EL CORAZÓN VERDE DE GUANAJUATO

Carlos Arce Macías

Guanajuato es un estado que se ha hiperindustrializado. Basta subir al cerro del Cubilete, para darse cuenta de cómo ha cambiado el paisaje del Bajío. Las tierras de labrantío, han cedido su lugar a enormes extensiones de naves industriales. Las armadoras de vehículos se extienden en el horizonte. Pululan fraccionamientos para la industria. El verdor o los colores ocres de las tierras surcadas por los arados, han sido substituidas por largas techumbres blancas.

La industria ha multiplicado los empleos disponibles para los guanajuatenses y los mexicanos en general. El crecimiento económico de la región, puede compararse con el de las potencias asiáticas. Pero como en todo el mundo, el desarrollo fabril tiene un costo: el medio ambiente.

En los primeros meses de una nueva administración estatal, se ha instituido una nueva secretaría, la del Medio Ambiente y Ordenamiento Territorial. Se trata de una apuesta por el fortalecimiento de políticas públicas que venían postergándose, ante el ímpetu de la atracción de inversiones y las facilidades empresariales para ubicar empresas en el entidad y la expansión desordenada de las ciudades. Llevamos veinticinco años en un esquema constante de gran permisividad en materia medioambiental y urbana. La normatividad en estas materias ha sido, por decir lo menos, laxa. La fuerza política de las áreas de desarrollo económico y los poderes fácticos citadinos, han primado sobre los requerimientos de las disciplinas ecológicas y de sustentabilidad.

Cobra pues sentido, pensar en grande, para favorecer acciones que contribuyan a balancear el rezago medioambiental. Un impulso importante es la conservación de las sierras que hacia el norte, contienen el explosivo desarrollo urbano del rosario de ciudades que conforman el corredor industrial. Se trata de preservar, frente a las ambiciones de fraccionadores voraces y líderes sociales irresponsables, diversas áreas cerriles, que resultan apetecibles para desarrollar vivienda de alto rango, o bien propicias para que instalar campamentos precaristas. Así el desorden urbano se ha ido extendiendo por toda la región.

El Corazón Verde de Guanajuato, que la autoridad planificadora de Guanajuato ha preconcebido, es una extensa zona, susceptible de ser declarada como Zona de Reserva Ecológica. Bordeando el cinturón de ciudades, desde Celaya hasta Irapuato, todas las serranías hacia el norte deben ser protegidas. Sin embargo el punto más crítico se encuentra en el noroeste, exactamente en los bordes serranos con la ciudad de Guanajuato.

En el 2010, Guanajuato Capital vivió una tragedia urbana. Mediante una audaz y tramposa maniobra, explicable solo a través de actos de corrupción descarados, el ayuntamiento cambió el uso de suelo de terrenos, que son parte de las bufas que circundan a la ciudad en su cara sur. Irresponsablemente el cabildo generó una presión urbana sobre esos terrenos, que de inmediato quisieron ser aprovechados por sus orondos propietarios. Apareció entonces un emotivo e imprevisto movimiento ciudadano que paró en seco la iniciativa empresarial. Se realizó un plebiscito, que fue contundente: no al desarrollo urbano en La Bufa, Los Picachos y El Hormiguero. Luego siguió el Plan de Ordenamiento Territorial (POT), realizado por la UNAM, y por lo tanto blindado contra las presiones que intentaron ejercer los poderes fácticos de Guanajuato Capital. Toda la zona en disputa se pintó de verde.

Pero la ambición ciega y vuelve sandios a los humanos, y en este caso, a los directivos de una empresa constructora que es dueña de buena parte de los terrenos litigiosos, que no ceja, trienio tras trienio, en su obsesión por fraccionar los emblemáticos cerros guanajuatenses. Ahora, en connivencia con el nuevo alcalde, en una acción desesperada, intentan retomar el temerario plan,  que, de seguir esa ruta, acabará políticamente con el obcecado edil. Debemos advertir con contundencia y claridad: los guanajuatenses no son acreedores del apoyo millonario que el constructor realizó a la campaña del aspirante ganador, y por ello, se aprestan a la defensa de áreas que siempre fueron reserva ecológica. Se advierte también  al ofuscado constructor, que apoyar candidaturas a cambio de negocios futuros resulta altamente riesgoso cuando la ciudadanía está activa y organizada. Duro aprendizaje.

Pero también debemos señalar que las responsabilidades del gobierno del estado, se encuentran más presentes que nunca. El gobernador Diego Sinhué Rodríguez debe afrontar el reto con prontitud. Una buena señal sería decretar el acceso Diego Rivera como una “carretera escénica”, cuya finalidad exclusiva es la conexión directa entre el casco antiguo de Guanajuato, con el desarrollo de la zona sur, a la vez que permite admirar los cantiles de los cerros que circundan la ciudad. Como consecuencia de ello, se establecería la prohibición de cualquier conexión de otra vía con dicha carretera. El decreto ordenaría la colocación de una  cerca perimetral para garantizar la condición escénica de la carretera. De esta forma, se suprimiría, de plano, la plusvalía que esta obra generó sobre los terrenos adyacentes. Justicia, no divina, sino administrativa, que los guanajuatenses agradecerían, de corazón, al nuevo gobernador.

Debemos profundizar en la reflexión, el mensaje principal es entender que lo importante del tema trasciende al municipio de Guanajuato y a la mezquindad de su alcalde; la problemática no se ubica solo en unos cuantos terrenos, sino en la contención general de todos aquellas zonas que intentan expandirse sobre la Sierra Norte guanajuatense, que constituirá el Corazón Verde de Guanajuato hacia el futuro. El área que forma este espacio dedicado a compensar el deterioro sufrido por la agresiva industrialización y urbanización, no se limita a 3,900 hectárea de preservación ecológica, sino a muchas más, necesarias para ordenar sustentablemente el territorio que habitamos.

Recapacitemos, el Ejecutivo del estado, bastante ocupado estará con su interrelación con el nuevo entorno político nacional, para volver a abandonar Guanajuato, como sus antecesores, y permitir el incendio social que le acarrearía enormes costos a él y a su partido. El gobernador debe de serenar los ánimos del novel alcalde. Mientras esto sucede, los cuevanenses se aprestan a librar una nueva batalla desde La Bufa, no solo para proteger el honroso titulo que posee la ciudad como Patrimonio de la Humanidad, sino desde la perspectiva de sustentabilidad y de gobernanza urbana. Por lo pronto, como condición para este logro, se requiere la eliminación del sistema de gobierno-botín, que hasta ahora ha operado en el municipio, poniendo en riesgo el legado cultural, escénico y ahora medio ambiental de la zona. Poner un alto definitivo a políticos y empresarios insaciables, será la primera acción.

@carce55

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