SODOMA Y GOMORRA, mito con consecuencias

SODOMA Y GOMORRA

Carlos Arce Macías

En el Génesis capítulo 19, esta asentado el relato bíblico referente a la destrucción de las ciudades de Sodoma y Gomorra, directamente llevada a cabo por Yahvé. Indignado el dios judío, por el mal comportamiento de los habitantes de esas ciudades, y motivado por sus esparcidas inclinaciones hacia la homosexualidad, ese par de comunas, fueron abrazadas por fuego y azufre hasta ser consumidas totalmente. El dios estaba enojado. Solo Lot, sobrino de Abraham se salvó junto con sus dos hijas, ya que su mujer, desoyendo las instrucciones angelicales, en la huida volteó a ver el cataclismo y se convirtió en estatua de sal.

Aún cuando hay otras referencias de las escrituras sobre el “abominable” pecado de la homosexualidad (Levítico 18:22), el castigo ejemplar sobre esos dos pueblos, constituye el mito fundacional de la condena de varias religiones en contra de las preferencias sexuales por miembros del mismo género.

Repasando las diversas religiones, se puede verificar la sanción brutal desde el judaísmo, el cristianismo, salvo ciertas excepciones, y por supuesto, el Islam, en contra de la homosexualidad. Las nuevas religiones, como la cienciología, encasillan la opción gay como un trastorno que puede ser curado mediante las prácticas de interrogatorio en las cuales se basa esa religión.

Estas referencia contenida en la Biblia, luego trasmitida en los colegios, por los padres, el entorno familiar y las diversas prácticas religiosas, han interiorizado en enormes estratos de la sociedad, la reprobación del sexo con individuos del mismo género. La persecución, el asesinato, el acoso y la segregación de aquellos miembros de la sociedad con preferencias homosexuales, se ha registrado a lo largo de la historia por doquier. El salvajismo con el que se ha aplicado castigo a los diferentes, en materia de preferencia sexual, debería de horrorizarnos, y obligarnos a reconocer la ceguera y brutalidad con que se ha procedido en esos casos.

Y lo que más llama la atención, es que prácticamente todo, devenga de una historia bíblica, que es una mera fantasía. La gran mayoría de los exégetas bíblicos concuerdan que el texto sagrado de diversas religiones, debe de interpretarse y no tomarse de forma literal, en diversos pasajes, como el que nos ocupa.

¿Quién puede creer, en sus cinco sentidos, una historia tan fantástica como la narrada en el Génesis? Fuego celestial, ángeles anunciantes de desastres, estatuas de sal, azufre y páramo producidos por la personalidad iracunda de una divinidad brutal, comparable con otros dioses feroces de civilizaciones del medio oriente.

Tal parece, que las verdaderas intenciones de la narración, era evitar la participación del pueblo judío, en las adoraciones paganas de las festividades primaverales de conmemoración a la fertilidad, procreación y al placer sexual, que incluían el sexo sin límite a las preferencias de los participantes. La gran idea, fue convertir todas estas costumbres en pecado, y sancionarlas drásticamente.

El sexo en Grecia y Roma, abarcaba relaciones homosexuales de manera normal. Los dioses del placer pululaban por el Olimpo. Los griegos, por ejemplo, iniciaban en la sexualidad a los núbiles jóvenes, sosteniendo relaciones con hombres maduros, independientemente de sus preferencias sexuales.

La Biblia, contiene historias increíbles y extraordinarias, que responden a su tiempo, entre el 900 y 700 A.C., pero que no pueden ser referenciadas como bases para proceder jurídica y políticamente en sociedades abiertas y respetuosas de los derechos humanos, en pleno siglo XXI.

Llamo a reflexionar, independientemente de la religión que se profese en la superstición y fanatismo creado por un mito bíblico, utilizado por una sociedad antigua, ubicada en el medio oriente, para enfrentar religiones paganas. No es posible tomarlo en serio y proceder a introducir el enfrentamiento y la violencia en una sociedad de suyo plural.

Finalmente, la ciencia ha podido explicar con toda precisión el complejo suceso de la conformación del sexo y la preferencia sexual, como una circunstancia natural, que no puede ser controlada a voluntad. Continuar con la locura que significa escarmentar y perseguir a las minorías que asumen opciones sexuales diversas a las del grueso de la sociedad, es el verdadero pecado de cualquier creyente. Debemos parar esta sinrazón.

Twitter: @carce55

Editorial publicado en AM León, el 11 de septiembre de 2016.

 

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