LA PEÑA EN EL ZAPATO

Carlos Arce Macías

 Al inicio de la transición democrática era utilizada una explicación sobre la segmentación ciudadana. La población se dividía entre unos pertenecientes al círculo rojo y otros al círculo verde. En el círculo rojo se incluían a los más activos, a participantes dentro de las organizaciones civiles, los influyentes empresarios, los políticos y líderes ciudadanos, dueños de un pensamiento crítico, que expresan, sin temores, sus puntos de vista. Nada los detiene para criticar a las autoridades, ni al mismo presidente. Por otra parte están los pertenecientes al círculo verde. Se trata de la población en general, cuyos afanes son el trabajo y la sobrevivencia en una sociedad que muestra enormes desigualdades. Ensimismados en su problemática, los quehaceres de la política les son generalmente ajenos y distantes. Solo las decisiones gubernamentales que les afectan de manera directa, les hacen reaccionar.

 

Durante los albores de este nuevo gobierno, el círculo rojo, que puede representar hasta al 20% de la sociedad, se encuentra enojado, agraviado, sulfurado por la cauda de decisiones y acciones destructivas que ha decidido  llevar al cabo el presidente López Obrador. Especialmente en redes sociales se puede seguir el debate diario entre chairos (con un alto número de bots oficialistas) y fifís. El agravio y la división están a flor de piel, acicateados por los descalificativos y acusaciones soeces que se lanzan desde los ejércitos electrónicos gobiernistas. Se va perfilando en esta violenta dicotomía, un país profundamente dividido y enconado, que se expresa especialmente en el twitter.

 

La rabia generada por la suspensión del nuevo aeropuerto y el irresponsable tiradero de dinero ordenado por el Ejecutivo Federal, fue solo el inicio. La escasez de gasolina, provocada por la ineptitud de los nuevos funcionarios de PEMEX alteró muchos ánimos, especialmente en la zona centro-occidente del país. A ello han seguido la suspensión del programa de estancias infantiles, de mujeres victimas de violencia, el desabasto de medicamentos en los hospitales, la suspensión del Seguro Popular… en fin. Un importante segmento de ese circulo rojo, abomina al presidente, mientras este se burla y se regocija endilgando adjetivos a sus críticos todas las mañanas, atizando, cada vez más, el hiviente caldero. Malo para México, el círculo rojo es un sector muy activo, dentro del cual se mueve una gran parte de la economía del país y la pertenencia de México, a un sofisticado y dinámico mundo globalizado.

 

Y en ese ambiente de confrontación, menosprecio e insulto, la memoria se pierde y los acuerdos inconfesables encuentran buen refugio. El ex presidente Enrique Peña Nieto y su pandilla duermen tranquilos luego de haber devastado al país. Seguro hasta tiempo tendrán para tomarse una buena siesta.

 

Peña Nieto, ha sido el presidente más corrupto de México. No todos sus colaboradores, pero sí su círculo más cercano de funcionarios selectos, se dedicaron al saqueo y la pillería con un descaro inusitado. El grupo de Atlacomulco, cuya labor ha sido el asalto a los presupuesto gubernamentales, regresó al poder, en 2012, con una consigna: reponerse de 12 años de abstinencia. La rapacería, adjetivo favorito de AMLO, fue su insignia y no dejaron títere con cabeza.

 

Por donde se revise, se encontrará el desvalijamiento al que fue sujeta la hacienda estatal. Y en eso, la supuesta oposición, fue su cómplice y seguramente, una parte de ella, partícipe en la expoliación. Los gobernadores, convertidos en modernos sátrapas, tomaron dineros del crimen organizado, lo ayudaron a lavar su dinero, asignaron obras sin licitación, contratos fantasmas, compras multimillonarias a consorcios farmacéuticos a precios estratosféricos. Entre la clase política, imperó el pacto de impunidad. Bajo el lema de “todos lo hacen”, imperó el dinero sucio en las elecciones, y con ello, la sustracción, a nivel industrial, de los dineros públicos. Muchos legisladores se batieron en la zahúrda del moche, eufóricos por “bajar recursos” para sus distritos, mientras el voto se compraba descaradamente a billetazos entre los sufragantes. ¡Un fiestón de corruptelas!

 

Y mientras eso sucedía frente a nuestras narices, desde los mecanismos del Estado para contener el pillaje, no solamente nada sucedía, sino que la inacción y modorra se esparcía a las auditorías y procuradurías estatales. Silencio y ceguera criminal. 

 

La corrupción ha desgastado a tal grado a la democracia mexicana, que la ha puesto en condición de anoréxica. El descontrol en el funcionamiento republicano ha sido inconmensurable, liderado por el PRI y Peña Nieto. Para enfrentar las elecciones presidenciales de 2018, seguramente la bolsa mal habida de recursos estaba atiborrada de efectivo. Al percatarse de la nula posibilidad de triunfo, decidieron abandonar a su candidato y repartirse los dineros entre la gavilla de incondicionales, en tanto se pactaba con el posible ganador.

 

El círculo rojo ha olvidado a Enrique Peña Nieto, en una especie de perdón anticipado. Obrador esta frenando al país con decisiones necias, pero el peñismo, fue la causa eficiente de la consolidación de López en la presidencia. El hartazgo ciudadano es la reacción al saqueo impune que realizó el ex presidente bajo la consigna de que la corrupción era natura mexicana. Ese hartazgo produjo la victoria morenista, porque todos los demás participantes estaban enfangados por la ladronería peñista.

 

Tristemente López Obrador asumió a plenitud las condiciones que le estableció Peña, pactando su exoneración a priori, a través de su canciller Videgaray. Así se entregó México, a cambio de impunidad para el presidente saliente y sus corifeos. El pacto de impunidad se revitalizó.

 

Con el fin de encubrir al ex presidente, se ha elaborado una narrativa tramposa, en la que la corrupción de otras gestiones presidenciales  se equipara al desbordamiento generalizado del último sexenio. Todo para encubrir las tropelías de Peña y su banda. A estos no se les molesta ni agrede cada mañana, solo comentarios marginales se les dedican. Es el nuevo pacto de impunidad.

 

Ahora la Secretaría de la Función Pública y la Unidad de Investigación Financiera (UIF), con furia inusitada,  investigan al titular de la CRE, motivada por una opinión que enojó al presidente. La furia se desato contra el funcionario. Mientras Peña Nieto, viaja, estrena novia y juega golf. Él feliz.

 

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