COMO EN FERIA

Carlos Arce Macías

No por nada, el PAN bascula sobre las espaldas de Juan Carlos Romero Hicks. Hoy la imagen de Acción Nacional, puede identificarse en el discurso del diputado guanajuatense que, mediante disertaciones bien pensadas y bien expresadas, responde una y otra vez a la sarta de ocurrencias gubernamentales, que cada mañana se lanzan para acrecentar el caos en el que nos vamos sumergiendo. Bajo sus críticas certeras y agudas, les va como en feria a sus adversarios.

 

Pero su función no es fácil. Ahora, hacer oposición, significa caminar en el desierto. Hay que sufrir soledades y realizar esfuerzos sobre humanos, para ir convenciendo, con grandes dificultades, a los ciudadanos que han sido cruelmente engañados. Hay que decirles que el paraíso prometido, cada día es más lejano; que la economía se nos esfuma ante la desconfianza generalizada; que el gobierno ha perdido talento y potencia a base de hachazos diarios, en contra de una burocracia federal, aterrada por cualquier sentencia matutina.

 

Hay que aclarar al esperanzado “pueblo bueno”, que su ingenuidad ha encumbrado a un irresponsable, para hacerse cargo del timón de la nación, mientras en unos cuantos meses, la delincuencia prolifera, los hospitales públicos se vuelven mudos testigos de la muerte y la enfermedad, y la ciencia y tecnología languidecen a base de una política enjundiosa de recorte presupuestal y persecución demencial. De migración, ya mejor ni hablamos.

 

Romero Hicks, desde su experiencia como rector de universidad, gobernador de estado, director del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología y senador de la República conoce de cerca la dificultad para construir políticas públicas sólidas de asistencia médica, de seguridad, de fomento científico y tecnológico. No le cuentan cuentos, ni venden espejitos. Sabe más que ellos, que los de la cuatro té.

 

Por eso su voz y sus acciones parlamentarias se convierten, cada ocasión que toma la palabra, en tiros de precisión sobre un gobierno sin rumbo definido, uncido a la voluntad de un personaje que se resiste a entender que la realidad es compleja, y no puede ser enfrentada con simpladas, salidas como de la chistera de un mago. La magia es engaño, por eso México se precipita al vacío.

 

Convencer a millones de electores, de que el milagro no va a ser posible, que no basta con creer para que algo suceda; que la voluntad presidencial no es capaz de transformar toda perversión de la noche a la mañana; que no basta la biografía de activista social para diseñar un gobierno eficaz para combatir una extendida red de complicidades para prevaricar y hacer negocios desde los gobiernos, no resulta fácil de explicar al ciudadano común. Es una ruda y difícil tarea, para la que hay que prepararse.

 

De pronto, los mexicanos, deberán despertar y enfrentar el desasosiego de la esperanza segada. Se darán cuenta que en el gobierno, los milagros no existen. Que todo es resultado de un esfuerzo extraordinario, sostenido durante mucho tiempo, para obtener logros limitados pero permanentes. Que los pueblos solo pueden avanzar gracias a la designación de equipos de gobierno honestos, capaces  y persistentes, que puedan crear administraciones de alta intensidad, que bajo la luz de la inteligencia, puedan fijar con certeza el rumbo. Que el discurso de odio y revancha, los mensajes patrioteros y emotivos, son cuidadosamente dirigidos a la amígdala cerebral y tienen como efecto inmediato, bloquear las zonas de raciocinio de la mente, que traban las capacidades de pensar. Así los ingenuos acaban cinchados a la palabra, y desprecian los hechos, que, al final, son los que generan realidad. Solo así se explica como amplias capas de la ciudadanía optan por apoyar propuestas vanas, tonterías.

 

Un golpe tan duro es difícil de explicar. Más cuando el portador de la noticia, debe de poseer atributos muy encomiables, como la decencia y honradez, para no motivar mayor incredulidad. Para el PAN, significa lanzar a la hoguera la deplorable experiencia de cercanía y complicidad con el PRI. Renunciar a las componendas de antaño, a las fiestas tropicales, a las presidencias de comisiones desde donde se negociaban favores, a la aceptación de prebendas a cambio de la sumisión legislativa. Mea culpa, acto de contrición, genuina intención de retornar a los valores originales. Por eso hay que desterrar todo vestigio de la perversa alianza, pactada en lo obscurito.

 

En este peligroso momento para nuestro país, el PAN debe de ser oposición sin adjetivos. Duro, directo y sin concesiones, para poder convencer y reposicionarse en el ánimo de la gente. Exactamente como Juan Carlos Romero Hicks, hombre recto, lo hace desde su curul de diputado y a cargo del grupo parlamentario de Acción Nacional. Va bien.

 

Mientras tanto, un miembro del selecto grupo de diputados federales panistas, en el momento mas duro y cuando la batalla se vuelve fragorosa, opta por desertar, quitarse el yelmo, tirar el escudo y arrojar el peto. Prefiere el suave y mullido rincón provinciano, e intentar ser nominado para administrar los ánimos festivos del pueblo, dirigiendo una feria provinciana. Juzguen ustedes y el ayuntamiento, el temple del personaje. Decidan en libertad.

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