TALIÓN,venganza o racionalidad

TALIÓN

Carlos Arce Macías

“Ojo por ojo, diente por diente”

 La Ley del Talión es aquella que aplica penas iguales a aquéllas que se han inferido a alguien. Si una persona te ha quebrado un brazo, la ley del talión consiste en quebrárselo también al agresor.

Hammurabi, rey de Babilonia en el 1728 A.C., fue un creador de leyes, que fueron codificadas y publicitadas en las plazas públicas de todo reino a través de monolitos gravados denominados estelas. En el museo del Louvre en París, se puede admirar la Estela de Hammurabi, plagada de inscripciones acadias (lenguaje babilónico) que es la referencia de normas jurídicas más antigua de la historia. Ahí se encuentra el antecedente mas lejano la Ley del Talión, en donde se establecen penas iguales por las lesiones inferidas.

¿Qué es lo que sucede en nuestro interior para decretar penas tan severas? Lo que pasa, es que cerebro humano reacciona de forma exacerbada frente al miedo. Su zona más arcaica, es el denominado cerebro reptiliano, que contiene las claves del instinto de conservación básico, donde se procesa el temor. Ahí se desarrollan los reflejos de ira y coraje, y por supuesto, la respuesta agresiva en contra de atacantes. Es el crisol de las reacciones más elementales que se manifiestan en la conducta humana.

Las emociones, por su parte, radican en otra área, el llamado cerebro límbico, más evolucionado que el anterior. Ahí se producen emociones como la tristeza o la inseguridad. En la interacción cerebral entre la parte reptiliana y la límbica, tienen su génesis reacciones como la furia y la venganza. De esta mezcla de instintos y emociones, surge la Ley del Talión, como una reacción primitiva ante algún tipo de ataque.

La mujer agredida, el padre agraviado, el vecino robado, en todos esos casos, la víctima clama por venganza y castigo. La Ley del Talión fue la respuesta inicial para sancionar el delito. La Sharia, el conjunto de leyes islámicas, aún vigentes en varias naciones, son un ejemplo de la utilización de penas corporales como azotes, lapidación y corte de diversos miembros del cuerpo. Es explicable. Ese sistema responde a la reacción cerebral instintiva, provocada por el miedo, el dolor y la indignación, que nos lleva a clamar por castigos exagerados para los inculpados.

Proponer acciones que respondan al instinto y la emoción, son muy efectivas para ganar el favor de los ciudadanos indignados y atemorizados. También es una táctica muy efectiva para ganar seguidores.

Solo así se explica la propuesta gubernamental, frente al aumento de la inseguridad, para elevar las penas, bajar la edad para el castigo (16 años), intentar neutralizar las fianzas para obtener la libertad, imponer la persecución de oficio para ciertos delitos, etc. Se trata de iniciativas que apuestan por la severidad contra los infractores de las normas básicas de convivencia, permitiendo que prevalezca la parte más primitiva de nuestro cerebro, para idear los medios que resuelvan el problema. La descarga de adrenalina está garantizada, así como la satisfacción inmediata y arcaica de una ciudadanía vengativa .

3400 años después de Hammurabi y sus métodos salvajes de castigo, en pleno Siglo de las Luces, el insigne penalista italiano Cesare Bonesana, Marqués de Beccaria transforma completamente el derecho penal, partiendo de un análisis sistémico de la situación, proponiendo la racionalización de las penas y prohibiendo los castigos infamantes, así como la pena de muerte. Sugiere la cárcel como castigo, pero también como método de cambio del comportamiento del reo.

Seguramente en la mente del gran penalista, su parte más evolucionada, la corteza cerebral, se impuso, para pensar el tema de los castigos, desde un encuadre racional e inteligente. Habrá pues que repensar el sistema penal y proponer mecanismos de reinserción social y educación de los presos, especialmente los jóvenes, cuya conducta puede modificarse con mayor eficacia. La mejor forma de combatir la delincuencia es evitar la impunidad. La substitución del “ojo por ojo”, por :“el que la hace, la paga”. La Ilustración, ese gran momento de la historia universal, llegó con Beccaria al derecho penal, estableciendo el racionalismo como principio.

Pensar que las penas deban de ser mas severas y largas, intentar eliminar beneficios constitucionales para los convictos y apostar por la rudeza carcelaria es una lúgubre, populista y vengativa política criminal. El paso que se debe de dar, es procesar de manera más sofisticada y racional el problema de la delincuencia y su regeneración social. Eso significa actuar bajo preceptos auténticamente humanistas. Debemos cuidarnos de una reforma penal en Guanajuato, que no este inspirada en la razón, y solo responda a instintos y emociones básicos. No en balde hemos evolucionado.

Twitter: @carce55

 

 

 

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s