Prensa Libre

 

Carlos Arce Macías

No podía llegar de manera más oportuna a la cartelera cinematográfica en México, el estreno de la extraordinaria película de Steven Spielberg, “The Post”. La cinta, en cuyo rol principal aparece nada menos que Merly Streep, narra los momentos críticos, cuando corría el año 1970, en que la dueña del Washington Post, debe de decidir la publicación de un estudio sobre la guerra de Vietnam, que predecía la derrota estadounidense. Unos años después, en 1972, los reporteros del mismo diario,  Bob Woodward y Carl Berstein, destaparon el escándalo del espionaje sobre la campaña demócrata, dirigida desde la Casa Blanca, que provocó la renuncia del presidente Richard Nixon. Este hecho se plasma en otra gran película de 1976, dirigida por Alan J. Pakula: “Todos los Hombres del Presidente”, protagonizada por Dustin Hoffman y Robert Redford, y ganadora de 4 oscares.

La saga del enfrentamiento entre la prensa y el poder, ha otorgado la victoria a los medios, que a través de un periodismo de investigación muy agresivo, han hecho caer a alcaldes corruptos y políticos deshonestos a todo lo largo de los Estados Unidos. La denuncia periodística, recuperada por las fiscalías autónomas, han contribuido a preservar la calidad de la clase política norteamericana. Ningún postulante, se salva de una minuciosa investigación periodística a nivel local, estatal o nacional, según el puesto.

Y es que la prensa y los medios digitales forman parte del sistema político, y utilizados de forma virtuosa, contribuyen a que la democracia se sostenga, manteniendo a los políticos acotados, e incluso, asustados y estresados, por la constante e inquisitiva mirada de medios orgullosos de sus revelaciones.

Pero en nuestro país sucede exactamente lo contrario. El mundo al revés. Por lo general, los medios no son negocio y su supervivencia requiere de la inyección de dinero público. Por eso dedican gran parte de sus afanes a chantajear al político medroso que, consciente de la larga cola que porta, acuerda pagos generosos que garanticen el silencio que requiere su impunidad. Se establece un pacto pernicioso que contribuye a proporcionar una cobertura a grandes redes de corrupción gubernamental, como la recién descubierta en Chihuahua.

En el estado norteño, se configuro una alianza del gobierno de César Duarte con los medios de comunicación, que les entregó 1,150 millones de pesos al año. Había generosos pagos directos a los reporteros que cubrían la fuente de gubernatura y onerosos convenios de publicidad con las principales cadenas televisivas, periódicos, páginas electrónicas, estaciones de radio y pasquines. Gastó la administración diez veces más en medios, que en apoyo y atención a los depauperados pueblos indígenas. Una vergüenza.

Es por eso que uno de los datos fundamentales para ubicar redes de corrupción,  se manifiesta en el comportamiento de los medios de comunicación. Si estos son apoyadores incondicionales del gobierno en turno, y su tono laudatorio al ejecutivo resulta empalagosamente sospechoso, nos encontramos ante la operación de cobertura mediática de un gobierno que requiere acallar a la prensa, a fin de que no sean revelados sus escándalos de corrupción. El silencio de los medios es imprescindible para expoliar los presupuestos públicos con total impunidad. Así prospera el embute a los periodistas, y las costosas campañas publicitarias cobradas como “tarifa política” a los gobiernos corruptos.

Una administración  gubernamental que no transparenta sus gastos de comunicación social, exhibe síntomas de acciones criminales a escala de red organizada. Los gobiernos que combaten a la corrupción, comienzan por prohijar una prensa libre, que pueda mantener una dirección editorial sin ataduras, glorificando al periodismo responsable y de denuncia, comprometido con los ciudadanos, no con el gobierno manirroto que ofrece dádivas a cambio de silencio.

Hace algunos meses, los gobernadores de filiación panista, se comprometieron a transparentar sus gastos de comunicación social. El estado de Chihuahua puso manos a la obra. Especificó cada campaña y contrato de publicidad, informando puntualmente el monto de gasto. En un año, ahorró 900 millones de pesos por ese solo concepto. Los demás gobernadores, solo han informado de manera parcial sobre este rubro, imposibilitando las comparaciones, cruces de información y minería de datos. Incluso han encontrado, por intermediación de empresas fantasma, la posibilidad de pagar a medios consentidos, montos mayores a los publicitados, simulando supuestos servicios de “generación de contenidos”. Una estafa más.

Es por eso, al vivir una historia de convicción personal, de valentía, de ceñimiento a los valores de una profesión, que se disfruta la historia cinematográfica narrada en “The Post”: el enfrentamiento entre el periodismo libre y el presidente más poderoso del mundo. La tensión y el cálculo de las reacciones, el costo-beneficio de cada jugada, la pasión de los reporteros, y la determinación de una propietaria, que por su sexo, había sido discriminada por su familia para ocupar la dirección del diario, configuran una gran película. Por lo menos nos queda la certeza de que en nuestro país existen una docena de periódicos que apuestan por su libertad, como en Washington el “Post”.

Seamos claridosos. Sin prensa libre no hay democracia. Con prensa silenciada, hay corrupción y mal gobierno. Con prensa pagada por callar, se fomenta la competencia desleal entre medios de comunicación. De esa manera, solo ganan los perversos, los diarios de consigna. Los aliados de los corruptos.

Columna dominical publicada en AM LEÓN 11/02/2018.

@carce55

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