NEUROCIENCIA, todo está en el cerebro

Y EL CEREBRO CREÓ AL HOMBRE

Carlos Arce Macías

Hanna y Antonio Damasio, son una pareja excepcional de científicos portugueses, ganadores en 2005, del premio “Príncipe de Asturias de Investigación Científica”. Hanna estudió neurología en la Universidad de Lisboa, y ha trabajado intensamente en la obtención de imágenes con tomografía axial computarizada y resonancia magnética nuclear. Dirige el “Centro Dornsife de Imagenología para la Neurociencia” de la Universidad del Sur de California.

Antonio, esposo de Hanna, es también neurólogo por la Universidad de Lisboa, y ha realizado trabajos sobre neurología del comportamiento. Es maestro de psicología, neurociencia y neurología en la Universidad del Sur de California, y dirige el “Instituto de Estudios Neurológicos de la Emoción y la Creatividad” del mismo centro universitario. Sus líneas de investigación son las emociones, la memoria, el lenguaje, la cognición y el movimiento. Es miembro de número de las academias de Artes y Ciencias, tanto estadounidense como europea. En sus más recientes investigaciones, se avoca a un tema novedoso: el neuro-psicoanálisis. También es un gran divulgador de la neurociencia, lanzando al mercado un libro de frontera: “Y el cerebro creo al hombre” (Ed. Planeta, México 2015). Su lectura es indispensable para entender el avance implacable de la ciencia, en relación con el cerebro. Los descubrimientos cierran discusiones legendarias, y abren nuevos cuestionamientos sobre el hombre y la vida.

Estudiar el cerebro había sido un reto monumental para los científicos. Otros órganos del cuerpo, podían estudiarse diseccionando cadáveres e inspeccionando los despojos. La anatomía se encargó de documentar puntualmente la descripción de cada componente del cuerpo. Pero un cerebro muerto, poco podía aportar al conocimiento científico. La fisiología nos proporcionó el conocimiento de las funcionalidades de los órganos, pero en el caso de la masa encefálica, casi no se podía avanzar. No ha sido sino hasta finales del siglo XX, cuando se han producido grandes avances en el desarrollo de la neurología, y posteriormente de la neurociencia en general. Los modernos aparatos de imagenología, como los que posee el sofisticado laboratorio de los doctores Damasio, pueden estudiar al cerebro vivo. Así registran intercomunicaciones, redes, actividades, puntos de excitación y alteración, permitiendo mapear e identificar su actividad. De pronto, el estudio de este órgano amplió inconmensurablemente las fronteras de la ciencia.

Partamos del hecho de que la evolución de la especie humana nos ha dotado, de tres tipos de cerebro dentro de nuestro espacio craneal: el reptiliano o primitivo, que controla los impulsos más básicos, como los de sobrevivencia; el intermedio o límbico, identificado con el de los mamíferos en general, que maneja y regula el subconsciente, las funciones del cuerpo y las emociones; y por último la parte superior del órgano, la llamada corteza cerebral o zona racional, propia del homo sapiens, que ejecuta las conexiones neuronales más complejas, en las que se produce la razón, y a partir de esta el avance científico. Este logro de nuestra especie, razón y ciencia, tienen una consecuencia: la desmitificación de creencias ancestrales, basadas en mapeos imprecisos y tergiversados de la realidad.

Los últimos descubrimientos a los que nos acerca el matrimonio Damasio, es al conocimiento de cómo el cerebro toma conciencia de sí mismo. Los millones de conexiones de neuronas de la corteza cerebral, escanean las regiones del tronco encefálico y el tálamo, estratos arcaicos del cerebro, encargados de que el cuerpo y sus órganos funcionen. De esa forma, el software cerebral, la mente, constata sus propias funciones y operaciones. Este automapeo, es lo que produce la sensación interna, de encontrarnos encapsulados en un cuerpo, aparentemente ajeno. Y lo único que está sucediendo es que nuestra corteza cerebral esta tomando “conciencia” de sus propias funciones y realiza su autobiografía. Es la manera, explica Damasio, como se produce el “yo”.

Considero que este fenómeno, documentado por la neurociencia, permite obtener nuevos ángulo de vista, a lo que antes se le nombraba como “alma” o ser. La conclusión es que todo esta en el cerebro, y que estas extrañas sensaciones no podían explicarse por las carencias de conocimiento del funcionamiento cerebral. Ahora, todo empieza a develarse.

La neurociencia, será un tema que debemos seguir con atención. El futuro cercano parece promisorio en cuanto a las explicaciones que nos brinde la experimentación en éste campo. Por lo pronto otros estudios reconocen como nuestro órgano superior, puede ejercitarse a través de la meditación. El escaneo a monjes budistas, así lo ha demostrado. Los mantras, no están de más, ni la lectura del apasionante libro de Antonio Damasio, que se recomienda.

@carce55

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