LA ISLA AZUL

Carlos Arce Macías

Abruptamente, el estado de Guanajuato ha cambiado su condición política, de ser una entidad de tierra adentro, sin costas, situada en el mero centro del país,  se ha transformado en una ínsula, rodeada de un mar bermejo. La jornada electoral de hace tres semanas inundó territorios vecinos, circundando por todas partes a Guanajuato. Ahora queda esta nueva isla azul, sola y a la deriva, en busca de su destino.

Los señalamientos por el reciente resultado electoral no se han hecho esperar. Súbitamente los mexicanos han decidido entregar casi todo el poder a un solo personaje: Andrés Manuel López Obrador. Con varios gobiernos estatales, control legislativo sobre muchos estados y mayorías sólidas en el Congreso Federal, posee todos los instrumentos para hacer lo que le venga en gana.

La isla azul, frente a tales hechos, enfrenta una paradoja. En la reciente conformación de su gobierno, los guanajuatenses, le entregaron al panista Diego Sinhué Rodriguez, condiciones similares a las de López Obrador, para gobernar el estado. Sinhué controlará todo: la mayoría de los municipios, entre ellos los más importantes; el Congreso estatal, con una cómoda mayoría incondicional y con ello, incluso, al poder judicial. A su escala, posee más llaves políticas que el propio López Obrador.

Ante estas circunstancias, la diferencia entre ambos gobernantes radicará en el ejercicio gubernamental que postulen. ¿Para que les servirá las enormes facultades con que han sido dotados ambos políticos? La respuesta a esa cuestión signará el destino nacional y el de Guanajuato.

Y Mientras Andrés Manuel se apresta a iniciar la cuarta transformación del país, luego de la independencia, la reforma y la revolución ¡nada más!, los trazos del futuro gobierno que encabezará Sinhué no son claros ni han sido debidamente socializados. Por lo pronto, los guanajuatenses se encuentran atrapados en la continuidad. Solo parece haber dos problemas para la próxima administración: brindar cobertura al actual gobernador en su final trompicado y tenebroso y la violencia que vive el estado, que amenaza con cancelar el flujo de inversión extranjera que se ha establecido en la isla azul.

A diferencia de López Obrador, el monarca casi omnipotente que impera en esta zona insular, no posee una narrativa poderosa que aliente a sus súbditos a luchar por engrandecer sus territorios y corroborar que la decisión electoral fue la correcta. La promesa de una continuidad anodina, solo acelerará la absorción de la isla por la enorme marea marrón que la circunda. Hacer lo mismo menos mal, como apuesta gubernamental, no dotará al aparato gobernante del ímpetu requerido para sobrevivir la aduana electoral próxima.

El gobernador electo está atrapado. O toma por asalto el gobierno en una acción transformadora, o se ahogará dentro de poco, junto con sus seguidores, en las marismas de la mediocridad. Mantenerse en el poder, luego de ejercerlo por 33 años consecutivos, será una labor harto compleja, después del quiebre político de la magnitud del ocurrido el primero de julio. Todos los momios estarán en contra de las probabilidades de que el PAN logre retener por más tiempo Guanajuato. No tiene lógica ni esperanza un gobierno inercial bajo esas oscuras predicciones.

Al gobierno panista de Guanajuato, no le queda más salida que abandonar la monarquía sexenal que ha construido desde hace 12 años, para transformarse en una nueva y enjundiosa república proclive al método democrático, que sería el contraste con la acumulación de poder unipersonal de López Obrador. El referente histórico no puede ser mas claro: la Atenas heroica frente a Jerjes, el conductor del imperio persa. El reino poderoso y casi omnipotente, contra los ciudadanos que gozan de libertades y que están dispuestos a defenderlas, bajo una tutela democrática. Se trata de construir un gobierno ciudadano vibrante, en substitución de la burocracia  partidista y rentista que ha operado hasta ahora.

Revertir el deterioro que ha sufrido el estado durante la última docena de años, no será fácil. Necesita con premura apostar por la ciudadanía y su participación en los asuntos públicos; desatar el lastre burocrático que impide la navegación gubernamental a mayor velocidad, dejando atrás la corrupción y el montón de intereses inconfesables que esconde por doquier. Hay que permitir el acceso de los ciudadanos a los puestos de mayor responsabilidad en el gobierno, acabando con la distribución condicionada por los apoyos electoreros. Los miembros del PAN, que pertenecen al partido pero no practican los ideales panistas, son los usufructuarios de esas posiciones en el gobierno. Es el momento de ceder el paso a una marea ciudadana con mayores méritos y virtudes. Urge oxigenar el tóxico ambiente gubernamental y elevar substancialmente su calidad, en tanto el gobierno morenista da pasos acelerados para empobrecer su administración. Otro punto de diferencia entre ambos que se debería destacar.

El primer pronóstico de lo que le espera a Guanajuato estará sujeto a las designaciones del próximo gabinete. Los mensajes serán procesados rápidamente por la sociedad. La continuidad, insistimos, no presentará esperanza alguna. Los mismos hombres en diferentes puestos, los manidos métodos, el discurso gastado, la promesa cumplida a medias, la uniformidad política, y sobre todo y todos, la violencia brutal que acosa a los habitantes del islote. Una inservible administración pasmada.

El nuevo gobernante esta solo. Los consejos al ungido, usualmente proceden de grupos de interés que protegen canonjías y reclaman el botín electoral. Desde la soledad de su isla deberá decidir entre ser un gobernante audaz y transformador, impulsor de cambios trascendentes acompañado por una sociedad abierta y participativa, o bien permanecer atrincherado en una Atlántida que desaparecerá en breve, engullida por el potente mar que la circunda. Duro reto para un joven político, atrapado hoy, por los compromisos con su designante.

@carce55

1 comentario en “LA ISLA AZUL

  1. Visto así como lo presentas, pareciera que uno y otro no tienen salidas, pero para eso existen leyes federales y también estatales a las que se tienen que apegar ambos, uno para sacar a la isla llamada Guanajuato y el otro que es la mar al qué haces alusión que es el País llamado México. Pero si existe cordura y comprensión, respeto, ambos pueden continuar con sus proyectos para sus partidos y no ver la forma catastrófica como la presentas en tu artículo.

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