico y Tecnológico, por su posición crítica en contra de una exótica iniciativa de Ley de Ciencia y Tecnología, impulsada desde el propio CONACYT. 

 

Para Álvarez Buyllá, científica ideologizada por un credo new age, que apuesta por los conocimientos ancestrales y la producción orgánica; el desarrollo de los organismos genéticamente modificados es pecado. En otro flanco, su aspiración es el desarrollo de una ciencia nacionalista, confinada a los esfuerzos internosdel país, que solo provocará la destrucción del sistema de ciencia y tecnología de México y su desvinculación con el exterior. La ciencia es global.

 

Ante tal desvarío, solo el federalismo mexicano, presenta una oportunidad de actuar, para rescatar parte de desarrollo científico de avanzada y la innovación. Así como el gobernante texano Gregory Abbott ha reaccionado al reto que nos plantea el futuro, en México, los gobernadores de los estados que han fincado su economía en el comercio internacional y la manufactura de punta, tienen una oportunidad de oro, para impulsar proyectos y atraer a los  científicos herejes de la ciencia oficialista, que, en la línea del doctor Herrera Estrella, produzcan valor agregado con sus investigaciones. 

 

Hoy en día, acumular capital científico es una de las mejores inversiones de un gobierno. Pero salir a festinar un cambio de modelo para pasar de la manufactura a la mentefactura, es una temeridad, en una sociedad que no reúna altas capacidades en ciencias e ingenierías. Desgraciadamente, hemos aprendido que solo la religión predica milagros; en el mundo real, las transformaciones de fondo, requieren largos procesos de capacitación y enseñanza, imposibles de realizar de la noche a la mañana. Hay que formar una élite de científicos e ingenieros que sostengan el cambio y la innovación que se pretende, o importarlos de otros países y permitir su adaptación, que no será rápida, a las condiciones de cada región.

 

Pongo un ejemplo: la industria automotriz. En los próximos cinco o diez años, el automóvil sufrirá grandes transformaciones. Pasará de ser una máquina de combustión, a transformarse en un motor eléctrico rodeado de software. Esto significa un cambio radicalen la producción de automotores. Las potencias tecnológicas mundiales nos llevan décadas de ventaja. ¿Cómo enfrentará esta transformación la región  Centro-Bajío-Occidente (Jalisco, Guanajuato, San Luis, Aguascalientes y Querétaro), sin el suficiente capital humano, que cuente con capacidades científicas y de ingeniería, para tomar el paso de las nuevas invenciones en el sector?

 

El problema resulta difícil de resolver. A nivel del gobierno central, poco habrá de rescatable, aparte de los trapiches tradicionales y las ceremonias a la madre tierra. Ellos tienen otros datos. Por su parte, los estados engarzados a la economía mundial, altamente exportadores, deberán invertir en generación de capital humano, que pueda solventar el reto, y fundar las bases de una emergente economía del conocimiento, asentada en sus territorios.

 

Greg Abbott , el gobernador texano, lo otea asertivamente desde Texas; no se si los mexicanos, especialmente los de la Alianza Centro-Bajío-Occidente, adviertan con claridad el reto y decidan intentar acrecentar los núcleos de ciencias e ingenierías en su región . Si quieren seguir haciendo lo mismo, desde gobiernos tradicionales, huraños y medrosos, concentrados en la obra pública habitual, y bajo la influencia anticientífica de un gobierno central autoritario y torpe, poco se avanzará. 

Por lo pronto, despidámonos, agradecidos, del doctor Herrera Estrella, deseándole que cultive muchos éxitos. Ojalá la apuesta por la ciencia, la tecnología y la innovación, fueran prioridad para nuestros gobiernos federal y estatales. Sin embargo el panorama es tenebroso y desesperanzador. Así estamos, hasta ahora, no hay valientes en el horizonte.

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