¿DIPUTADOS DISTRITALES O FEDERALES?

¿DIPUTADOS DISTRITALES O FEDERALES?

Carlos Arce Macías

 

¿Sabe usted que es un diputado federal y cuáles son sus funciones? Esto lo pregunto, porque el escándalo, fundado y cierto, del manejo discrecional de por lo menos una partida presupuestal federal, y las acusaciones de que se extorsiona a los alcaldes con el fin de que puedan contar con dineros extras del presupuesto, provoca que reflexionemos más sobre el diputado y su función.

 

La palabra diputado viene del latín “deputare”, que significa “el que reflexiona” o bien “el escogido”. Pero también procede del verbo castellano diputar, que significa “escogido o evaluado para representar”. El diputado pues, es aquélla persona que es evaluada, y en una democracia elegida para asumir la función de representarnos. Recordemos que México es una república representativa (Art. 40 de la Constitución).

 

Y resulta muy importante explicar, que de los 500 diputados federales, 300 son elegidos por distritos electorales, pero no representan a los ciudadanos de éstos, sino a la nación entera (art. 51 de la Constitución). Esta sutileza normalmente es ignorada. Todo mundo piensa que el diputado representa a su distrito, y que la representación nacional está fraccionada como si fuese un gran rompecabezas. Pero eso no es así. Hay que poner en claro que la representación de cada diputado es omnicomprensiva, esto es, que representa al todo y no a una parte. Y así debe de ser, porque de otra manera, estaríamos ante una perversa pugna de intereses particulares entre distritos, que desvirtúan la representación nacional.

 

Así, cuando los diputados federales actúan como distritales, la representación nacional naufraga en mezquindades, problemas y situaciones privativas de cada demarcación. Por eso, quién inventó el “Fondo de Pavimentación, Construcción de Espacios Deportivos y Alumbrado Público”, ahora con 10,000 millones de pesos, y lo ató a un anexo en el que se señala cuánto se destinará a cada uno de los municipios seleccionados, hace que los diputados abdiquen a su calidad federal, para circunscribirse solo a una representación provinciana, distrital pues.

 

Por otra parte, los  dineros de ese fondo deberían estar abiertos a los proyectos ejecutivos de cualquier municipio que cumpla con los requisitos técnicos, y no sujetos al arbitrio de un diputado “apoyador”. ¿Qué es eso? ¿A quién demonios se le ocurrió semejante engendro? Huele mal. Es más, maliciosamente podemos afirmar que estamos ante un mecanismo del gobierno para condicionar o comprar el voto de los diputados, y así lograr las importantes reformas por procesar.

 

Machaquemos pues, los diputados no son ejecutivos, ese es un trabajo a cargo del Presidente de la República, los Gobernadores y los Ayuntamientos. Si quieren pavimentar calles, administrar compras, concursos y licitaciones, reponer focos, levantar basura, hacer canchas deportivas, etc., pues que entonces se postulen para cargos ejecutivos y no legislativos.

 

Legislar no es un chiste. La función requiere conocimiento técnico, mucho sentido común y asesorarse de peritos en temas de alta especialidad. Los diputados también tienen a su cargo la fiscalización del Presupuesto Federal, y esa es una labor esencial para que nuestra democracia funcione bien.

 

Por eso, insisto, no debe de permitírseles las gestorías. Esa es una ilegal suplantación de la función ejecutiva, señalada por la propia Constitución para otras autoridades. También puede interpretarse como tráfico de influencias, promoviendo beneficios a favor de quiénes apoyen su carrera política. Dinero público para sostener proyectos políticos particulares. Tomen nota.

 

Lo peor de todo, es que ésta extraña y aberrante conducta de nuestros representantes, proclives más a la gestoría que a sus obligaciones legislativas, agrede a nuestra débil democracia, y cancela la verdadera función de representar bien a la Nación. Ese es el problema.

carlos.arce.macias@gmail.com

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DEUDA Artículo publicado en el AM de Guanajuato el 8/12/2013

DEUDA

Carlos Arce Macías

 

Mientras nuestros imaginativos senadores acaban con instituciones que funcionan y diseñan un órgano anticorrupción exactamente como los especialistas y grupos interesados en el tema, habían advertido que no debía hacerse; los diputados guanajuatenses encaran la petición del municipio de León para adquirir un importante endeudamiento que sumaría en total 2140 millones de pesos.

 

El asunto, presenta cuatro aristas interesantes, a saber:

 

La política.- Es la que más importa y mueve a nuestros políticos. Plantea dos ecuaciones clásicas: para el PRI más dinero para hacer más obra. Así, con el contrato de obra, si se involucra la mala práctica del diezmo con la complicidad de ciertos constructores, se puede juntar un buen cochinito electoral para comprar votos en las elecciones de 2015. Para el PAN, constreñir a su rival solo a los recursos normales, a fin de que la administración leonesa no disponga de excedentes. De esa forma, el municipio priísta podría languidecer, y en el 2015 la población constataría la mediocridad de su administración. Esos son los planteamientos. Electorerismo ramplón.

 

La técnica.- La racionalidad, algo muy lejano a los políticos, se debe imponer a través de la técnica, y neutralizar los despropósitos de la mala política. Existen metodologías probadas para evaluar la pertinencia de adquirir un crédito. Es algo que puede ser definido a través del análisis económico del caso. Por eso se debe privilegiar ésta vía, como lo ha asumido la diputada Karina Padilla, que ya planteó con claridad la problemática del endeudamiento para León: pasar de una deuda de cada leonés de $643 pesos a una de $1500 y convertirse en la tercera ciudad más endeudada de México. Y refirió las consideraciones de la calificadora Standard & Poor´s (S&P) sobre la deuda leonesa, en que advierte: “La perspectiva negativa refleja nuestra expectativa de que el desempeño presupuestal del Municipio continuaría presionado en 2014 y 2015, ante sus planes de inversión que, a su vez, incidirían en el incremento de su deuda en montos importantes. La calificación podría bajar si León reporta déficits después de gasto de inversión superiores al 10% de sus ingresos totales o si la deuda municipal supera el 50% de sus ingresos discrecionales.” (S&P Revisión de perspectiva de estable a negativa del municipio de León, 30 de octubre de 2013). De ésta forma, la calificadora internacional, que tiene a León con la mas alta calificación junto con Querétaro (mxAA), pone las bases para el análisis acucioso sobre la pertinencia de tomar el crédito.

 

La competitividad.- La adopción de mayores montos de deuda para el municipio y su área metropolitana, tendrán un efecto negativo en las mediciones de competitividad de la ciudad. La situación de León es incómoda, se encuentra en el lugar 24 del Índice de ciudades del CIDE. S&P respalda la razón: “una base económica relativamente limitada y que sigue concentrada en la industria del

cuero y el calzado”. Pero lo más delicado y peligroso es que San Luis, Querétaro y Aguascalientes son más competitivas.

 

La metrópoli.- Al aplicar en León una inversión muy importante, hay que cuidar a su contraparte metropolitana, Silao, a fin de no provocar una fuerte asimetría que impacte en el correcto desarrollo de la zona. León no debe tomar decisiones egoístas, es metrópoli y se beneficia del desempeño de su vecino súper industrializado. Deben coordinarse y tomar en cuenta la opinión de las autoridades silaoenses.

 

Endeudarse, significa gastarse ahora los ingresos futuros. Por eso hay que evitar caprichos de los interesados y privilegiar el análisis integral de competitividad urbana y financiera, serio e imparcial para aceptar, modificar o rechazar la oferta que propone Banobras. Sin eso no se puede decidir bien.

carlos.arce.macias@gmail.com

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Reflexión sobre el Federalismo. Eugenio Trueba

NOTA DEL DÍA.- Diciembre 9 de 2013.

 

La instauración definitiva del federalismo se obtuvo después de largas y cruentas luchas. Quedó plasmado en la Constitución de 57 y se confirmó en la del 17. Sirvió de modelo extra lógico, el norteamericano. Parecería que el sistema habría de tener en nuestro País plena realidad, pero no ha sido así. Ha chocado con otra realidad más fuerte, la de un centralismo practicado durante tres siglos de Virreinato, que marcó para siempre, como si se llevara en la sangre, el destino político del pueblo mexicano.

 

Obediente a esta condición consustancial, las normas que consagran el federalismo casi nunca se han observado en la práctica. Siempre se hacen a un lado. Todos los gobiernos, lejos de consolidarlo, lo suplantan, aunque la retórica oficial lo siga proclamando.

 

El avance en materia política electoral que nos ha acercado a la democracia, no obsta para que el centralismo permanezca y se fortalezca en materias tan esenciales como la hacendaria (los Estados y los Municipios viven de las “participaciones” del Centro); como la judicial (a través del juicio de amparo), como la agraria (a través del ejido), como los grandes monopolios (que el Centro se ha reservado), etc., etc.

 

Estamos viendo en estos momentos que la condición absorbente de este centralismo, se acentúa con base en nuevas reformas. Desparecerán los institutos electorales de los Estados para concentrar tan importantes atribuciones en un solo organismo nacional. Habrá también un solo Código de Procedimientos Penales para todas las entidades, lo que llevará a la necesidad de un solo Código Penal. En materia mercantil, hace tiempo que se maneja con leyes federales de nombre, pero de naturaleza central. El Municipio, base de la organización política nacional, sigue siendo una institución sin recursos propios. El grave problema de la seguridad ha quedado en manos de las fuerzas armadas federales. El camino hacia la federalización es en México un camino hacia la centralización. Al expanderse lo federal, engorda lo central.