EL PAN DE LA CAÑADA

EL PAN DE LA CAÑADA
Carlos Arce Macías

Terminó la elección, y el panismo capitalino se encuentra consternado por los malos resultados obtenidos por su propuesta para gobernar a la capital del estado. Probablemente la repartición de culpas, sea la mejor forma de solventar la derrota del 7 de junio, sin proponerse hacer un análisis más profundo y concienzudo de la peligrosa situación que se enfrenta. Me atrevo a provocarlo, e incluso compartirlo con todos los ciudadanos interesados en el destino de su comunidad. Veamos.

El PAN capitalino, esta desengarzado de la sociedad a la que pretende gobernar. No convence porque no es un instrumento político en manos de los ciudadanos, sino al servicio de grupúsculos mezquinos, que fuerzan acuerdos internos para distribuirse 3 o 4 regidurías. Eso es todo. Como se comprenderá, con tan limitada visión, resulta mas que difícil convencer a los ciudadanos a asumir la causa panista.

Parte de esos grupos es el Yunque, formación ultraderechista, de tendencia confesional y secreta (aunque todos sabemos quienes son) que pretende establecer, en dónde logra gobernar, un Estado religioso, digno del medievo, y asesorado y orientado por el clero católico. Eso tampoco convence a ciudadanos del siglo XXI, que encuentran en la tolerancia de los matrimonios del mismo sexo, así como en los avanzados métodos de control natal, las posibilidades de vivir mejor, sin inquisiciones modernas que pretendan pastorear sus almas, e imponer sus creencias religiosas a todo mundo. El PAN es una organización laica, respetuosa de las creencias personales, pero no sumisa a ellas. Es un espacio para todos, y no solo para creyentes.

Otros territorios del partido azul, en el ámbito local, están ocupados por “liderazgos” de antiguos y nuevos candidatos, que nuclearon en torno a ellos a un reducido número de militantes, a los cuales presumen controlar, y con esos votos exigen posiciones en la dirigencia municipal, las planillas y todas las demás candidaturas en juego. La falta de generosidad de estos agrupamientos ha sido legendaria y resulta vergonzosa para una organización inspirada en el logro del bien común. Imponen el interés privado, sobre los ideales y las estrategias de triunfo del propio partido.

Entre todos estos obtusos actores del juego de poder interno del PAN, han logrado construir tan solo fracasos colectivos y bienes particulares para unos cuantos militantes ambiciosos. Así no se hace política seria, solo se erigen relaciones corruptas desde el poder, que avergüenzan, como, en algunos casos, la negociación de cuestiones particulares en el Ayuntamiento. No dan para más.

El ejemplo de lo que se puede lograr eliminando a los malos cuadros partidistas, y abriendo las puertas de la organización política a los ciudadanos, lo tenemos hoy en las narices: un ex militante panistas, con carta abierta para invitar ciudadanos con liderazgo social, conformó una planilla muy interesante, que arrebató al PAN una gran cantidad de votos.

Espero equivocarme, pero no tengo la menor esperanza de que Acción Nacional contribuya a hacer un buen gobierno en el próximo Ayuntamiento. Para empezar, logra posicionar a uno de los peores ex servidores públicos del anterior sexenio dentro del propio Cabildo, como exigencia de la ultraderecha a la que pertenece, para ocupar una regiduría. Experto en asignaciones y licitaciones de obra pública, seguramente encontrará un lugar adecuado en la comisión respectiva del Ayuntamiento, para aplicar su nefasta experiencia. Malo, muy malo.

El PAN capitalino, a diferencia del de León, que supo leer sus equívocos en otras elecciones y conformar una planilla con fuerte componente ciudadano, constituida con personajes de alto prestigio moral; se entercó en reducirse a las expresiones egoístas e interesadas de su cúpula interna, manteniendo su propuesta de planilla como un claustro endogámico, reticente a cualquier oxigenación ciudadana, proveniente del exterior. Solo ellos y sus intereses.

La derrota cayó otra vez a plenitud. Solo queda mirar hacia adelante y plantear un cambio radical de estrategia, basada en valores y apertura hacia la sociedad. Habrá que desconocer de inmediato a los miembros del Ayuntamiento que no se comporten en la línea de ataque frontal a la corrupción. Convertirse en intolerante y rudo crítico de las acciones opacas del gobierno que inicia, y exigir absoluta transparencia de gestión. Volcarse a establecer una comunicación constante, franca y clara con los ciudadanos. Abandonar posturas intransigentes, como la carta que firmaron comprometiéndose a una agenda abiertamente retardataria, para asumir el interés de la comunidad, especialmente de la mujeres y los jóvenes, que no coinciden ni soportan esa clase de imposiciones basadas en la intolerancia religiosa. Una nueva agenda debe de construirse. Ese es el camino, y hay que empezar pronto.

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