DIAGNÓSTICO para Don Porfirio

DIAGNÓSTICO PARA DON PORFIRIO

Carlos Arce Macías

Amanecía el siglo XX, cuando el viejo dictador mexicano, Don Porfirio Díaz, no se sentía cómodo apoltronado en la silla presidencial. Luego de 30 años en el poder mediante 3 interinatos y 6 períodos ininterrumpidos en la presidencia de la República; en el verano de 1906 estaba inquieto por los movimientos oposicionistas que empezaban a surgir en México. Requería con prontitud un diagnóstico de la situación.

Rafael de Zayas Enríquez, era un culto veracruzano, que había vivido en Estados Unidos y Europa, estando una temporada en Alemania, asentándose posteriormente en Barcelona, en donde se movió dentro de los círculos intelectuales catalanes. A su regreso al país, en 1868, ganó el respeto de los grandes liberales de la época como Ignacio Ramírez, Guillermo Prieto, Justo Sierra e Ignacio Manuel Altamirano. En 1872 viaja a Lima, donde se casa, regresando a Veracruz en 1873 para publicar una revista literaria, en la que colaboraba el poeta Salvador Díaz Mirón, que luego se convirtió en un instrumento de propaganda de la candidatura de Porfirio Díaz. Acabó encarcelado en Campeche, pero a partir del triunfo de Plan de Tuxtepec, su suerte cambió. En 1903 fue nombrado cónsul de México en San Francisco, puesto que dejó en 1904. En 1906 fue llamado por el presidente Díaz para que preparara un informe confidencial sobre las condiciones políticas del país. El historiador Antonio Saborit, nos proporciona parte del texto escrito por Zayas a Porfirio Díaz:

En casi todos los estados del país reina el descontento, el que emana de la perdurabilidad de algunos gobernadores de los estados y del grupo que rodea a cada uno de ellos, lo que mata las aspiraciones legítimas de los demás ciudadanos, que se creen con derecho a tomar participación directa en la gestión de la cosa pública, ya para realizar ideales preconcebidos, ya para satisfacer ambiciones de poder, ya, en fin, para contentar su vanidad. Y los que no tienen tales aspiraciones, al menos desean el cambio, creyendo que lo que venga después será mejor que lo que ya tienen.

Si al presidente Díaz se le hace algún cargo, es únicamente el de mantener en sus puestos a hombres que se condena por inútiles y, a algunos, hasta por nocivos; llegando a decir que nuestra sociedad está dividida en dos castas: la una privilegiada, dirigente, sagrada, para la que son el poder, las prebendas, los negocios, los títulos y los honores; y la otra carne de cuartel, materia prima para el industrialismo, estancada, esclavizada, sin esperanzas ni porvenir, a la que toca la faena, la miseria y las penalidades.

Encuentro:

*  cansancio, por la inmovilidad de muchos de los funcionarios y empleados;

*  irritación, originada por abusos de algunos o de muchos de ellos;

*  impaciencia, de parte de los que se creen con derecho a ocupar altos puestos públicos y cifran todas sus esperanzas en un cambio, siquiera sea parcial;

*  odio, hacia cierto círculo político que ha sido y es considerado, con razón o sin ella, como adueñado del país y director exclusivo de los negocios públicos, que tiene acaparados los negocios pingües, y aparece como la espada de Breno,(líder galo que tomó Roma, y que al solicitar rescate, puso su espada sobre la balanza para incrementar el pago) inclinando el platillo de la balanza en que cae; y

*  queja, contra las autoridades, porque poco o nada se preocupan del pueblo, sino que cada cual piensa sólo en enriquecerse y en enriquecer a sus favoritos.

Noto que hay fermentación abajo y alarma arriba. Esto sólo puede conjurarse por la acción enérgica y patriótica de quien
se encuentra en el vértice de la pirámide social. Por usted señor Presidente.

La única manera de combatir y de destruir la idea revolucionaria, es demostrar el error de su origen, como he tenido la honra de exponer a usted en otra ocasión. Pero cuando ya la idea está tan avanzada que raya en hecho, o ha empezado a convertirse en hecho, la única manerade dominar la revolución es encabezarla.

Si Luis XVI hubiese conocido esta verdad y hubiese sabido llevarla a la práctica, la Gran Revolución Francesa sería hoy conocida en la historia con el nombre de “La Gran Evolución” (*).

Así, en 1906, el general Díaz, contaba con un diagnóstico preciso, que predecía el estallido de la revolución. No hizo caso, apostó por mantener a su grupo político, y todos acabaron en el precipicio, hundiendo a México en la violencia.

Llamo la atención, en que cualquier parecido entre el ambiente social y político que se vive en estos momentos en el país, con el analizado por Rafael de Zayas, en los albores del siglo XX, es pura coincidencia.

(*) Modifiqué un par de proposiciones, así como la puntuación de algunas frases y la organización de los párrafos para lograr mayor claridad, cuidando siempre no alterar el sentido de las oraciones.

Artículo publicado en AM León el domingo 7 de agosto de 2016.

Twitter: @carce55

 

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