UN COCTEL, UN ASALTO Y UNA IDEA

UN COCTEL,UN ASALTO Y UNA IDEA

Carlos Arce Macías

Hace diez días me encontraba en Silao, en la famosa marisquería de Reyes, en donde se manufacturan los mejores cocteles de camarón y pulpo del mundo. Es curioso que sea en una ciudad ubicada a 1500 metros sobre el nivel del mar, donde suceda esta especie de milagro gastronómico al que los guanajuatenses nos hemos acostumbrado. Una visita a Reyes, es pues una parada obligada para cumplir con un buen anfitrionazgo, cuando me visitan amigos queridos e inteligentes, que no sean alérgicos a los mariscos y que posean un sentido del gusto digno de tales placeres.

Ese fue el caso de mi querido Enrique Garza, un destacado académico del CIDE, que se encontraba en Guanajuato atendiendo una cita con una dependencia del gobierno estatal. Una vez finiquitado el compromiso profesional, decidí revelarle el más preciado de los secretos gastronómicos silaoenses a mi docto colega.

Y pues ahí nos encontrábamos, el jueves 26 de mayo, a eso de las dos y media de la tarde, en el interior del establecimiento, saboreando al armónica mezcla de pulpo bien pelado, camarón, salsa de tomate en su punto ideal de acidez, chile serrano bien picado, aguacate, cebolla, cilantro y unas suculentas gotas de aceite de oliva, todo bien mezclado y preparado en las medidas correctas por el propio Reyes, cuando de pronto…

Sentí el movimiento inesperado de personas que entraban al local, un joven nervioso hablando a gritos con el dueño del establecimiento, una mujer afirmando: ¡lo vi todo, lo vi todo! No entro en mas detalles, afuera del local habían asaltado, a plena luz del día, a alguien que acababa de hacer un retiro del banco. Dos camionetas lo venían siguiendo, y de ella se apearon unos tipos empistolados que, luego de lanzar un par de tiros al aire, le requirieron la entrega del dinero al sorprendido ciudadano. En un par de minutos, el robo a mano armada, había terminado con éxito, y los delincuentes huían en sus camionetas rumbo a Guanajuato Capital.

Los parroquianos que poblábamos el restaurante, nos tranquilizamos, todo había concluido, y aún quedaba la mitad del coctel por terminar. Eso nos llevo al doctor Garza y a mi a continuar nuestra comida, aunque el tema de la plática pasó de los problemas que presenta la ingeniería moderna, al problema de la delincuencia, específicamente su incremento en el área del Bajío, impactada por bandas profesionales de delincuentes, como la que acababa de visitarnos.

Mi amigo es un ingeniero industrial, con doctorado en Sistemas Económicos e Investigación de Operaciones, en la famosa Universidad de Stanford, en Estados Unidos. La investigación de operaciones, es una disciplina de origen militar. Se dice que comenzó con el sitio de Siracusa, en el 214 A.C., cuando los romanos asolaron la ciudad griega, defendida con la ayuda del gran científico Arquímides, que diseñó armas para la protección de la polis.

La utilización de científicos para analizar operaciones bélicas, fue utilizada al máximo durante la II Guerra Mundial. Por ejemplo del análisis del movimiento de submarinos, y las capacidades de estos para sumergirse velozmente, se llegó a la conclusión de que las cargas de profundidad, programadas para explotar a 30 metros, en realidad deberían ser reprogramadas para 7 metros. La efectividad creció el 700% y la fuerza de submarinos nazis fue destruida con más facilidad.

Si bien la disciplina continua en plena expansión en el área militar, es aplicable a situaciones de todo tipo. Consiste en analizar problemas de operación de cualquier índole, y optimizar estos sistemas a través de modelos matemáticos, para obtener un funcionamiento óptimo. Eso es lo que hace Enrique.

-Mmmm… – se quedó meditando el doctor Garza- para atemperar la incidencia delictiva, se podría modelar un sistema de optimización de patrullaje policiaco.

-¿Cómo se hace eso? – le pregunté.

-Si tenemos la información suficiente, se pueden hacer los cálculo matemáticos necesarios y obtener los algoritmos indicados. Es parecido a la operación de Uber, solo que en lugar de clientes, son delincuentes.

La idea no es mala, las matemáticas aplicadas, y la ingeniería, que es la ciencia dedicada a resolver problemas, pueden ayudar a combatir la lacra de la delincuencia y permitir que la gente coma sin sobresaltos un buen coctel en Reyes.

Twitter: @carce55

 

 

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